Posteado por: Juan | junio 1, 2010

La Misa sobre el Mundo – Pierre Teilhard De Chardin

Esta oración se la inspiró a Teilhard la imposibilidad de celebrar la eucaristía al encontrarse en pleno desierto de Ordos, durante una expedición científica. Probablemente fuera el día de la Transfiguración, fiesta por la que sentía una predilección especial.

Photo: Star trails in Joshua Tree National Park

El ofertorio

No tengo ni pan, ni vino, ni altar. Otra vez,  Señor. Ya no en los bosques del Aisne, sino en la estepas de Asia. Por cual trascenderé los símbolos para sumergirme en la pura majestad de lo Real, y yo, tu sacerdote, te ofreceré el trabajo y la aflicción del mundo sobre el altar de la Tierra entera.

A lo lejos el sol ha terminado de iluminar las fronteras del primer Oriente. Una vez más, bajo el manto ondulante de sus fuegos, la superficie de la tierra se despierta, se estremece, y reanuda su mágico trabajo. Colocaré sobre mi patena, oh mi Dios, la cosecha anhelada de este nuevo esfuerzo. Derramaré en mi cáliz el zumo de todos frutos que hoy habrán madurado.

Mi cáliz y mi patena son las profundidades de un alma pródigamente abierta a todas las fuerzas que, dentro de un instante, se elevarán de todos los puntos del Globo para derramarse hacia el Espíritu. Que vengan pues hacia mí el recuerdo y la mística presencia de aquellos que la luz despierta para una nueva jornada.

Uno a uno, Señor,  veo y amo a todos lo que me has regalado como sostén y como encanto natural de mi existencia. Uno a uno, también, los considero miembros de una familia nueva y muy querida. A mi alrededor se han ido juntando paulatinamente, a partir de los elementos más disparatados, las parentescos del corazón, de la investigación científica y del pensamiento. De modo más impreciso, evoco, sin excepción, a todos los que conforman la hueste anónima, la masa innumerable de los vivientes : los que me rodean y me sustentan, sin que los conozca ; los que vienen  y los que se van ; especialmente los que en la verdad o en el error, en su escritorio, en su laboratorio o en su fábrica, creen en el progreso de las Cosas, y buscarán hoy apasionadamente la luz.

Quiero que en este momento todo mi ser repique al son del murmullo profundo de esta multitud de contornos confusos o definidos cuya inmensidad espanta, estremecido al eco de este Océano humano, cuyas oscilaciones parsimoniosas y monótonas trastornan el corazón de muchos creyentes. Señor, me esfuerzo en fusionar todo lo que a lo largo de esta jornada va a progresar en el Mundo, todo lo que va a disminuir, y también todo lo que va a morir, a fin de convertirlo en la materia de mi sacrificio, el único que te es agradable.

Antiguamente llevaban a tu templo las primicias de  las cosechas o lo mejor de los rebaños. El crecimiento del Mundo conducido por el devenir universal es la ofrenda que ciertamente tu esperas, de la cual tienes una misteriosa necesidad para calmar tu hambre cotidiana, para apagar tu sed.

Recibe, Señor, esta Hostia total que la Creación, muda por tu atractivo,  te presenta en el alba recién estrenada. Sé bien que este pan, nuestro esfuerzo, por si mismo no es más que una inmensa desagregación. Desgraciadamente este vino, nuestro dolor, es apenas una bebida disolvente. Pero tu has colocado en el fondo de esta masa informe,  estoy seguro, y así lo siento , un irresistible y santificante deseo que nos hace gritar a todos, desde el impío hasta el fiel : ¡Señor, haznos uno !

A falta del celo espiritual  y de la sublime pureza de tus santos, me has dado, Dios mío, una simpatía irresistible por todo lo que se mueve en la materia oscura. Me reconozco al punto como un hijo de la tierra más que como un vástago del cielo, y por eso me elevaré esta mañana, en el pensamiento, sobre los altos espacios, cargados de la esperanzas y de las miserias de mi madre ; y allí, con la fortaleza de un sacerdocio que solamente tú, estoy seguro, me has regalado, invocaré el fuego sobre todo lo que en carne humana se apresta a nacer o a morir bajo el sol que asciende.

