Posteado por: Juan | abril 6, 2010

La Historia del Universo de Thomas Berry y Brian Swimme

Hace 13.7 billones de años, en un gran explosión de luz, el universo con el tamaño de un grano estalló en existencia. Toda la energía que existiera en el universo en el futuro irrumpió en un quantum solitario. Partículas, la luz, el tiempo y el espacio emergieron en el principio. En cada gota de la existencia brilló una energía primordial con una intensidad nunca más visto. Denso con su poder, el universo creció en todas las direcciones con una libertad caótica de posibilidades, permitiendo la estabilidad de las partículas elementales y habilitando la manifestación de los primeros seres atómicos de hidrógeno y helio. Después de un millón de años turbulentos las partículas frenéticas se calmaron suficientemente para permitir la disolución de la bola de fuego primigenio en un gran esparcimiento, con todos los átomos volando lejos del otro, entrando en los cielos cósmicos oscuros, abriéndose al principio del tiempo.

Un billón de años de noche sin interrupciones permitió al universo prepararse para su próxima transfiguración macrocósmico. En las profundidades silenciosas el universo temblaba con la creatividad inmensa necesaria para dar forma a las galaxias – Andrómeda, el Cúmulo de Virgo, Pegases, Las Nubes de Magallanes, así como nuestra galaxia la Vía Láctea. 100 billones de galaxias en total. Estas estructuras gigantes rotaban por el espacio vacío y barrieron todo el hidrógeno y helio en sistemas de auto-organización, y grupos de sistemas, y agrupaciones de grupos de sistemas. Cada galaxia representaba su forma única en el universo. Cada una tenía sus propias dinámicas internas. Cada una dio a luz desde sus propias materias a billones y billones de estrellas primordiales.

Las estrellas más brillantes rápidamente pasaron por su secuencia natural de transformaciones y cuando se habían gastado sus reservas de hidrógeno y helio y no contaban con más fuerza para resistir la presión de la gravedad, se explotaron en supernovas grandiosas que mostraron la luminosidad de billones de estrellas y echaban materia estelar por toda la galaxia. Nuestro nacimiento necesitaba la alteración drástica de unas comunidades de existencia bien formadas pero en medio de la violenta destrucción profunda había creatividad exuberante. Nuevas estrellas se formaban de las materias que habían sido creadas en el proceso de núcleo-síntesis estelar de un billón de años. Estás estrellas de segunda generación fueron más ricas en potencia y más complejas en su estructura interna debido a que las primeras estrellas habían creado los elementos de carbono, nitrógeno, oxígeno, calcio, magnesio y los demás cien elementos. A unos cinco billones de años del principio de los tiempos la estrella Tiamat emergió en nuestra galaxia espiral. Tiamat tejió maravillas en su vientre de fuego y después se sacrificó, repartiendo su cuerpo en una explosión de supernova que lanzó entre otros elementos calcio para formar futuros huesos, carbono para posibilitar vida y fósforo para el pendiente proceso de fotosíntesis,  su poder elemental fue repartido en todas las direcciones, así profundizando la aventura.

Hace 5 billones de años, cuando el universo ya había expandido y desarrollado durante 10 billones de años, la galaxia de la Vía Láctea formó 10,000 estrellas nuevas de una nube flotante, pacífica de los restos de Tiamat. Algunos se convirtieron en enanos marrones pequeños. Otros terminaron siendo supergigantes azules que rápidamente destallaron en nuevas supernovas. Otros fueron estrellas amarillas que se quemaron con lentitud, y otros estrellas rojos durmientes. El universo, insistiendo en la diversidad y enfrentando los obstáculos del universo con creatividad, dio a luz de la misma nube gigante a nuestra estrella, el Sol. Al haber nacido, el Sol se mostró con gran capacidad para la auto-organización, despegándose de las nubes de elementos que lo rodeaban y convirtiendo el resto en un disco de materia de lo cual emergió el sistema de los planetas.

