Posteado por: Juan | mayo 31, 2010

¿Quién soy? De la aparición de la vida a la del ser humano

Transcripción revisada de una entrevista con el Dr. Brian Swimme

¿Qué significa ser humano, especialmente en el contexto de la evolución? Una de las teorías más perspicaces sobre la aparición del ser humano tiene en cuenta nuestras características a una edad determinada. Nos parecemos mucho a los chimpancés, por ejemplo. Genéticamente, somos iguales casi en un 99 %. Esto es sorprendente. Algunas levaduras están más diferenciadas entre sí que nosotros de los chimpancés. ¿Cómo podemos entender eso?

“Algunas levaduras están más diferenciadas entre sí que nosotros de los chimpancés.”

Según una teoría, hubo una mutación mínima en los genes que controlan el ritmo del desarrollo y éste se desaceleró en el ser humano. Si se desacelerara el desarrollo de una salamandra, quizá se prolongaría una fase temprana de su vida, la de renacuajo. Pero si se desacelera el desarrollo de un mamífero, lo interesante es que éste puede permanecer en una fase lúdica. Todo mamífero atraviesa periodos en que juega, momentos en los cuales no obedece a un programa genético predeterminado, sino que se comporta libremente.

Esta teoría se refiere a lo sucedido con la mutación genética que dio lugar al ser humano. Biológicamente, desaceleramos nuestro desarrollo para permanecer en esa etapa de libertad y curiosidad. Ésta bien puede ser la característica del ser humano. Sus consecuencias son enormes. Significa que los seres humanos, de una manera real y profunda, no saben qué hacer. No podemos depender de que el ADN nos dicte una respuesta.

“Hubo un momento en que la vida generó un ser que podía entregarse al juego, a la curiosidad, a la maravilla, al asombro, a la fascinación.”

En lugar de que el ADN les dictara lo que debían hacer, los primeros seres humanos se sintieron profundamente maravillados por la existencia. Si hay un gran incendio en un bosque, todos los animales saben qué hacer. Huirán. Pero para el ser humano existe una nueva posibilidad. Éste podría sentirse fascinado por el fuego y acercarse a él en lugar de alejarse. Hubo un momento en el cual la vida generó un ser que podía dedicarse al juego, a la curiosidad, a la maravilla, al asombro, a la fascinación. Todo lo demás es consecuencia de esa capacidad de asombro.

En el ser humano se intensifican los sentimientos. Podemos quedar atónitos ante el fuego del incendio forestal. Pero también ante un atardecer o un amanecer. Podemos seguir pensando en ese atardecer mucho después de que éste haya dejado de tener alguna importancia para otro animal. O en la muerte. O en el nacimiento. Todos los aspectos del Universo son maravillosos para nosotros. La respuesta de la comunidad humana ha sido inventar una manera de compartir esas experiencias profundas de la conciencia. Se trata del lenguaje, una forma de comunicar experiencias internas de una persona a otra. Se han desarrollado grupos lingüísticos, y este desarrollo es tan importante como el comienzo de la vida misma. El aprendizaje puede pasar ahora a formar parte de la evolución de toda una especie.

“Somos individuos en un sentido. Pero en realidad nuestras mentes son producto de 200.000 años de experiencia humana, y se nutren de ella.”

Echemos una mirada a otras especies. Dependen de su ADN, o de lo que quizá hayan aprendido durante una vida. Pero el ser humano no depende sólo de su ADN ni de lo que haya aprendido durante su vida, sino también de lo que se ha aprendido en el pasado. Gracias a esa capacidad y al uso del lenguaje, podemos dar a lo aprendido una forma física que puede perdurar a lo largo del tiempo para que lo aprendido se convierta en patrimonio permanente de la comunidad humana. En este sentido, el proceso mismo de la dinámica evolutiva, el cambio, y ahora la experiencia, la experiencia individual, pueden convertirse en parte del sistema de orientación de una especie. Así pues, podemos decir que el ser humano no es un individuo. Somos individuos en un sentido. Pero en realidad nuestras mentes son producto de 200.000 años de experiencia humana, y se nutren de ella, en la medida en que esa experiencia se haya plasmado en la cultura.

Con nuestras bibliotecas, y ahora con nuestros chips informáticos, tenemos un cúmulo inmenso de conocimientos. Nuestra experiencia evolutiva ha creado un animal que puede servirse de un prolongado período de aprendizaje. Cada uno de nosotros tiene una mente que se está desarrollando desde hace 200.000 años.


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