Posteado por: Juan | abril 6, 2010

La evolución hace a Dios innecesario para explicar el mundo

Entrevista con Dr. Francisco J. Ayala

Luis Alfonso Gámez

“No hay ningún agujero en la teoría de la evolución. Está más comprobada que la teoría heliocéntrica”, dice Francisco J. Ayala por teléfono desde su despacho de la Universidad de California.

Usted está considerado uno de los más firmes opositores del creacionismo. ¿Qué le llevó a meterse en esa guerra?

-Cuando llegué a California desde Nueva York a mediados de los años 70, me di cuenta de que algunos colegios no enseñaban la evolución o la enseñaban camuflada con una especie de creacionismo, y eso no podía ser. Como dijo en 1973 mi maestro, el muy distinguido evolucionista T.G. Dobzhansky, “nada tiene sentido en la biología si no es a la luz de la evolución”, desde la neurobiología y la bacteriología hasta la medicina, pasando por el comportamiento humano. En aquella época, había un pequeño movimiento en California que quería que se enseñara en las escuelas la llamada ciencia de la Creación. Aquí no hay planes de estudios nacionales, sino que en muchos Estados son los distritos escolares los que deciden, más o menos, el currículo.

Estamos hablando de hace más de treinta años.

-Sí. Mi inmersión contra el creacionismo tuvo lugar en 1980, cuando ya era presidente de la Sociedad para el Estudio de la Evolución, la organización más grande del mundo dedicada a la evolución. Entonces, Arkansas aprobó una ley que requería que, si se enseñaba la teoría de la evolución, se diera el mismo tiempo en clase a la ciencia de la Creación. En el mundo científico, nadie había oído hablar de esa ciencia de la Creación, La ley del Estado la presentaba con seis afirmaciones tomadas del Génesis y, cuando se aprobó, organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos individuales, grupos religiosos, educadores y padres de alumnos la denunciaron ante los tribunales, y yo fui uno de los testigos expertos. Al final, el juez William Overton sentenció en 1982 que el creacionismo no es ciencia, sino religión, y, por consiguiente, no se puede enseñar en la escuela.

Pero eso sólo fue el principio, ¿no?

-Sí. La Academia Nacional de Ciencias (NAS) encargó a un comité de expertos la redacción de un documento que pudiera usarse en los tribunales en caso de que volviera a ocurrir algo parecido a lo de Arkansas. Lo escribí yo en su mayor parte, con aportaciones del físico Steven Weinberg y de un paleontólogo. Tras el fallo del juez Overton, trece Estados más -todos del Sur- preparaban leyes semejantes y se aprobó una en Luisiana. El juez encargado del caso dijo lo mismo que el de Arkansas, pero Luisiana apeló ante el Tribunal Supremo. Cuando llegó el juicio en 1986, la NAS presentó el documento preparado por mí como su posición oficial, y el Supremo dictaminó que la enseñanza de la ciencia de la Creación en la escuela va contra la Constitución porque no es ciencia, sino religión. Por eso, ya en los años 90, los creacionistas inventaron el diseño inteligente.

Evolución y religión

¿Cómo están las cosas ahora?

-La situación es curiosa. Hay un grupo muy activista, con dinero por detrás, que trata de hacer propaganda del diseño inteligente. En las escuelas no tienen éxito porque, cuando algún distrito decide introducirlo en el currículo, se recurre a la Justicia y terminan perdiendo. Ante eso, recurren a la propaganda para hacer creer a la gente de buena voluntad que la evolución es contraria a la religión y hay que desterrar aquélla. La mayoría de los creacionistas no están sólo en contra de la evolución, sino de la ciencia en general.

La ven como algo materialista, antirreligioso…

-Como algo materialista que quiere desterrar a Dios de la visión del mundo. Es un problema de educación. A alguien que estudia biología no hay que convencerle. Aquí, los estudiantes universitarios de primer año, aunque estudian la evolución en el colegio, vienen con algunos prejuicios. En California, hay unas iglesias enormes, con capacidad para 20.000 personas, con pastores muy populares que tienen programas de televisión, son muy buenos oradores y convencen a la gente de que la evolución es contraria a su religión. Normalmente, esos chiquitos de 17 años que vienen a la Universidad pensando que deben recelar de la evolución porque es contraria a la religión, al segundo o tercer año, abandonan la religión porque las pruebas les han convencido de la realidad de la evolución y, como les han metido en la cabeza de que es contraria a la religión, acaban rechazando ésta. Yo creo que eso no es bueno, y así se lo digo a los pastores, porque a mucha gente la religión le da apoyo psicológico.