Oración

Jesús, escondido bajo las potencias del mundo te has convertido verdaderamente y físicamente en todo para mí, todo alrededor de mí, todo en mí. Quiero ahora consumir en una misma aspiración la embriaguez de lo que ya poseo y la sed de lo que aún carezco. Yo, tu servidor, te repetiré las palabras inflamadas por las que será reconocido de modo siempre más patente, creo en ello ineluctablemente, el Cristianismo del mañana.

Señor, guárdame en lo más profundo de las entrañas de tu corazón. Y cuando me hayas poseído, quémame, purifícame, inflámame, sublímame, hasta la satisfacción perfecta de tu querer, hasta la más completa aniquilación de mí mismo.

“Tu autem, Domine mi, include me in imis visceribus Cordis tui. Atque ibi me detine, excoque, expurga, accende, ignifac, sublima, ad purissimum Cordis tui gustum atque placitum, ad puram annihilationem meam.”

“Señor”.  ¡Oh, al fin ! ¡Mediante la celebración del doble misterio de la Consagración y de la Comunión universales he descubierto a alguien a quien pueda designar, a corazón pleno, con el nombre de Señor ! Mi amor ha sido tímido y tedioso mientras solamente me he atrevido a ver en tí, Jesús, al hombre de hace dos mil años, el Moralista sublime, el Amigo, el hermano. Amigos, hermanos, sabios, ¿qué es lo más grande que tenemos, lo más exquisito y más cercano a nuestro alrededor ? ¿Acaso el Hombre puede entregarse plenamente a una naturaleza meramente humana ? Desde siempre el Mundo por encima de todo Elemento del Mundo había conquistado mi corazón, y jamás ante ninguna otra persona, hubiera orado con sinceridad. Hace mucho tiempo, inclusive creyendo, me equivocaba no sabiendo lo que amaba. Hoy por la manifestación de los poderes sobrehumanos que te ha conferido la Resurrección, te haces transparente para mí, Maestro, a través de todas las  Potencias de la Tierra, ahora, te reconozco como mi Soberano y me entrego deliciosamente a Tí.

Oh Dios mío, ¡qué extrañas son los caminos de tu Espíritu ! Cuando hace dos siglos se ha dejado sentir en tu Iglesia el encanto nuevo de tu Corazón, parecía que las almas eran seducidas al descubrir en Tu Humanidad abstracta un elemento más determinado, más concreto. Pero ¡ahora estamos ante una repentino giro semántico ! Es evidente que por la “revelación” de tu Corazón has querido, Jesús, dotar a nuestro amor el medio de escapar a lo que había de excesivamente estrecho, demasiado preciso, de muy limitado, en la  imagen que tí nos hacíamos. En el medio de tu pecho solamente contemplo un horno, y cuanto más me detengo en este horno ardiente más me parece que todo a su alrededor, los contornos de tu Cuerpo, se diluyen, que se agrandan más allá de toda medida hasta que no distingo más en tí otros rasgos que la figura de un Mundo llameante.

Cristo glorioso, influencia secretamente difusa en el seno de la Materia y Centro enceguecedor al que entrelazan las fibras innumerables de lo Múltiple. Potencia implacable como el Mundo y cálida como la Vida. Tú, cuya frente es de nieve, los ojos de fuego, los pies más chisporroteantes que el oro en fusión ; tú cuyas manos aprisionan estrellas ; tú que eres el primero y el último, el viviente, el muerto y el resucitado ; Tu que aglutinas en tu unidad exuberante todos los encantos y todos los placeres, todas las fuerzas y todos los estados ; eres Tú a quien mi ser llamaba con un deseo tan inmenso como el universo : Tú eres verdaderamente mi Señor y mi Dios.

