Posteado por: Juan | abril 13, 2010

La Preocupación de las Iglesias por el Cambio Climático

Lic. Elías Crisóstomo Abramides, Patriarcado Ecuménico, Consejo Mundial de Iglesias

Grupo de Trabajo sobre el Cambio Climático

“Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno….”     Génesis 1:31

Somos miembros de una sola comunidad sobre la tierra, una familia humana compartiendo nuestra existencia con todas las otras criaturas vivientes creadas también por Dios. La vida en todas sus formas es una gracia, un don precioso que nos fuera dado por nuestro Creador.

Reconocemos la posición central del ser humano dentro de la creación, pero comprendemos que el “dominio” sobre la buena y perfecta creación de Dios no significa que tenemos que actuar como sus dueños, con derechos y autoridad ilimitados. Por el contrario se espera que actuemos con responsabilidad cuidándola y amándola.

En comunión con lo antes expresado,  la Madre Tierra, Pachamama o Mama Pacha, en una visión integradora, abarca  todo lo creado y existente cobijándolos en ella y posibilitando el florecimiento de la vida en todas sus formas.

Sin embargo, la humanidad ha abusado de la buena creación de Dios alterando el perfecto equilibrio original, la armonía y la belleza de la misma.

Los patrones insostenibles de consumo excesivo de las minorías son causa de aumento de la pobreza de las mayorías. La brecha entre ricos y pobres se ensancha cada día más, dando más y más a quienes ya tienen en exceso, y dando cada vez menos a aquellos que apenas pueden sobrevivir. Para que algunos mantengan y para que otros puedan alcanzar esos niveles de consumo,  los recursos naturales del planeta tierra están siendo agotados a una velocidad jamás vista antes.

Recordemos aquí la enseñanza, en la ira de Vichama: “Los seres humanos deben cuidar y proteger a la Madre Tierra. De no hacerlo, la benévola Pacha Mama se convertirá en desierto y los seres humanos en piedras”.

Un cambio de paradigma de la sociedad en su conjunto es imperativo. Debemos lograr una transición hacia sociedades más justas, equitativas y sustentables.

Creemos firmemente que existen otros caminos que deberán ser seguidos para alcanzar las soluciones al crucial tema. Alternativas viables y sostenibles para el modelo económico prevaleciente deberán ser encontradas.

Ha llegado el momento para que la humanidad deje de lado los intereses egoístas, reflexione con cuidado y actué con responsabilidad en los asuntos que la afectan y que la colocan cada vez más en riesgo creciente.

Interés de la CMI y sus iglesias miembros en el cambio climático

El cambio climático es tema de profundo interés y preocupación para el Consejo Mundial de Iglesias – CMI, y sus iglesias miembros, ya que es visto como una amenaza a la buena creación de Dios, ocasionada por la emisión de gases contaminantes antropogénicos que se introducen en la atmósfera.

La contaminación de la atmósfera y en consecuencia su calentamiento a escala global, y finalmente el cambio climático asociado al mismo, son uno de los mayores riesgos que amenaza la existencia y la continuidad de la vida en el planeta tierra.

Es por el alcance universal -o “catolicidad”- del cambio climático que el CMI y sus iglesias miembros están afectadas e involucradas en su estudio y en la promoción de una acción común para abordar sus causas y consecuencias, desde el punto de vista ético, de justicia, de solidaridad y de amor al prójimo.

Para las iglesias, la amenaza del cambio climático es un asunto profundamente espiritual, enraizada en las Sagradas Escrituras. Creemos que las soluciones al problema no sólo serán de carácter político, tecnológico y económico. Creemos que la ética y la religión se convertirán necesariamente en componentes esenciales sobre los que se habrán de basar las soluciones al crucial problema.

Éste ha sido el principal motivo de nuestra presencia en diferentes reuniones internacionales, y en particular en la Sesión Anual de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC, o UNFCCC por su sigla en inglés).

Por el mismo motivo también colaboramos con organismos ecuménicos nacionales, regionales e internacionales, y con organismos de desarrollo relacionados con iglesias, para el impulso de medidas de adaptación de las comunidades más vulnerables al impacto del fenómeno del cambio climático.

La voz de la CMI pretende ser la voz de los sin voz, que llama la atención de los negociadores sobre cuestiones como la ética, la equidad y la justicia, la solidaridad, el amor al prójimo. Sin estos conceptos fundamentales no se logrará ningún acuerdo duradero y sostenible

Las Iglesias y el Movimiento Ecuménico actuando juntos

En este sentido, muy importante ha sido el trabajo y las contribuciones de las iglesias que durante las últimas dos décadas han enriquecido el universo de trabajo sobre este problema.

El Consejo Latinoamericano de Iglesias – CLAI, en colaboración con el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA, o UNEP por su sigla en inglés), junto a varios otros grupos de la sociedad civil de nuestra región de Latinoamérica y el Caribe, han tratado y desarrollado el importante “Proyecto de Ciudadanía Ambiental”, con capítulos sobre cambio climático, agua, y desertificación.