Los creacionistas repiten una y otra vez que no hay pruebas de la evolución.

-El antievolucionismo está en la calle, pero no tiene ningún impacto en el mundo científico. No hay ningún agujero en la teoría de la evolución. Está más comprobada que la teoría heliocéntrica, que dice que la Tierra gira alrededor del Sol y no al revés, o que la teoría atómica, según la cual la materia está hecha de átomos. Sólo hay dos científicos que escriben a favor del diseño inteligenteMichael Behe, un bioquímico de la Universidad Lehigh que escribe falacias, y William Dembski, quien tiene formación matemática y dice que el cálculo de probabilidades hace que la evolución sea imposible sin un diseñador. Yo he escrito en algún sitio que no discuto con Dembski porque no existe.

¡Cómo!

-La probabilidad de que William Dembski exista es más pequeña todavía que la probabilidad de que exista una de las proteínas que él dice que son imposibles sin un diseñador. A lo largo de su vida, un hombre produce billones de espermatozoides, todos genéticamente distintos. Una mujer produce, por su parte, unos quinientos huevos durante su vida. La probabilidad de que el espermatozoide que diera lugar a Dembski fecundara el huevo que diera lugar a Dembski es un número muy pequeño, el equivalente uno entre varios billones -el espermatozoide Dembski- multiplicado por uno entre quinientos -el óvulo de Dembski-. Si retrocedes hasta sus abuelos, la probabilidad de que exista Dembski se convierte en uno dividido por un uno seguido de sesenta o setenta ceros, y va reduciéndose con cada generación. Así que Dembski no existe y, por tanto, no hay que perder tiempo discutiendo con él.

¿Cómo casa con la evolución la creencia en un dios que actúa históricamente, como el del Antiguo Testamento?

-El dios del Antiguo Testamento tiene muchos problemas. El Antiguo Testamento predica atributos del Creador que no son muy favorables. Se le presenta como un dios vengativo. Los valores espirituales de la Biblia y del Nuevo Testamento no son contrarios a la ciencia. La Biblia es contraria a la ciencia si uno la interpreta literalmente. Entonces, la Biblia se destruye a sí misma porque, por ejemplo, los capítulos primero y segundo del Génesis dan dos versiones contradictorias de la creación del hombre y la mujer. Pero, si uno la lee como un texto religioso, puede ver en ella la idea de que somos criaturas creadas por Dios y todos los seres humanos somos hermanos, hay que dejar a los obreros que descansen el séptimo día… ¿Cómo se mantiene entonces el dios presente en el mundo del que tú hablas? Ahí hay que recurrir a una explicación que hacen muchos teólogos y que se puede aplicar también al individuo. Los teólogos y los cristianos creen que Dios también está presente en el individuo. Eso no requiere negar que hemos sido concebidos en el vientre de nuestra madre a partir de una célula que se dividió en dos, en cuatro, en ocho… y acabó naciendo el bebé Luis Alfonso. Es posible hacer una afirmación religiosa a un nivel y otra científica a un nivel diferente. Hay algunos científicos, pocos de los que se ocupan de estas cosas, que niegan esa compatibilidad. Por ejemplo, mis buenos amigos el biólogo Richard Dawkins y el filósofo Daniel Dennett.

La hipótesis de Dios

“Después de Darwin, la hipótesis de un ser superior que ha diseñado el mundo deja de sostenerse. Si uno cree en Dios debe hacerlo por otros motivos, pero no porque lo necesite para explicar el mundo”, sostiene Richard Dawkins.