Los planetas tempranos, por sus temperaturas altísimas, hervían con materias fundidas y gaseosas. En Mercurio, Venus y Marte las combinaciones químicas lentamente crecieron a formar rocas, continentes y una corteza planetaria que un billón de años después llegó a dominar el resto y así sofocar la dinámica de la creatividad. En Júpiter, Saturno, Neptuno y Urano la actividad química nunca avanzó más allá de las compuestas más simples y continuaron en forma de gases por billones de años. En la Tierra, debido al equilibrio de su propia dinámica interna, su tamaño que permitió la gravedad y el equilibrio electromagnético y su posición en el sistema solar que permitió temperaturas apropiadas, la materia existía como sólido, líquido y gas, y además fluía de una forma a otra. Así proporcionó la matriz química creativa de lo cuál nació Aries, la primera célula viva, hace 4 billones de años.

Las células primarias – las procariotas- tenían la capacidad de auto-organización, al igual que las estrellas y las galaxias, pero además contaban con grandes nuevas capacidades. Podrían recordar información significativa, incluso los diseños necesarios para tejer las células vivas nuevas. Las células también tenían un orden de creatividad que las permitió fabricar guantes químicas para capturar los paquetes de energía que el sol echaba a la velocidad de la luz y para utilizar esas fotónes luminosos como alimento.

Aries y sus descendientes, las procariotas, mediante la cosecha de hidrógeno de los océanos, soltaron oxígeno al aire. El oxígeno paulatinamente llegó a saturar los suelos, la atmósfera y los mares. Al alterar la química terrestre con este elemento de potencia explosiva, las procariotas, sin darse cuenta, empujaron el sistema terrestre a una posición extremadamente inestable, imposible de aguantar. Con el tiempo las comunidades procariotas dominantes perecieron, sus interiores quemadas por el oxígeno. Pero de esta misma crisis, amenazando la viabilidad del planeta vivo, por la capacidad de mutación genética evitaron el desastre y nació Vikengla, un ser nuevo y radicalmente avanzado.

Vikengla, la primera célula eucariota, era plenamente capaz no sólo de resistir el oxígeno, sino tenía la capacidad de respirar y darle forma para sus propios fines, y por lo tanto se convirtió en un hervidero de creatividad. Las eucariotas inventaron el sexo meiótica y desde esta simbiosis la diversidad del universo se expandió rápidamente, porque ahora dos seres genéticamente diferentes podrían unirse y dar forma desde su riqueza genética a un ser radicalmente nuevo. Las eucariotas también inventaron el hábito de comer los seres vivos a través de una boca primordial, y así profundizaron la comunidad de la Tierra, no sólo con la intimidad de la unión sexual, sino también con la intimidad asociada con la relación ecosistémica del depredador-presa. Por último, al final del período durante el cual fueron el organismo más avanzado en el sistema de la Tierra, las eucariotas tomaron el paso audaz de sumergirse en una mayor mente y miles de millones de ellos se reunieron y evocaron Argos, el primer animal multicelular.

Hace seiscientos millones de años comenzó la era Paleozoica. Los organismos multicelulares surgieron con células especializadas y una variedad de cuerpos cualitativamente distintos, incluyendo los corales, gusanos, insectos, estrellas de mar, las esponjas, arañas, vertebrados, las sanguijuelas, y otras formas que después se extinguieron.   La vida en el meso-cosmos había comenzada. Los gusanos aprendieron a moverse en busca de presas suaves y luego salieron alas carnosas para guiarlos a través de los océanos. Inventaron el pico y el diente cuando otras criaturas inventaron el caparazón. Después apareció el exoesqueleto para dar forma al cuerpo, la mandíbula para poder morder y las aletas para mejorar la natación. Durante el noventa y nueve por ciento de la historia de la Tierra la vida se quedó en el agua. Las olas del océano dejaron algunas plantas marinas varadas en las rocas calientes. Incapaces de rastrearse a su casa inventaron la célula de madera y aprendieron a erguirse como árboles licopodios para vivir a lo largo de las costas de los océanos y los ríos, y a su vez se transformaron en árboles gimnospermas capaces de cubrir continentes enteros con vida. Los animales, los artrópodos en el principio, siguieron las plantas tierra adentro y pronto los continentes que habían estado flotando sin vida en el manto de la Tierra durante dos billones de años se llenaron con los anfibios, los reptiles, los insectos y los grandes dinosaurios que llegaban hasta las hojas de la cubierta forestal. Las principales novedades del mundo terrestre Mesozoico fueron el huevo amniótico de los reptiles que independizó los anfibios del agua y el poder endotérmico de mantener caliente el cuerpo. Los dinosaurios fueron los genios de la época y dominaron la Tierra por cien millones de años.

