Posteado por: Juan | abril 6, 2010

La Recuperación del Cosmos en la Teología

Elizabeth Johnson, CSJ

Comenzando el siglo XXI, hay un tema vital en gran medida ausente en el pensamiento de la mayoría de los teólogos que es el mundo como buena creación de Dios. Hay unas pocas excepciones notables, pero revisando nuestro trabajo en conjunto, se nota la ausencia clara.

Este descuido general del cosmos en las últimas décadas de la teología católica tiene dos resultados negativos. Se debilita la teología en su tarea básica de la interpretación de la totalidad de la realidad a la luz de la fe, por lo tanto se pone en peligro la integridad intelectual de la teología. También bloquea lo que debería ser la contribución poderosa de la teología a la práctica religiosa de la justicia y la misericordia para la Tierra amenazada. Como teólogos y teólogas del siglo XXI debemos completar nuestro enfoque antropológico de lo últimos años, dedicándonos al tema de la interconectividad de toda la comunidad de vida y la red de todos los sistemas de vida, todo lo cual tiene su valor ante Dios.

Es interesante recordar la tradición teológica católica que dio gran importancia al cosmos, y explorar como lo hemos perdido. La teología es, potencialmente, el más completo de los campos. Si hay un solo Dios, y si este Dios es el Creador de todo lo que existe, entonces todo está comprendido en el ámbito de interés de la teología. Tradicionalmente, esto se expresa en la idea de que la teología se enfoca en tres áreas principales: Dios, la humanidad y el mundo. Tampoco se puede separar estos elementos, pues, como la historia de la teología hace evidente, toda comprensión de Dios corresponde a una comprensión particular de lo natural y lo humano.

Los primeros teólogos cristianos y los medievales tomaron este punto de vista por supuesto, interpretando el mundo natural como buena creación de Dios, un camino revelador para el conocimiento de Dios, y un socio en la salvación. Era común para ellos decir que Dios había puesto dos libros a nuestra disposición, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la naturaleza. Si aprendemos a leer bien el libro de la naturaleza, vamos a escuchar la palabra de Dios y ser llevados al conocimiento sobre la sabiduría de Dios, su poder y su amor.

La teología medieval puso a Dios, la humanidad y el mundo en una armonía ordenada. La síntesis resultante no sólo dio forma al arte, la arquitectura, la liturgia y la poesía, sino también se mantuvo durante siglos como una influencia orientadora en la teología católica, aún cuando su visión subyacente del mundo fue desacreditado por los avances científicos.

Y avance científico hubo, como los nombres de Copérnico, Galileo, Newton, Darwin y, más tarde, Einstein, Heisenberg y muchos otros implican. Aunque parece medio extraño a la luz de una herencia de quince centenarios, después de la Reforma la teología católica y protestante no logró mantenerse al ritmo de la nueva visión científica del mundo. En su lugar, se centró en Dios y el yo, dejando al mundo al lado.

Hoy en día uno puede pasar por un curso entero de teología en el seminario o la universidad y nunca encontrar el tema (de la cosmología) y, sin embargo, la naturaleza es uno de los tres principales pilares de la teología, junto con Dios y la humanidad. Lo que se necesita ahora, estoy convencido, es una vuelta inclusiva a los cielos y la tierra, retornar la cosmología a fin de restablecer la plenitud de la visión y devolver la teología a la pista de la cual se desvió unos cientos de años atrás.

Dado que la teología es el estudio de Dios y todas las cosas a la luz de Dios, la reducción de la atención a la humanidad separada del resto de la creación simplemente no hace justicia a la misión intrínseca de la teología. Aún más, ignorando el cosmos tiene un efecto nocivo en la medida que allana el camino para la teología a retirarse al otro mundo, denigrar la materia, el cuerpo y la Tierra, y ofrecer interpretaciones de la realidad muy alejadas de cómo las cosas realmente funcionan. Debemos dialogar con el mundo.