-En eso estoy de acuerdo con él. No se necesita la hipótesis de Dios para explicar el mundo. Hay personas que necesitan la hipótesis de Dios para tener una visión religiosa, dar sentido a su vida, tener esperanza y hacer la vida un poco más tolerable. Hace un año, Richard Dawkins y yo discutimos sobre esto en el Instituto Salk. Yo le dije: “¿Para qué quieres quitarle la esperanza al 80% ó 90% de los humanos que llevan una vida miserable y ven en la religión su único apoyo?”. Él me contestó que hay que empezar a educar a la Humanidad para que la gente gradualmente encuentre la justificación de su existencia y sus valores en la ciencia, y que espera que dentro de 50 años el género humano pueda vivir gobernado por los principios racionales de la ciencia. Le respondí: “Si crees que los 8.000 millones o 10.000 millones de personas que haya entonces van a aceptar los principios racionales de la ciencia para explicar su existencia, seguramente también crees en el Hada Madrina y en los Reyes Magos”. No sé por qué hay que esforzarse para que la gente que tiene necesidad de creer deje de creer. Hay muchos teólogos cristianos, judíos y musulmanes que aceptan la evolución y, además, creen que su teología se explica mejor con ella. Es una escuela que se llama teología del proceso.

La idea de que somos consecuencia de mutaciones azarosas y la selección natural actuando durante miles de millones de años -de que estamos aquí, pero podríamos no estar- no encaja con la presunción de las religiones de que el ser humano es el fin de la Creación. Meter a Dios en el escenario evolutivo parece sólo posible si se hace poniéndolo al principio de todo, echándolo todo a rodar…

-Eso es lo que se llama deísmo, la idea de que Dios crea el mundo y ya no vuelve a actuar. Los partidarios de la teología del proceso son teístas. Para ellos, Dios está presente en todo el mundo y siempre, que, en cierto sentido, da cuenta de todos los fenómenos naturales. A veces lo explican diciendo que Dios es la fundamentación del ser. Uno de los problemas a los que se enfrentan es la crueldad del mundo biológico, con el parásito de la malaria, por ejemplo; del geológico, con los terremotos y tsunamis como el que mató a cientos de miles de personas en 2004… Si estas cosas fueran resultado de la acción directa de Dios, entonces sería muy cruel, porque hay muchas máscrueldades en el mundo biológico que las que la gente conoce. Mi respuesta a eso, sin ser teólogo ni pretender pasar por tal, es que, aunque parezca muy cruel que un león viva matando cebras, las acciones del león por sí mismas no son crueles, porque la crueldad es un valor moral y sólo los seres humanos -y Dios si uno quiere creer en Dios- tenemos valores morales. Si el mundo lo ha diseñado Dios, Dios es cruel porque tiene valores morales; pero, si todo es el resultado de un proceso natural, la evolución, ahí no hay crueldad. Por eso digo yo que la teoría de la evolución no sólo fue un gran regalo de Charles Darwin a la ciencia, sino también a la religión.

Porque libera a la divinidad de haber hecho el mundo como es ahora y presenta la crueldad como consecuencia de un proceso natural ajeno a la acción directa de Dios.

-La objeción es: ¿no podía haber creado Dios un mundo en el que esas cosas crueles no pasaran. La respuesta es que sí, pero que sería un mundo bastante menos interesante. Los humanos cometemos crímenes. Dios podría haberno creadosin libre albedrío, sin libertad, y entonces no habría crímenes; pero seríamos robots. Los seres humanos hacemos cosas malas, pero también buenas. También podía haber creado un mundo biológico en el que nada cambiara y las especies no se dañaran unas a otras; pero no habría sido el mundo interesante y bello de la evolución. Y lo mismo se puede decir del mundo físico: ¿por qué hay terremotos, erupciones volcánicas, tsunamis…?, ¿por qué Dios no creó un mundo en el que esas cosas no pasaban? Porque un mundo en el que los procesos físicos crean planetas, estrellas y galaxias es mucho más interesante y bello que un mundo estático.

El rey destronado

-¿Cree que el rechazo de la teoría de la evolución 150 años después de su formulación es consecuencia de que acabó de destronarnos como Reyes de la Creación, de que Darwin concluyó el trabajo de Copérnico, que nos había echado del centro del Universo?

-Exactamente. Ésa es una de las razones centrales: la revolución darwiniana nos quitó del centro del mundo de la vida como la copernicana, que había quitado la Tierra del centro del Universo. Pero hay un paso más: la evolución hace a Dios innecesario. Explicaciones teológicas como las que yo daba antes suelen ser ad hoc. Y hay muchos creyentes de buena voluntad que temen que no sean válidas porque, si el mundo evoluciona por mecanismos naturales, Dios es innecesario. Yo creo que es una buena idea tratar de convencer a esa gente de buena voluntad que hay explicaciones religiosas válidas que, aunque no nos convenzan ni a ti ni a mí, hacen compatible la existencia de un mundo en evolución y de Dios.