Toda esta creatividad en la Tierra dependía de muchas diferentes estabilidades, incluso la quema estable de hidrógeno por el sol, de las revoluciones estables de la Tierra alrededor del Sol, de la estabilidad de muchos trillones de enlaces químicos en todo el sistema de la Tierra. Sin embargo, la galaxia es una casa inmensa y los desastres visitaban regularmente la Tierra también, más conmovedora cuando otros cuerpos celestes colisionaron con la Tierra y su delicado tejido de la vida.   Sesenta y siete millones de años atrás terminó la era Mesozoica cuando colisiones astronómicas cambiaron tanto la atmósfera terrestre y sus climas que casi todas las formas de vida animal tuvieron que reinventarse o morir. Extinciones masivas significaban que muchos animales seguían los dinosaurios a sus tumbas, pero también la destrucción abrió nuevas posibilidades, que dentro de doce millones de años fueron aprovechadas por las aves y los mamíferos, entre otros, que proliferaron después del desastre.

Cuando los mamíferos entraron en la vida de la Tierra doscientos millones de años atrás, se desarrollaron la sensibilidad emocional, una nueva capacidad del sistema nervioso para sentir el universo. A lo largo de la existencia de los mamíferos y especialmente durante los últimos sesenta y siete millones años de la era Cenozoica, la belleza y el terror del mundo – el brillo del plumaje de las aves, la pantalla embriagador de las flores, la exquisitez de las frutas, los sustos de la selva en la noche, la fuerza arquetípica del vínculo madre-niño – dejaron una profunda huella en la naturaleza psíquica de todos los mamíferos, las ballenas, los roedores, los leones marinos, los murciélagos, los elefantes, los puercoespines, los caballos, las musarañas, el venado, los chimpancés, y los humanos. En raras ocasiones entre los mamíferos más avanzados, especialmente entre la orden de los primates, esta sensibilidad emocional de los mamíferos se ha profundizado con otro capacidad neural, la auto-consciencia lúcido. Fortalecidos con ambos, el ser humano ha investigado su propio lugar dentro de la comunidad que envuelve la Tierra.

Hace cuatro millones de años en África el ser humano, con un cerebro más grande, dejó el bosque por la sabana y comenzó a caminar en forma erguida. Hace más que dos millones de años Homo habilis comenzó a usar las manos libres para dar forma a los materiales de la Tierra con herramientas como el hacha de piedra. Complementaban la recolección de frutas, semillas y verduras con la caza de animales.  Hace un millón y medio de años atrás Homo erectus, en medio de la primera gran migración humana desde África, usaba sus manos inquietas para controlar el fuego, formando la energía del Sol para desarrollar sus propios proyectos. El fogón brindó un nuevo espacio mítico para la experiencia de comunidad, seguridad, comunicación y celebración. Homo sapiens apareció hace 200,000 años también en África y en sus migraciones mostró gran capacidad de adaptarse a varias terrenos y condiciones ambientales. Hay índices del nacimiento de un modo mítico-religioso de consciencia con prácticas ceremoniales y ritos elaborados reconociendo el lugar del humano dentro del orden del universo. Comenzando alrededor de treinta y cinco mil años atrás, en el período Paleolítico Superior, como si no pudieran contener por más tiempo su asombro ante la existencia, los seres humanos iniciaron un nuevo nivel de creatividad artística y celebración. Con una nueva capacidad por la comunicación verbal se estaba transformando la consciencia humana, profundizando los vínculos afectivos y la relación entre adultos y sus hijos. Todo eso se desplegó en las pinturas rupestres en lo profundo de la Tierra, en las noches de festivales y de música, en ceremonias para el paso de los amigos y las estaciones.

Hace veinte mil años la Tierra, a través de su elemento humano que vivía en profunda sintonía con su entorno natural, comenzó a ser consciente de las regularidades de las semillas y las estaciones, y los ritmos primordiales del universo. Aunque algunos de estos patrones habían sido establecidos por la Tierra por miles de millones de años y aunque los primeros seres humanos se habían organizado durante millones de años dentro de estos patrones, hace doce mil años los seres humanos comenzaron conscientemente a dar forma a éstas patrones con la domesticación de animales y la horticultura – el trigo y la cebada y las cabras en el Medio Oriente; el arroz y los cerdos de Asia; el maíz, los frijoles y la alpaca en las Américas.

