Posteado por: Juan | abril 16, 2010

Dentro de un pie cúbico

Por Edward O. Wilson

Foto de David Littschwager

Sondeos en miniatura de la biodiversidad

Cuando hincas una pala en la tierra o arrancas un trozo de coral estás, como si fueras Dios, cortando un mundo entero. Has cruzado una frontera oculta, conocida por muy pocos. Al alcance de la mano, a nuestro alrededor y bajo nuestros pies, se encuentra la parte menos explorada de la superficie del planeta. También es el lugar más importante en la Tierra para la existencia del ser humano. En cualquier hábitat, lo primero que se nota son los grandes animales: aves, mamíferos, peces, mariposas. Sin embargo, poco a poco los más pequeños, mucho más numerosos, comienzan a eclipsarlos. Ahí están las miríadas de insectos, los gusanos y otras criaturas aún desconocidas que se retuercen o tratan de ocultarse cuando se remueve la tierra de un jardín para plantar. Ahí están las hormigas que andan de aquí para allá cuando se abre accidentalmente su nido, y las larvas de escarabajo expuestas en las raíces amarillentas de las hierbas.

Cuando se voltea una piedra, hay todavía más: pequeños insectos que parecen arañas, y diversos tipos de criaturas no identificadas escabulléndose entre el micelio de los hongos. Escarabajos diminutos se esconden de la luz súbita y las cochinillas adoptan una forma esférica como mecanismo de defensa. Ciempiés y milpiés, pequeños acorazados, se meten en las grietas y agujeros de gusanos más cercanos. Quizá parezca que este conjunto de repugnantes criaturas, y los reinos en miniatura que habitan, no tienen relación alguna con la vida de los seres humanos. Pero los científicos han encontrado que sucede exactamente lo contrario. Junto con las bacterias y otros microorganismos que no podemos ver, que nadan y residen alrededor de los granos de minerales de la tierra, los habitantes de esta última son el corazón de la vida en nuestro planeta. El terreno donde viven no es sólo una matriz de tierra y escombros. Todo el hábitat del suelo está vivo.

Las formas de vida aprovechan casi todas las sustancias entre los granos inertes. Si todos los organismos desaparecieran de cualquiera de los espacios cúbicos representados en estas páginas, el hábitat en esos espacios pronto cambiaría de manera drástica. Las moléculas de la tierra o del lecho de la corriente se harían más pequeñas y simples. Cambiarían las proporciones de oxígeno, bióxido de carbono y otros gases en el aire. Se llegaría a un nuevo equilibrio físico, en el que el pie cúbico se parecería al de algún distante mundo estéril. La mayoría de los organismos de la biosfera, y el gran número de sus especies, se puede encontrar en la superficie o justo bajo ella. A través de sus órganos pasan los ciclos de las reacciones químicas de las cuales depende toda la vida.

Con una precisión inimaginable, algunas de las especies desintegran la materia vegetal y animal muerta que cae; estas especies constituyen el alimento de depredadores y parásitos especializados y, a su vez, estos últimos son el alimento de organismos especialistas de un nivel superior. El conjunto, trabajando de la mano en una rotación constante de nacimiento y muerte, regresa a las plantas los nutrientes necesarios para continuar la fotosíntesis. Sin el buen funcionamiento de todos estos vínculos, la biosfera dejaría de existir.

Consulta el artículo completo en la edición impresa de la revista National Geographic en español, disponible a partir del 1 de febrero 2010.


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