Pero todavía hay sectores fundamentalistas de la Iglesia católica que consideran a Charles Darwin un enemigo y su teoría, un producto del ateísmo.

-La Iglesia católica, al menos aquí, en Estados Unidos, es la que tal vez está más abierta de manera pública a la evolución. Durante muchos años, yo daba en la Universidad de California la introducción a la biología a los estudiantes que venían del colegio y empezaba por la evolución, porque la biología sólo se puede explicar a partir de ella. Muchos de los quinientos muchachos de clase venían después a decirme que iban a responder en los exámenes lo que yo quería, pero que ellos no creían en la evolución porque eran cristianos, luteranos, metodistas o lo que fueran. De vez en cuando, venía alguno que decía que era católico y yo le animaba a que el domingo siguiente hablara con el cura después de misa y le preguntara si es posible ser católico y admitir la evolución. Me miraba con escepticismo y, a la semana siguiente, venía contento diciéndome que el cura le había dicho que sí, que es posible. Aquí, los sacerdotes católicos están relativamente bien educados. Saben, por ejemplo, que Juan Pablo II dijo, en repetidas ocasiones, que la evolución era compatible con el cristianismo. En otras iglesias lo saben menos, porque carecen de la formación en filosofía y teología propia de los sacerdotes católicos. Los televangelistas, por ejemplo, no tienen ninguna formación teológica. Son grandes oradores, muy convincentes, pero nada más.

El diseño inteligente presupone que estamos demasiado bien hechos como para ser fruto de mutaciones azarosas y de la selección natural. Sin embargo, como suele decirse irónicamente, hasta un urbanista humano consideraría un disparate colocar un vertedero (la cloaca) junto a un parque de atracciones (los genitales).

-Si estudias al detalle el organismo humano, no hay nada que esté bien diseñado. Un ejemplo menos dramático: nuestra mandíbula no es suficientemente grande para todos los dientes y, por eso, nos tienen que sacar la muela del juicio y, frecuentemente, enderezar las otras piezas. Un ingeniero que hubiera diseñado la mandíbula humana habría sido despedido al día siguiente. Y lo mismo pasa con el resto. Nuestro ojo tiene un punto ciego porque el nervio se forma dentro de él, y no por fuera. Los calamares y los pulpos tienen un ojo complejo, muy parecido al nuestro, pero sin el punto ciego, porque el nervio se forma por fuera de la retina, lo cual demuestra, evidentemente, que Dios quiere a los pulpos y los calamares mucho más que a nosotros.

El diseño inteligente fue formulado a principios del siglo XIX por el teólogo inglés William Paley. Según él, la complejidad de la vida sólo puede explicarse como la obra de un diseñador.

-Ya existía antes, pero Paley, que era muy buen biólogo, lo formuló con más detalle y conocimientos biológicos que ninguno de sus actuales defensores. Paley era un hombre inteligente. Si hubiera sabido de las teorías de Darwin, estoy seguro de que las hubiera aceptado. Los creacionistas de ahora son gente de mente pequeña.

El creacionismo es en Estados Unidos un problema de tal calibre que es combatido abiertamente por la Academia Nacional de Ciencias. ¿Percibe el riesgo de que el diseño inteligente se extienda con la misma virulencia a países como España?

-Si empiezan a hacer publicidad… Es algo muy fácil de aceptar por la gente religiosa porque parece, a primera vista, muy razonable para ellos. Para el creyente, la idea del diseño inteligente es muy atrayente, como otras muchas ideas erróneas que son muy atrayentes.

¿Cómo explicaría a un lego lo que significó el hallazgo de Darwin y que hoy su aniversario sea motivo de celebración?

-Darwin completó la Revolución Científica. La ciencia, en el sentido moderno, nace en los siglos XVI y XVII con Copernico, Galileo y Newton, que explicaron los fenómenos naturales por medio de leyes naturales que tienen validez en todas partes y que descartan las explicaciones sobrenaturales. Pero dejaron fuera la diversidad de los organismos y su pretendido diseño. Darwin completa esa revolución y, a partir de él, todos los fenómenos naturales quedan dentro de la ciencia, de las explicaciones científicas.

Francisco J. Ayala nació en Madrid en 1934. Se trasladó a EE UU en 1961. En el 2010 ha ganado el Premio Templeton, “el Premio Oscar de la espiritualidad”.


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