Un suministro seguro de alimentos permitió el aumento en la población. Los primeros pueblos neolíticos capaces de mantener grupos humanos de más de mil personas fueron Jericó, Catal Huyuk, y Hassuna hace diez mil años. Pronto surgieron los poblados neolíticos en todo el planeta cuando la mayor parte de la humanidad se desplazó de su modo de recogida y caza a la vida de los pueblos establecidos, la transformación social más radical que se ha producido en la aventura humana. En este nuevo contexto humano la cerámica, el tejido y la arquitectura se desarrollaron; aparecieron los calendarios articulando los ritmos cósmicos; rituales y santuarios dedicados a la deidad de la Gran Madre fecunda fueron elaborados y sustituyeron la devoción a los animales totémicos del Paleolítico. De manera muy significativa, la gran mayoría de las palabras claves de las muchas lenguas humanas, los símbolos arquetípicos capaces de activar la dotación genética humana fueron establecidos. En este período de diez mil a cinco mil años atrás, los avances decisivos en idioma, religión, la cosmología, las artes, la música y la danza tomaron sus más vigorosos formas primordiales, de manera que las civilizaciones urbanas después pueden ser consideradas elaboraciones sobre los patrones culturales establecidos durante el Neolítico.

Cinco mil años atrás, la aventura humana mutó a una nueva forma de vida, la civilización urbana. Así como las células eucariotas no tenían idea de que su relación mutua resultara en organismos complejos, los seres humanos hacinados en los poblados neolíticos de Sumer no tenían idea de que la intensificación de sus interacciones sociales dará lugar a nuevos centros de poder dentro del proceso humano: Babilonia, París, Persépolis, Benares, Roma, Jerusalén, Constantinople, Sian, Athens, Baghdad, Tikal de los maya, El Cairo, La Meca, Delhi, Tenochtitlán de los aztecas, Londres y Cuzco, la ciudad inca del sol. Durante los períodos Paleolítico y Neolítico la deidad maternal había presidida en la consciencia humana como la principal manera de entender el universo y sus poderes pero con el movimiento del pueblo a la ciudad comenzó la transición de deidades femeninas a dioses masculinos, una evolución muy significativa en la historia de la humanidad después.

La propagación del sistema burocrático, con sus relaciones de autoridad jerárquica y su énfasis en la especialización, hizo posible varias transformaciones en los procesos humanos y naturales. Los ríos se convirtieron en sistemas de riego para campos arados. Las transacciones comerciales absorbían las energías de naciones enteras, las caravanas comerciales recorrieron el mundo y los bosques fueron transformados en compañías navieras. Las poblaciones y la riqueza dispararon, pirámides fueron construidos junto con templos adornados, santuarios decorados, palacios espléndidos y catedrales. Para proteger estos centros urbanos con su concentración de riqueza y poder y para mantener grandes territorios del planeta bajo un sistema jurídico promulgado por los gobiernos estatales fueron establecidos iniciativas militares, con sus armas y fortificaciones y el conflicto crónico que cruzó continentes enteros. También fue apoyado por un elenco de divinidades masculinas conflictivas que habían sustituida la imagen de la Gran Madre como símbolos principales de la empresa humana.

En medio de esta turbulencia, el patetismo de la condición humana y la promesa de un reino trascendente más allá de la emoción – el Tao, Brahman-Atman, el Cielo, Nirvana – fueron grabados en la mente humana. Surgieron las ideas universalistas del budismo, el cristianismo y el Islam, que llegaron a invadir los centros de la civilización del planeta- desde Europa cruzando el norte de África y la India y del continente euroasiático a China y el sudeste asiático. Sólo el África Sahariana, América, Australia y los pueblos indígenas se escaparon  por completo del control y la influencia de estos cuatro complejos de la civilización: el Oriente Medio, Europa, India y China.

Hace quinientos años, los europeos iniciaron la tercera de las grandes peregrinaciones de la humanidad. La primera había llevado el Homo erectus del norte de África a extenderse por toda Eurasia. En segundo lugar, el Homo sapiens vagaba hasta llegar a las Américas y Australia. La diferencia principal en la ruptura moderna de los siglos XVI y XVII fue que ahora los europeos encontraron seres humanos dondequiera que iban. Equipados con tecnologías superiores y sistemas sociales burocráticos, colonizaron los pueblos en todo el planeta, especialmente en las Américas y Australia. En el siglo XIX la India fue añadida como colonia, y Japón y China se vieron obligados a comerciar con las empresas europeas. La forma política-cultural de la humanidad fue así alterada de manera radical, las distintas comunidades humanas estaban en contacto unos con otros y se volvió hacia un destino común de una manera nunca antes existente.

Mientras estas conexiones políticos globales fueron tomando forma, la articulación interna de Europa estaba cambiando en la forma de la nación-estado con su gobierno elegido. Este movimiento liberal-democrático, que después se extendió por todo el planeta, tuvo sus inicios en la violenta revolución americana de 1776 y la revolución francesa de 1789. A lo largo de los siglos XIX y XX la nación-estado proporcionó a la comunidad integración, reemplazando los contextos anteriores de la banda o el pueblo o la ciudad capital con su territorio circundante. La mística sagrada de la nación-estado se encontraba en los ideales del nacionalismo, el progreso, las libertades democráticas, los derechos individuales a la propiedad privada y la ganancia económica. Así los conflictos entre los estados-nación adquirieron el carácter de guerras sagradas por ideales sagrados, que culminó en las tensiones intra-europeas que pronto devoraron el mundo entero durante el siglo XX.

La entidad dominante que surgió no fue una nación-estado en particular, sino la corporación multinacional. Estas nuevas instituciones dirigieron grandes poderes científicos, tecnológicos, financieros, y burocráticos hacia el control de los procesos de la Tierra para el beneficio económico de los seres humanos. A finales del siglo XX la destrucción causada por las guerras entre naciones quedó eclipsada en importancia por la destrucción de los sistemas naturales por el saqueo industrial. En términos geológicos, las actividades humanas en el siglo XX terminaron la iniciativa de sesenta y cinco millones de años llamado la era Cenozoica.

Mientras los seres humanos se multiplicaban en los miles de millones para convertirse en el más numeroso de todos los organismos complejos de la Tierra, mientras que de manera decisiva se insertaban en las comunidades ecológicas de todo el planeta, reduciendo drásticamente la diversidad de la Tierra y canalizando la mayoría del Producto Bruto de la Tierra en sistemas sociales humanos, un cambio trascendental en la conciencia humana se inició. Los seres humanos descubrieron que el universo como un todo no es simplemente un fondo, no simplemente un lugar. El universo en sí mismo es una comunidad de seres en proceso de desarrollo. Los seres humanos descubrieron por la investigación empírica que eran participantes en la secuencia de quince mil millones de años de transformaciones que había desembocado en el funcionamiento complejo de la Tierra. Un asalto sostenido e incluso violento por la inteligencia occidental sobre el universo, a través del trabajo de Copérnico, Kepler, Galileo, Newton, Buffon, Lamarck, Hutton, Lyell, Darwin, Spencer, Herschel, Curie, Hubble, Planck, Einstein y toda la ciencia moderna, había dado a luz una comprensión radicalmente nueva del universo, no simplemente como un cosmos, sino como un cosmogénesis, un comunidad en proceso de desarrollo, con un papel importante para el ser humano.

Durante quince billones de años el universo ha dado a luz a estrellas, galaxias, supernovas, las primeras células, las eucariotas avanzadas, la proliferación de los animales y las plantas y la auto-consciencia sensible que ha llegado a impregnar tan densamente los muchos componentes de la comunidad de la Tierra. El futuro de la comunidad de la Tierra depende de manera significativa de las decisiones que han de tomar los seres humanos quienes se han insertado tan profundamente en incluso los códigos genéticos de los procesos de la Tierra. Este futuro se realizará en las tensiones entre quienes están comprometidos con la Tecnozoica, un futuro de la explotación aumentada de la Tierra como fuente de los recursos, todo ello en beneficio de los seres humanos, y aquellos comprometidos con la Ecozoica, un nuevo modo de las relaciones humano-Tierra, uno donde el bienestar de la comunidad de la Tierra entera es la principal preocupación.

(Harper San Francisco, 1994 pp. 7-15)


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