La Conferencia Panafricana de Iglesias – AACC, un socio en los talleres y consultas del CMI, se centró en el desarrollo de las comunidades locales a través de la ejecución de ayuda teórica y práctica, y sobre los vínculos entre el cambio climático y los recursos hídricos y la desertificación, etc.

La Conferencia de Iglesias del Pacífico – PCC, y la Oficina del CMI en el Pacífico ayudan de manera activa a las iglesias de los pequeños Estados Insulares del Pacífico, para hacer frente a las graves amenazas que el cambio climático representa para sus sociedades.

Sus trabajos llevan esperanza a las poblaciones isleñas amenazadas por el aumento del nivel del mar debido al cambio climático y su terrible amenaza, cuyas consecuencias ya se han comenzado a sentir: la migración forzada debido a causas climáticas o ambientales. Importantes testimonios, declaraciones y consultas tienen lugar desde hace varios años.

La Conferencia Cristiana de Asia – CCA, es una importante organización ecuménica regional con antiguos vínculos con el CMI. Su programa de cambio climático ha desarrollado su propia serie de consultas y talleres, así como asistencia práctica en situaciones de emergencia en la región debidas al cambio climático.

En la India, el CMI ha apoyado a LAYA, una ONG dedicada al desarrollo, integrante de una red llamada “Red India de Ética y el Cambio Climático” (INECC, por su sigla en inglés). Organizaciones cristianas son miembros de INECC, así como comunidades de fe basadas en las diferentes regiones de la India que ofrecen un apoyo práctico y educativo a las Comunidades Rurales Originarias o “Adivasi”,  y conduciendo  programas sobre cambio climático, desarrollo, agua, agricultura, medicina natural, etc.

Ha sido una constante a lo largo de los años el acompañamiento que el CMI ha provisto a las luchas y reivindicaciones de los Pueblos Originarios. A modo de ejemplo ya que nos hallamos reunidos en esta hermosa tierra Boliviana, permítanme recordar al Obispo Carlos Poma de la Iglesia Evangélica Metodista de Bolivia quien como miembro del Comité Central el CMI ha abogado constantemente por la defensa irrestricta de los derechos de los Pueblos Originarios y quien actualmente lo sigue haciendo impulsando proyectos justos como son la Ley de la Tierra y  la Ley del Agua, como asimismo por la armoniosa coexistencia y respeto por las diversas culturas que conviven en Bolivia

Conclusión

El cambio climático presenta un desafío a las iglesias y al movimiento ecuménico mundial, por el cual deberemos ser aún más explícitos acerca de nuestra propia visión de la ‘oikoumene’, es decir de toda la tierra habitada considerada como la casa de Dios común a todos los seres humanos y a la vida en su totalidad.

Como iglesias, insistimos en que no solo los individuos, sino también los países en sus relaciones internacionales, nunca deben dejar de lado la regla de oro: “trata a tu prójimo como quieres que tu prójimo te trate a ti”.

En esta regla de oro se halla  implícita la cultura de la justicia y de la equidad, la cultura de la ética y de la solidaridad, la cultura del amor y del respeto de unos a otros, que en su conjunto conforman la cultura de la Paz.

Un profundo cambio de paradigma se necesita ahora. Para ello es imprescindible una total y sincera ‘metanoia’, un arrepentimiento seguido de una real y definitiva metamorfosis.

Todavía estamos en un punto donde la raza humana puede ser capaz de tomar una decisión que podría, incluso ahora, poner a salvo la creación de Dios de la profanación de otro modo inevitable, causada por cambio climático inducido por las actividades de los seres humanos.

Tal como leemos citando al Libro del Génesis, el hombre fue creado por Dios, Todopoderoso, del polvo de la tierra. Y a la tierra irá nuestro cuerpo mortal cuando nuestro espíritu vaya al encuentro de su Creador.

De la tierra tomamos nuestro alimento que sustenta la vida, la tierra nos brinda los materiales para construir nuestras casas, nuestros hogares, y todo lo necesario para sobrevivir con dignidad cubriendo nuestras necesidades y aún más.

La Tierra es nuestra Madre, nuestro refugio y sustento, nos protege, y mantiene la vida, brindándonos también el agua, fuente de vida. Sin nuestra Madre Tierra no sería posible nuestra existencia sobre el planeta. Unámonos para respetarla, para mantenerla tal como Dios la creó, con su belleza y su perfecto equilibrio natural, inigualable e incomparable.

Unámonos para amarla, para respetarla, para ejercer y mantener sus derechos, los derechos de la Madre Tierra, nuestra Madre.

Para finalizar citemos con toda la fuerza que nos da la convicción de estar del lado de la justicia, de la paz, de la solidaridad y del amor a nuestros hermanos y hermanas, las Declaraciones del CMI ante las Sesiones de los Plenarios Conjuntos durante los Segmentos de Alto Nivel de la COP13-CMP3 en Bali, Indonesia, en diciembre de 2007, y de la COP15-CMP5 en Copenhague, Dinamarca, en diciembre de 2009, exclamando unidos una vez más:

“¡Hasta aquí hemos llegado: actuemos rápido y actuemos ahora!”

“¡No tengamos miedo!”


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