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Aprisióname en Ti, Señor

¡Ah!, creo (creo inclusive que esta fe ha resultado ser uno de los fundamentos de mi vida íntima), que las tinieblas absolutamente  exteriores a Ti serían pura nada. Nada puede subsistir fuera de tu Carne, al punto de que aquellos mismo que ha sido excluidos de tu amor se benefician aún, para su desgracia, del soporte de tu presencia. Todos estamos irremediablemente en Tí, ¡Medio universal de consistencia y de vida ! No somos cosas totalmente acabadas, pasibles de ser concebidas indiferentemente como próximas o alejadas de Tí, porque en nosotros el sujeto de la unión crece juntamente con la misma unión que nos entrega progresivamente a Tí. Señor, en nombre de aquello que hay de más esencial en mi ser, escucha el deseo de esta cosa que me atrevo a llamar mi alma, por más que cada día más, comprenda cuánto es más grande que yo y para calmar mi sed de existir, a través las zonas sucesivas de tu Substancia profunda, hasta los pliegues más íntimos del Centro de tu Corazón, atráeme.  !

Mas te encuentro profundo, Maestro, en la medida de que tu influencia se manifiesta universal, más contemplo como en cada  instante me abismo en Tí. Todas las cosas conservan a mi alrededor su sabor y sus contornos, pero, a pesar de todo, las veía, por el alma secreta, absorbidas en un Elemento único, infinitamente próximo, e infinitamente distante. Si estuviera aprisionado en la  intimidad envidiosa de  un santuario divino, me sentiría sin embargo vagar libremente  a través del cielo de todas las creaturas. En ese momento sabría que  me aproximo al lugar central donde confluye el corazón del Mundo en la irradiación descendente del Corazón de  Dios.

En este punto de inclusión universal actúa sobre mí, Señor, por medio del fuego conjunto de todas las acciones interiores y exteriores que, si estuviera más lejos de Ti, serían neutras, equívocas y hostiles. Animadas por una Energía “que puede someter todo a sí mismo”,  se convierten en las profundidades síquicas de tu Corazón, en ángeles de operación victoriosa. Por una combinación maravillosa, con tu atractivo, con el encanto de las creaturas y su insuficiencia, con su dulzura y su malicia, su debilidad desencantadora, exalta progresivamente y desengaña mi corazón, enséñale la verdadera pureza, la que no es una separación anémica de las cosas, sino un impulso a través todas las bellezas; revélale la verdadera caridad, la que no es ya el miedo estéril de hacer el mal, sino la voluntad vigorosa de forzar, todos  juntos, las puertas de la vida ; concédele, en fin, concédele sobre todo, por una visión prominente de tu omnipresencia, la  pasión dichosa de descubrir, de hacer y de padecer, siempre un poco más, el Mundo, a fin de penetrar siempre más en ti.

Toda mi alegría y mi éxito, toda mi razón de ser y mis gusto de vivir, Dios mío, están suspendidos a esta visión fundamental de tu conjunción con el Universo. ¡Que otros anuncien, cumpliendo una función más alta, los esplendores del puro Espíritu ! Para mí, dominado por una vocación que se aferra hasta últimas fibras de mi naturaleza, no quiera ni puedo proclamar otra cosa que las innumerables prolongaciones tu Ser encarnado a través de la materia ; no sabría jamás predicar sino el misterio de tu Carne, oh alma que te transparentas en todo lo que nos rodea !

A tu Cuerpo en toda su extensión, es decir al Mundo que, por tu poder y por mi fe, ha resultado ser el crisol magnífico y viviente donde todo desaparece para renacer, por todos los recursos que me ha hecho brotar en mí tu atracción creadora, por mi ciencia excesivamente débil, por mis lazos religiosos, por mi sacerdocio (al cual sobre todo me aferro), por el fondo de mi convicción humana, a este Cuerpo me consagro para vivir  y morir en él, Jesús.

Ordos, 1923


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