Cuando la teología de hoy abre sus puertas al mundo natural, se encuentra con una serie maravillosa de revelaciones. La cosmología medieval, que veía el mundo como geocéntrico, estático e inmutable, ordenada jerárquicamente y centrado en la humanidad, se ha ido. Pero también ha desaparecido el prejuicio de la Ilustración que tenía una visión mecanicista y determinista de la naturaleza, opuesta en muchos aspectos a los valores religiosos. En cambio, la ciencia contemporánea está descubriendo un mundo natural que es sorprendentemente dinámico, orgánico, de auto-organización, expandiendo, arriesgado, sin límites, y abierto al misterio de la realidad.  Descubrimientos asombrosos se están realizando en nuestros días:

  • El mundo es de una edad casi inimaginable. Hace cerca de 14 mil millones de años un punto numinoso único explotó en un flujo de materia y energía, dando forma a un universo que todavía está en expansión. Hace cinco mil millones de años las estrellas de la primera generación explotaron, lanzando elementos que se unieron para formar nuestro sol y sus planetas, incluida la Tierra. El ser humano recién ha  llegado.
  • El mundo es de un tamaño casi incomprensible. Más de cien mil millones de galaxias, cada una compuesta de cientos de millones de estrellas, y nadie sabe cuántas lunas y planetas, todos estos hechos de materia visible y audible que es sólo una fracción de la materia en el universo. Los seres humanos viven en un pequeño planeta que orbita una estrella de tamaño mediano hacia el borde de una galaxia espiral.
  • El mundo es de un dinamismo casi impenetrable. Del Big Bang salieron las estrellas; de las estrellas la Tierra; de la Tierra los seres vivos unicelulares; de la evolución de la vida y la muerte de estos animales emergieron los seres humanos con conciencia y  libertad que se concentran hoy en la transcendencia de la materia misma. La humanidad somos el universo consciente de sí mismo. Nosotros somos los cantores del universo.
  • El mundo es profundamente orgánico. Todo está conectado con todo lo demás, nada concebible está aislado. También estamos interconectados biológicamente. La estructura genética humana es muy parecida a la del ADN de otras criaturas – las bacterias, los pastos, los pájaros, los caballos, las grandes ballenas grises. Todos hemos evolucionado de ancestros comunes y somos familia en la historia compartida de la vida.

Estos y otros descubrimientos de la ciencia contemporánea se funden en una imagen del mundo que pide nuevas interpretaciones, especialmente ya que los dualismos clásicos no pueden mantenerse.

Además del motivo intelectual para la conversión de la teología a los cielos y la tierra, hay una razón moral de peso también. En nuestros días, la raza humana está causando daños en los sistemas vitales y de otras especies de vida de nuestro planeta, un caos que ha alcanzado proporciones de crisis e incluso en algunos lugares un colapso ecológico. Debido a la creciente demanda de las economías de consumo por una parte y la creciente población por el otro, estamos explotando los recursos de la Tierra sin tomar en cuenta la sostenibilidad a largo plazo. A la luz de la devastación, la vuelta a los cielos y la tierra está caracterizada por la auténtica conversión de la mente y el corazón, con arrepentimiento por la falta de amor y la violencia visitada en el planeta vivo. Mientras giramos, estaremos buscando patrones de pensamiento que van a transformar nuestra especie-centrismo y que nos permitirán otorgar un valor intrínseco y no instrumental a la naturaleza.

La reflexión moral sobre el mundo natural bajo amenaza se vuelve complejo cuando se toma en cuenta los vínculos orgánicos que existen entre la explotación de la Tierra y la injusticia entre los seres humanos. Las voces de los pobres y de las mujeres saquen a la luz el hecho de que las estructuras de dominación social están en primer plano entre las formas en que se lleva a cabo el abuso de la Tierra.

No estoy sugiriendo que pensemos solamente una nueva teología de la creación, sino que la cosmología sea el marco en el que todos los temas teológicos sean repensados. Hay mucho trabajo por delante. Tenemos que apreciar de nuevo que el universo entero es un sacramento, vivificada por la presencia del Espíritu Creador. Debemos darnos cuenta de que su destrucción equivale a un sacrilegio. Tenemos que comprender que los seres humanos somos parte del misterio y la magnificencia de este universo, no dueños de la casa sino socios con Dios en ayudar a la creación a crecer y prosperar.

Elizabeth Johnson, CSJ, es una teóloga feminista muy respetada y profesora en el Departamento de Teología en la Universidad de Fordham. Sus libros incluyen la Mujer, la Tierra, y el Espíritu creador (Paulist Press, 1993) y Ella, que es: El Misterio de Dios en el discurso teológico feminista. (Crossroad, 1992).


Categorías

A %d blogueros les gusta esto: