Posteado por: Juan | enero 20, 2011

BREVE HISTORIA DEL DESARROLLO DE LA CIENCIA

“La narración de esta historia nos lleva, de un cosmos inicial que no era más que una bola de energía expansiva a un universo de estrellas y galaxias; y luego, al menos en un planeta, a la aparición de moléculas reduplicantes, organismos celulares, vida multicelular, vida consciente y seres humanos. (J. Polkinghorne).

“El hombre debe darse cuenta que es un pequeño habitante de un insignificante planeta girando en torno a una estrella ordinaria”. (M.Augros & G.N. Stanciu).

La ciencia nació en Grecia, gracias a la tradición jónica y aristotélica. Los griegos, por lo demás, descubrieron las matemáticas puras, y las matemáticas son el lenguaje de la ciencia. Prácticamente la ciencia desapareció en el imperio romano, fue recuperada por los musulmanes, en el siglo XII fue acogida en el occidente cristiano, y recreada a partir del siglo XVI y la era moderna. La Edad Media le dio un desarrollo con la creación del molino de agua, el de viento, los anteojos, el arado con ruedas, el timón, el reloj mecánico, y la imprenta. Dos centros universitarios se destacaron por lo estudios científicos en esta época: Oxford y Paris. En la primera, Bacon se pronunció contra los que daban más autoridad a las enseñanzas de los filósofos que a la experiencia. Como destaca Copleston, Bacon hizo sus propias observaciones en el campo de la óptica y señaló los propósitos prácticos en los que se podía ocupar la ciencia. Concibió la posibilidad del telescopio. Además, él y Grosseteste pusieron gran énfasis en el papel de la matemáticas en la ciencia. Empezamos con los datos empíricos, pero la finalidad de la ciencia teorética es hacerlos inteligibles, explicándolos con el razonamiento matemático. En la universidad de Paris sobresalieron también dos personajes en el campo de la ciencia. Jean Buridan que fue rector de la Universidad de Paris a partir de 1340 y al que se considera responsable de haber originado algunas de las ideas esenciales de la tradición científica moderna. Como filósofo escribió sobre la moción de proyectiles, la caída de los cuerpos y la rotación de la tierra. Nicolás de Oresme, fue seguidor de Burilan y enseñó en París. Murió como obispo de Lisieux en 1382. Discutió sobre la rotación de la tierra en lo que aplicó las teorías de Buridan. Grosseteste, Bacon y Occam dieron origen al espíritu empírico que va a distinguir al pensamiento anglo-sajón. La influencia de los trabajos de Bacon, Occam, Buridan, y Oresme se siente en Galileo.

Pierre Deum, físico e historiador de la ciencia, piensa que la ciencia nació en 1277, cuando el obispo de París, Etienne Tempier, con la sugerencia del papa Juan XXI, condenó muchas tesis que introducían las leyes necesarias de la naturaleza sobre la soberanía de Dios. El obispo declaró que para no poner límites a la omniptencia de Dios debía rechazarse la física aristotélica. Con esto, estaba reclamando una nueva física. Lo que el obispo estaba defendiendo era el voluntarismo cristiano frente al intelectualismo griego y, de este modo, abrió el camino para el voluntarismo.

Toda la empresa y la aventura científica, desde Aristóteles pasando por Copérnico hasta llegar a Einstein, Hubble y Hawking, lleva en sí una pregunta antropológica inquietante: ¿qué sentido antropológico tiene el cosmos? ¿Para dónde va ese imponente proceso cósmico, cuyo avance en su conocimiento ha modificado tanto nuestra forma de concebir al ser humano? ¿Se puede esperar que semejante desmesura incalculable sea un día accesible al hombre? Para los griegos ciertamente que el cosmos era su hogar. ¿Pero para el hombre de hoy y del futuro perdido en semejante infinito, lo podrá ser? Sin embargo, como dice R. Clarke, “la ciencia no ha sabido darnos una explicación clara de lo que son el mundo, la vida y el hombre, ni indicarnos cuál es su sentido”

COPERNICO-GALILEO-NEWTON: LA REVOLUCIÓN  COSMICO- ESPACIAL

Entre los años de 1543 y el de 1687 se realizó una verdadera revolución en la concepción del espacio. El primer año se publicó “Sobre las Revoluciones de las Esferas Celestes” (“De Revolutionibus”) de Nicolás Copérnico (1473-1543), quien murió a pocos meses de la publicación. Lo que este libro significó fue una nueva concepción del espacio y del cosmos. Tal revolución se completó en el segundo año nombrado, cuando Isaac Newton (1642-1727) publicó su libro “De Principia Matematica”. La obra de Copérnico cambió completamente la concepción que el hombre tenía hasta entonces sobre su lugar en el cosmos y sobre la estructura de éste último: el hombre se dio cuenta que la tierra se movía. Las máximas consecuencias de este descubrimiento las sacará Einstein cuando demostrará que el espacio es relativo al tiempo y que es el movimiento el que crea el tiempo y el espacio. Pero, además, Copérnico se dio cuenta que la estructura cósmica era matemática, tal como lo habían pensado los pitagóricos. Esto fue algo que Johannes Kepler (1571-1630) y Galileo Galilei (1564-1642) van a completar. Del primero es este principio básico de la ciencia moderna: “el conocimiento perfecto es siempre un conocimiento matemático”.

El año de 1590 fue un año importante para la física porque fue el año en que Galileo descubrió y midió la aceleración, pero lo es también el de 1600 cuando descubrió la ley de la inercia. En realidad todo el universo está en un constante estado de aceleración lo que es evidente por el hecho de que las galaxias se separan entre sí a velocidades que aumentan con la distancia (puesto que la distancia entre las galaxias aumenta con el tiempo, entonces la velocidad debe también aumentar con el tiempo, lo que es la aceleración). Las dos teorías básicas de la física, inercia y aceleración, había sido descubiertas pero su relación no se entendía aún. Fue Newton el que puso todo en la perspectiva exacta cuando mostró que el producto de la masa inercial y la aceleración es fuerza (fuerza: masa x aceleración).

Hacia 1609 Galileo comenzó a observar el cielo con la ayuda del telescopio. Con este uso, fue claro para Galileo que la visión antigua de que la tierra es el centro del cosmos era errada y que de hecho estamos girando en torno al sol. Por otra parte, Galileo pensó a Dios como un gran geómetra, que formó el mundo entero por medio de las matemáticas. Esto demuestra que el conocimiento del hombre es parecido al de Dios, porque ambos son matemáticos. Para él, el libro de la naturaleza era más confiable que el libro de la Biblia. Con Galileo la naturaleza deja de ser un organismo y se convierte en una máquina manejable.

Los descubrimientos astronómicos de Copérnico y Kepler, la mecánica de Galileo y los avances matemáticos de los científicos modernos en general van a tener su culminación y síntesis en Isaac Newton (1642-1727). En él se palpan también las influencias de Descartes y de Bacon. Sus aportes se pueden compendiar en dos campos: 1) el del movimiento, pues formuló las leyes del movimiento y de la inercia; 2) el de la gravitación universal. Así que el funcionamiento del sistema cósmico lo explica con la acción de las dos fuerzas: la inercia y la gravedad. El descubrimiento de que la misma masa tiene diferente peso a diferentes distancias del centro de la tierra condujo gradualmente a la formulación que él hizo de la ley de la gravedad. Por lo demás, el incomparable orden, belleza y armonía del cosmos suponen la existencia de Dios. El espacio, el tiempo, la masa, el éter solos no pueden conservar ese orden.Sin subestimar los desarrollos científicos que se realizaron en los siglos XVIII y XIX y que fueron necesarios para llegar a los inmensos progresos del siglo XX, vamos a dar un salto hasta este último siglo, en el que el progreso de la ciencia se ha realizado a una velocidad mucho mayor que en todos los siglos anteriores.

En 1855 James Clerk Maxwell descubre las propiedades matemáticas de la luz. Gracias a que se pudo descifrar las señales de la luz, hemos podido obtener todo nuestro conocimiento del cosmos, en los niveles macro y microscópico. Clerk fue seguido por Einstein en dar a la luz un lugar de primera en su descripción científica del universo espacio-temporal.

En 1900 se comenzaron a desentrañar los misterios del átomo. Max Planck formuló la teoría de los quántos y dio inicio a la física quántica. Posteriormente, en 1925, Schröndinger y Heisenberg inician la nueva mecánica quántica, con la cual se han venido interpretando la química y la física subatómicas. Han dado también su aporte decisivo a esta teoría Max Born, Paul Dirac y Niels Bohr. Como se ve, la mayor revolución de la física desde Newton, como ha sido la teoría quántica, ha sido un proceso en el que han participado distintos científicos. J. Polkinghorne llama a Einstein el abuelo de esta teoría, contra la cual, sin embargo, se pronunció y escribió a Max Born: “La teoría cuenta con un buen número de logros, pero no nos acerca en especial a los secretos del Viejo. De cualquier manera, estoy convencido de que El no juega a los dados”. La introducción de la física quántica a lo largo del siglo XX, constituye sin duda la revolución conceptual más profunda de la física, y aun de las ciencias, pues su influencia se ha dejado sentir en la política contemporánea y la marcha ascendente de la tecnología: a ella debemos el transistor, los celulares, los bíperes, los portátiles, la biología molecular y la genética. La teoría de los quanta nos hace ver hoy que la materia se reduce a algo impalpable, que sólo se puede expresar matemáticamente. Max Planck, profesor de la universidad de Berlín, imagina que toda la materia consiste en vibraciones y emite energía que existe en forma de quantos. Es decir, la energía electromagnética debía ser emitida por la materia en forma de “quantos” o paquetes de energía, lo cual viene a significar que la energía es discontinua como lo es la materia. De esta manera, Planck eliminaba de la naturaleza la continuidad. En 1905, Einstein desarrolló las ideas de Plank y demostró que la luz está en realidad formada por corpúsculos distintos, a los que llamó fotones, que son quantos de luz. Niels Bohr, físico danés, amplió la teoría quántica de Planck, que da cuenta de la minúscula estructura subatómica de la materia. En su desarrollo a todo lo largo de la primera mitad del siglo XX, la teoría quántica ha puesto de presente conceptos como la discontinuidad, la complementariedad, la probabilidad, el indeterminismo y la imprecisión. El primero de estos conceptos nos dice que la realidad a nivel más profundo no es continua sino discontinua, y el indeterminismo nos dice que también el mundo de las dimensiones atómicas no es determinista y parece no conocer el principio de la causalidad. El núcleo de un átomo puede desintegrarse de una forma puramente casual, impredecible. Los principios de la imprecisión y de la probabilidad afirman que es imposible conocer exactamente el lugar y la velocidad de una partícula, por lo que es imposible un vaticinio exacto sobre ella.

Mientras esto ocurría en el micro-cosmos, en 1929, en el telescopio del Monte Wilson de los Angeles, Edwin Hubble confirma la teoría de la expansión del universo, considerada una de las ideas más asombrosas del siglo XX, y que el astrónomo R. Jastrow, llama “el último gran paso en la revolución del pensamiento respecto al lugar del hombre en el cosmos y que fue iniciada por Copérnico”. Según la ley de la expansión cósmica las galaxias se separan y el universo se expande. Esta expansión hizo posible que el universo se enfriara y que se fuera creando orden en el cosmos. La teoría de Hubble ha permitido calcular el tamaño, la edad y el ritmo de expansión del universo. Hubble también confirmó la existencia de la galaxia Andrómeda y aclaró que podían existir miles de millones de galaxias en un dinamismo constante de expansión. El primero que trató de explicar por qué el universo se expande fue el sacerdote católico belga George Lemaitre (m. 1966), relacionando la teoría general de la relatividad de Einstein y la teoría de la expansión cósmica, sugirió que el universo se había iniciado como un “huevo cósmico” que estalló de una forma inimaginablemente violenta. Posteriormente, el astrónomo ruso-norteamericano George Gamow (m.1968) le dio el nombre de Big Bang a esa explosión original (1948). Hoy se considera que el Big Bang se originó hace 14 billones de años. Nueve billones de años después se formaron el sol y la tierra. La vida vino a la existencia 10 billones de años después del Big Bang y la conciencia humana apareció sólo hace unos cientos de miles de años.

Desde los años 50 del siglo XX se acepta que el universo está hecho de átomos, núcleos, electrones, partículas elementales, galaxias, estrellas, planetas. Hoy sabemos que la materia ordinaria comprende sólo el 4% del universo. El resto, o sea el 96%, es desconocido. Un 23% del universo está hecho de materia oscura, así que partículas desconocidas penetran en la tierra y aún nuestros cuerpos sin dejar traza. El resto, o sea el 73% del universo, es energía oscura de la cual no tenemos conocimiento sino sólo que actúa en el universo expandiéndolo a una velocidad cada vez mayor. Hoy sabemos también que la muerte de las estrellas de la primera generación fue la condición para que se formaran los planetas, los cuales fueron necesarios para el desarrollo de los procesos químicos y para la evolución biológica. El desarrollo del universo a partir de partículas elementales y llegar a los seres vivos ha sido admirablemente dinámico, pero también terriblemente complejo. Hoy también sabemos que las dos fuerzas fundamentales del universo son el electromagnetismo y la gravitación y que prácticamente todos los fenómenos de la naturaleza son producidos por estas dos fuerzas primordiales. Todas las fuerzas del universo, excepto la gravitación, son de origen electromagnético. La materia, en efecto, está formada por átomos que, a su vez, están compuestos de partículas eléctricas y son las fuerzas electromagnéticas los que mantienen fijos a los núcleos de los átomos y las que hacen girar a los electrones alrededor de los núcleos.

Además, nosotros mismos somos parte de un proceso cósmico y nuestra existencia está asociada a una determinada fase cósmica que requiere de billones de años. El hombre primitivo dependía míticamente del cosmos. El hombre se entendía en el cosmos y desde él. El hombre de la modernidad se había liberado de la dependencia cósmica y, al contrario, buscó dominarlo, de tal manera que la ciencia clásica separó al hombre del cosmos, como dos realidades totalmente distintas. A partir del siglo XIX, con la teoría de la evolución se volvió a unir el hombre al cosmos, pero no ya en una dependencia mítica, si no lo contrario, es ahora el cosmos el que depende del hombre. La ciencia cambió en la segunda mitad del siglo pasado en dos formas: primero, el reconocimiento de que el proceso cósmico no es lineal puso en duda la capacidad de la ciencia para responder todos los cuestionamientos. La mecánica cuántica ha puesto de presente los límites inciertos de nuestro conocimiento sobre las posiciones y la velocidad, y el tiempo y la energía de los objetos. Puesto que la naturaleza no funciona como un reloj, el cosmos ni es estático ni eterno.

En segundo lugar, la ciencia, en el contexto de los astrofísicos y de la cosmología ha llegado a ser similar a la historia. El universo aparece como un desarrollo que implica al tiempo. El universo y su historia están presentes en cada uno de nuestros átomos. El tiempo ni está ausente del proceso cósmico ni es cíclico sino que progresa. Es revolucionaria la forma como la ciencia mira ahora a la naturaleza del tiempo. Antes se hablaba del cosmos eterno. Hoy nos entendemos como parte de un universo dinámico. Tanto la humanidad como cada individuo comparten su condición con las estrellas, las galaxias y todo el universo. La condición del hombre debe ser entendida, ahora, dentro del contexto de un desarrollo caótico, que vino a la existencia y que tiene un futuro abierto pero que también debe afrontar la caducidad y el perecer. La realidad se ve más integrada, desde el cosmos pasando por la vida y culminando en la historia y cada fase estudiada por una ciencia particular: la física, la biología y la antropología.

En cuanto al progreso técnico, en los años 30, Alan Turing ideó la primera computadora y en los 40 ideó otra que permitió descifrar los códigos secretos nazis durante la guerra. En la misma década, Enrico Fermi y J. Robert Oppenheimer desataron los poderes del átomo. Sabemos que todo el progreso técnico que estamos viviendo tiene su base en cuatro grandes descubrimientos: el quantum, el gen, la estructura química, y la invención del reactor por Frank Whittle, los cuales, a su vez, se originan en la gran multitud de laboratorios de física y química que brotan como hongos por Europa, primero, y luego en los Estados Unidos: Cavendisch en Cambridge, el Instituto de física Kaiser Guillermo en Berlín en el que trabajó Max Planck y que durante el tiempo nazi tuvo como director a Heisenberg, quien esperaba que las armas atómicas le dieran la victoria a Alemania; el laboratorio de Gotinga en el que trabajaron Max Born, Niels Bohr y Werner Heisenberg, el laboratorio Curie del College de Francia en París, el Instituto Nobel de física experimental en Estocolmo, el Instituto Niels Bohr de Copenhague, el departamento de física de Chadwick en Liverpool, el Imperial College de Londres, el laboratorio de Berkeley que dirigió Oppenheimer y en el que Ernest O. Lawrence creó el primer ciclotrón, los departamentos de física de Princenton y Columbia, a la que llegó Enrico Fermi en 1939; el Instituto Tecnológico de Massachussets fundado en 1861 para responder a los avances de la ciencia en el siglo XIX y que hasta ahora tiene cerca de 75 premios Nobel; el Met Lab. de Chicago, el Caltech o Instituto Tecnológico de California, en Pasadera, y el Instituto Físicotécnico de Leningrado. Los grandes científicos rusos que trabajaron en la investigación atómica fueron Abram Joffé, Meter Kapitza e Igor Kurchatov. Desde 1943 empezó a funcionar el laboratorio de Los Alamos, con la dirección de Robert Oppenheimer, y la colaboración de Enrico Fermi, Hans Bethe, Edward Teller y otros. Este laboratorio era el centro principal del proyecto Manhattan, que hizo de los Estados Unidos la primera potencia atómica del mundo y que fue dirigido por el general Leslie Groves. Teller es considerado el padre de la bomba H, una bomba mil veces más potente que la de Hiroshima, y que estalló experimentalmente por primera vez en 1955. Anteriormente, Teller había trabajado en Los Alamos con Oppenheimer, Einstein y Fermi, en la fabricacion de la bomba A. Tras haber forjado el arma más poderosa del mundo, Teller intentará después construir el escudo que ningún cohete pueda penetrar: un sistema de lasers y de satélites capaces de destruir en vuelo cualquier misil dirigido contra los Estados Unidos: es la llamada guerra de las estrellas.

A finales de enero de 1939 más de doce laboratorios de todo el mundo habían producido fisión nuclear, que consiste en que se parte el núcleo de un átomo pesado, junto con la liberación de energía y partículas atómicas. La posibilidad de la utilización de la energía nuclear en la construcción de bombas atómicas se hizo evidente y quien se encargó de advertirlo a la comunidad científica fue Leo Szilard, el científico judío húngaro. Este fue quien sugirió a Einstein para que diera a conocer el hecho al presidente Roosevelt. En su carta al presidente de agosto de 1939 le decía Einstein: “Un trabajo reciente de E. Fermi y L. Szilard,… me induce a pensar que el elemento uranio podría convertirse en una nueva e importante fuente de energía en un futuro inmediato… Este nuevo fenómeno también podría conducir a la construcción de bombas, y es concebible… que pueda construirse un nuevo tipo de  bomba extremadamente potente”. Los acontecimientos técnico-científicos se producen aceleradamente. A mitad de los años 40, en el Instituto Rockeffeler de Investigación Médica de Nueva York, Oswald Thomas Avery descubría el ADN, con lo cual revolucionó la genética y en agosto de 1945 el bombardero B-29 Enola Gay lanza la bomba Little Boy sobre Hiroshima. En diciembre de 1945 ya había muerto cerca de 140.000 personas por su causa. Así también, en 1947 William Shockley en los laboratorios Bell inventó el transistor y dio comienzo a la era digital. Robert Noyce y Jack Kilby, una década más tarde, crean los microchips. En 1953, Francis Crick y James Watson con el descubrimiento de la estructura del ADN, que viene a ser un portador y transportador físico de información genética, abren las puertas al gran desarrollo de la biología molecular, la ingeniería genética, la manipulación genética y a los bebés diseñados a medida. Se abrieron así las puertas para las especulaciones sobre el transhumano. El ADN ha permitido también calcular el origen de la vida: hace 3.800 millones de años.

Vamos ahora a considerar, más en detalle, a tres de los científicos más representativos para el desarrollo de la ciencia, uno en el campo de la biología, y los otros dos en el campo de la física y la cosmología, ciencias que han hecho avanzar la comprensión del hombre en el siglo XX de manera insospechada. Consideraremos también la respuesta de un científico católico a los planteamientos evolucionistas. Nos referimos a Teilhard de Chardin.

DARWIN (1809-1882): “LA REVOLUCIÓN BIOLÓGICA”

“En biología nada tiene sentido si no es a la luz de la evolución”.    (Th. Dobzhansky).

J.F. Haught declara que “para la teología es beneficioso sumergirse por completo en el retrato darvinista de la vida” Por qué? Veamos. En 1859 Charles Darwin publicó su libro sobre el Origen de las Especies, al que siguió en 1871 el del Origen de lo Humano. Las ideas de Darwin, por su oposición a las ideas bíblicas, el carácter eminentemente materialista que tienen, la negación de la creación divina y la providencia, la negación de un principio espiritual en el hombre (el alma), fueron condenadas por las iglesias, tanto católicas como protestantes. Antes de la publicación del Origen de las Especies de Darwin, se veía a la Biblia y a las teorías científicas como dos realidades armónicas de la revelación de Dios. Con Darwin y el darwinismo todo cambió. La ciencia buscó liberarse de su sujeción a la metafísica y a la teología y, de todas maneras, se dio un profundo rompimiento, que ya se percibe claramente en el mismo Darwin. Todo esto evidenció una serie de problemas teológicos y científicos: la evolución y la creación, el diseño inteligente, el azar, la acción de Dios y las causas segundas.

El concepto clave de la teoría darwinista de la evolución humana es el de la selección natural, la cual no fue hasta las décadas de 1930 y 1940, con el desarrollo de la síntesis moderna de la teoría de Darwin con la genética, que la selección natural fue finalmente aceptada como el mecanismo central de la evolución de la naturaleza. Esta teoría implica: a) el ser humano, al igual que los demás seres vivos, está sujeto a las leyes de la naturaleza y por ello, el cambio orgánico irreversible está guiado por la lucha por la existencia y la selección natural con la supervivencia de los más aptos. b) La humanidad apareció en un momento histórico por un proceso de cambio orgánico sin concurso de otros elementos. A Dios no se le tiene en cuenta. c) El ser humano no es otra cosa que un primate más evolucionado.  d) Los comportamientos humanos (o culturales) son el resultado de un proceso biológico. Por evolución nacieron las instituciones culturales: familia, lenguaje, los valores, incluso la religión. El trabajo intelectual de Darwin parece confirmar el adagio de que si uno rechaza al Creador, inevitablemente coloca otra cosa en su lugar. Insistió en que uno debe escoger entre Dios y la naturaleza y le dio poderes cuasi divinos a las leyes de la naturaleza. Sus objeciones a la evolución providencial son dobles. Primero, hace que la selección natural sea “superflua”, “basura”, “pura palabrería”.

La selección natural reemplaza la idea del diseño. Segundo, Darwin objetó que pensar en un propósito divino aplicado a la evolución lleva la discusión “fuera del campo de la ciencia”. La ciencia no puede soportar la causalidad inteligente de ninguna manera.Por parte católica, el tema de la evolución, como tal, ha sido objeto de muchos debates, aunque nunca ha recibido una condena explícita por parte del Magisterio católico, como sí la recibió la teoría copernicana, que fue condenada en 1616. Sin embargo, a finales del siglo XIX una parte mayoritaria de los teólogos y de las autoridades de la Santa Sede veía la teoría de Darwin como un error insostenible. No se puede encontrar ninguna referencia a la teoría de la evolución en los documentos del magisterio pontificio o de las congregaciones romanas hasta la encíclica Humani Generis de Pío XII, publicada en 1950.

Los escritos (prohibidos) de Teilhard de Chardin pudieron ser uno de los detonantes para la publicación de esta encíclica. El texto atribuía al posible origen evolutivo del cuerpo humano sólo elvalor de una hipótesis no demostrada. Insistía en que hay puntos sobre los que no es posible la discusión, como el origen del alma por una intervención especial de Dios, el monogenismo y el pecado original. Posteriormente, Pablo VI, el 11 de julio de 1966, volvió a tocar el tema del evolucionismo. Por iniciativa suya se reunió un Simposio Internacional de expertos en teología para tratar el asunto del pecado original e intentar acomodarlo a la nueva visión del mundo. Juan Pablo II en 1987 con ocasión del centenario de la publicación de los Principia de Newton (que aparecieron en 1687) afirmó: “la ciencia puede purificar a la religión del error y de la superstición; la religión puede purificar a la ciencia de idolatría y falsos absolutos. Cada una puede atraer a la otra hacia un mundo más amplio, en el que ambas puedan florecer”. El 22 de octubre de 1996 el mismo Juan Pablo II pronunció ante la Academia Pontificia de Ciencias un mensaje de gran importancia histórica. Aquí se afirma que “la evolución ha dejado de ser una mera hipótesis” y que las conclusiones a que han llegado las ciencias profanas a propósito de la evolución, incluido el papel desempeñado en ella en el origen del cuerpo humano, están sólidamente fundadas. Este mensaje papal concluye un período de más de cien años de investigaciones científicas y teológicas.

Además, el 7 de julio del 2005, el cardenal de Viena, Christoph Schönberg, publicó en el New York Times un artículo en donde ponía en duda que un católico pudiera ser evolucionista. Decía que no podemos prescindir del “diseño inteligente” de la creación frente al azar de los evolucionistas. Este artículo motivó que un grupo de científicos escribiera al Papa Benedicto XVI pidiéndole que confirmarse si seguía apoyando la postura de Juan Pablo II sobre la evolución en su discurso a la Academia Pontificia de Ciencias en 1996. Por otra parte, el jesuita director del Observatorio Vaticano, padre George Coyne, publicó en la revista The Tablet, el 6 de agosto de 2005, un artículo en el que rebate los argumentos de Schönberg y en el que habla de la “creación continua” y de la “creación en la evolución”, negando que haya oposición entre Evolución y Creación.

El discurso de Juan Pablo II a la Academia de Ciencias ya citado (1996), es un espaldarazo importante. Según él la enseñanza oficial de la Iglesia no es contraria a la explicación del origen humano por evolución. Pero hay dos puntos que deben ser mantenidos: a) La evolución no es fruto del azar ni de la pura expansión de la materia. El origen de todo es el Dios Creador. b) El segundo principio es que la evolución sola no explica por sí misma el origen de la dimensión espiritual y trascendente de lo humano. La humanización es un salto cualitativo que no obedece solo a la selección natural. Deja a la Teología que busque caminos para comprender la creación del alma dentro de la concepción dinámica del mundo.

ALBERT EINSTEIN (1879-1955): LA REVOLUCION EN EL TIEMPO

“Quiero saber cómo creó Dios este mundo… Lo que quiero conocer son Sus pensamientos, el resto son detalles”.

( Einstein).

Gracias a Einstein, ya el hogar del hombre no es el espacio sino el tiempo. ¿Por qué y cómo? Es lo que vamos a tratar de ver a continuación. La teoría de la relatividad y la teoría quántica socavaron el modelo newtoniano de un mundo mecánico, y así como la segunda explica la estructura minúscula de la realidad física, la teoría de la relatividad de Einstein explica la estructura a gran escala del universo, y de esta manera cambió la visión humana del universo, descubrió cómo está construido el mundo físico y describió el movimiento de la máquina del universo. Derribó a dos de los grandes absolutos de la ciencia del siglo XIX: la inercia absoluta, definida por el éter y el tiempo absoluto (o universal) que se podía medir con el reloj, todo el mundo tendría un tiempo personal o relativo. Einstein inventó el concepto del espacio-tiempo, y afirmó la curvatura del espacio-tiempo. Ha demostrado que espacio, tiempo, materia y energía son fenómenos interdependientes. La teoría de los quanta define hoy los límites interiores del conocimiento humano, y la teoría de la relatividad define los límites exteriores. La primera ha modelado los conceptos que hoy tenemos de las realidades demasiado pequeñas para ser percibidas, y la segunda los conceptos de las realidades demasiado remotas y vastas para ser también percibidas.

Los aportes de su labor científica empiezan en 1905 cuando escribió tres ensayos definitivos para el progreso de la ciencia: en el primero hacía una verificación experimental de la teoría quántica de Planck, en el otro hablaba del movimiento browniano, que demostraba la existencia de partículas, y en el tercero exponía la teoría especial de la relatividad y la famosa fórmula E=mc2, que a primer momento es la expresión matemática de la equivalencia que existe entre la masa y la energía, o sea, que la masa tiene energía y la energía tiene masa: si se concentra suficiente energía aparece materia. El efecto fotoeléctrico le valió el premio Nobel en 1922. De acuerdo con esto, la luz no es algo continuo sino que consta de partículas (fotones).

Esta dualidad entre las ondas y las partículas se convertiría en la base de lo que sería la física quántica. Esto proporcionó los fundamentos teóricos para la televisión, el láser y los semiconductores. El segundo confirmaba la existencia de átomos y moléculas. Señaló que el concepto mismo del éter era erróneo. El tercero cambió nuestra idea del universo, éste no es estático sino dinámico, debía estar expandiéndose o contrayéndose. El movimiento browniano había sido descubierto por Robert Brown y es el movimiento aparentemente caótico que cualquier partícula pequeña experimenta en el agua o en el gas. La materia está en movimiento continuo. La teoría de los átomos es el fundamento de la mecánica quántica.

Mediante la Teoría Especial de la Relatividad, Einstein aclara problemas como la estructura de la luz, el electromagnetismo, el movimiento y la relación entre la masa y la energía (la fórmula E=mc2). No importa cuán rápido nos alejemos o acerquemos a una fuente de luz, la velocidad de ese rayo siempre será la misma: 300.000 kms por segundo. Es decir, la luz tiene una velocidad constante, sin importar la dirección en que se mueve el espectador. Resolvió de una vez por todas el problema de la velocidad de la luz. El tiempo y el espacio tienen una apariencia relativa, el tiempo cambia según las circunstancias. Demostró que la energía y la materia son aspectos distintos de la misma cosa y describió su relación a través de la ecuación: la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado, E=mc2. Es decir, demostró que la masa tiene energía, lo cual fue el punto de partida para la carrera armamentista nuclear. Esto quiere decir que la masa es energía concentrada y la energía es masa. Además, según esta teoría, el tiempo y el espacio no son absolutos sino relativos. El tiempo transcurre de acuerdo con la velocidad a la que se desplaza la persona. En la vida ordinaria como en los misterios de la física, los acontecimientos son relativos a las circunstancias, no son absolutos.

En 1913, Einstein y Marcel Grossman redactaron un informe en el que exponían que las fuerzas gravitatorias sólo eran una manifestación de la curvatura del espaciotiempo. La gravedad, en efecto, es una distorsión del espacio-tiempo. La nueva teoría de un espacio-tiempo curvo se llamó la teoría de la Relatividad General y fue dada a conocer a partir de 1916. Para muchos es la teoría más bella de toda la ciencia. Con ella se ha logrado una descripción más precisa del universo Esta prueba definitiva de la distorsión del espacio y el tiempo representó el cambio más radical en nuestra percepción de nuestro entorno desde que Euclides escribió los elementos, alrededor del 300 a.C. La Teoría General de la Relatividad transformó la concepción del espacio y del tiempo, que de ser inertes pasaron a ser participantes dinámicos en la vida del cosmos.Su teoría Especial permitió interpretar las fuerzas subatómicas más pequeñas. La teoría General nos explica lo más inconmensurable: desde el Big Bang hasta los misteriosos agujeros negros, temas en los que ha trabajado intensamente Hawkings. Desde entonces sabemos que vivimos en un universo agitado y febril: estrellas, meteoros, cometas, nebulosas, nubes de estrellas, galaxias, sistemas supergalácticos y todos los sistemas gravitacionales están un movimiento incesante, además, en el universo no hay direcciones ni fronteras. El universo einsteiniano no es algo rígido colocado en el espacio, es un continuo amorfo, sin arquitectura fija, plástico y variable, sujeto al cambio y a la distorsión. Anteriormente la vida o tiempo era más largo, relativo al movimiento que era más lento. Hoy el movimiento es más rápido y por eso todo parece más efímero. Así que el tiempo es relativo al movimiento y la velocidad. Todo cuerpo es movimiento. Por eso existe el espacio-tiempo.

Poco después de trazar su Teoría General de la Relatividad, demostró que los fotones poseían un ritmo propio y redactó una teoría quántica de la radiación según la cual todas las partículas subatómicas, incluyendo los electrones, tienen características tanto de partículas como de ondas. A partir de este descubrimiento, Werner Heisenberg, en Copenhague y otros investigadores, Paul Dirac en Cambridge y Erwin Schrödinger en Zurich, elaboraron teorías quánticas que implican la existencia de una naturaleza azarosa e incierta y que el simple acto de observación afecta a las características de las partículas. A Einstein le horrorizó este elemento azaroso e imprevisible de las leyes más básicas de la física, y nunca aceptó del todo la mecánica quántica. A partir del trabajo de Einstein, investigadores como Heisenberg, Bohr, Richard Feynman, y Stephen Hawking se lanzaron a descifrar y controlar las fuerzas del cosmos. Einstein vaticinó la existencia de la energía oscura, al señalar que, en el cosmos, debía haber una especie de “energía oscura” a la que llamó “constante cosmológica”. Energía oscura no es lo mismo que materia oscura que es una forma de materia, mientras que energía oscura es un campo que llena todo el espacio. Ambas forman la mayor parte de la masa del universo. En 1998, la energía oscura fue detectada por vez primera por dos grupos de astrofísicos.

En 1939 escribió una carta al presidente Franklin D. Rossevelt en la que afirma: “es posible provocar reacciones nucleares en cadena… Es un nuevo fenómeno que puede llevar a la fabricación de bombas”. Esto desembocó en el Proyecto Manhattan y posteriormente en la bomba atómica que estalló sobre Hiroshima en 1945. Einstein pasó los últimos 22 años de su vida en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, New Jersey, buscando una teoría unificada de la mecánica quántica con su teoría de la gravedad, la relatividad general. Quería saber si el universo era inevitable, es decir, “si Dios tuvo elección a la hora de crear el mundo”.Como dice el teólogo de la ciencia Thomas Torrance, se sabe que Einstein leía a menudo la Biblia, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, aunque no aceptaba ninguna autoridad rígida, dada su actitud mental independiente y crítica. Sin embargo, mantuvo una gran admiración por la tradición judeo-cristiana. En síntesis, Einstein no tuvo un compromiso personal religioso, pero sí un profundo espíritu religioso que se expresa en su asombro ante la inmensidad, unidad, armonía racional y belleza matemática del universo.

En una conferencia dada en Berlín decía: “… La experiencia más hermosa y profunda que un hombre puede tener es el sentido del misterio. Este es el principio básico de la religión, como también de empeños serios tales como el arte y la ciencia… Sentir que bajo todo que lo que se experimenta hay algo que nuestras mentes no pueden comprender y cuya belleza y sublimidad nos llega sólo indirectamente y como un débil reflejo, esto es religiosidad. En este sentido yo soy religioso”. En 1929, Einstein tuvo una entrevista con la revista The Saturday Evening Post, en la que dijo: “Cuando niño fue instruido tanto en la Biblia como en el Talmud. Soy judío, pero me siento cautivado por la figura luminosa del Nazareno”.

STEPHEN HAWKING (1942 en Oxford) “Del El Big Bang  a los Agujeros Negros”

“Si descubrimos una teoría global… podremos participar en el debate sobre la pregunta de por qué existimos el universo y nosotros. Si damos con la respuesta a esta pregunta, ese será el triunfo definitivo de la razón humana; en ese momento, conoceremos la mente de Dios”.      (S. Hawking).

J. Horgan expresa esta opinión de Hawking: “Yo sospecho que Hawking –que tal vez tenga menos de buscador de la verdad que de artista, ilusionista y bromista cósmico- sabe desde siempre que encontrar y validar empíricamente una teoría unificada será una tarea extremadamente difícil, por no decir imposible… Hawking es un practicante magistral de la física y la cosmología irónicas” La cantidad abrumadora de sus ideas .en el campo de la física y de la cosmología produce perplejidad. Se ha empeñado en la búsqueda de una teoría final o definitiva la cual podría ayudarnos a conocer la mente de Dios. Claro está que Dios no existe, afirma, la teoría final excluye a Dios del universo y acaba con todos los misterios. Así que desarrolla la idea de los agujeros negros, el Big Bang y lo que pudo haber ocurrido antes de ella, qué existe más allá de los confines del universo, la expansión-concentración del Universo, la posibilidad de múltiples universos, las nuevas ideas acerca de la gravedad y la estructura de la realidad. Los agujeros negros pierden energía en forma de gravedad, se encogen, y por último, tras billones de años, explotan, lo que explica, quizás, los estallidos ocasionales de energía en el universo. Hizo avanzar la idea que se tenía de los agujeros negros: éstos no son infinitos, ni en ellos desaparecen las leyes de la física. Son objetos del universo que obedecen a la ley de la entropía y, por lo tanto, tienen tiempo. Constantemente están engullendo materia y energía: miles de estrellas por minuto. No son invisibles, sino que pueden ser observados por las leyes de la física. Un agujero negro tiene tiempo y entropía y puede estallar o explotar al final. De igual modo, Hawking combinó por primera vez la mecánica cuántica con la relatividad. También ha desarrollado la teoría de la supercuerdas según la cual existen cuatro fuerzas fundamentales: 1) la gravedad, descubierta por Newton y que controla la estructura más amplia del universo, incluyendo los planetas, las estrellas y las galaxias; 2) la fuerza electromagnética, que es la que mantiene unidos los átomos y es responsable de toda las reacciones químicas; 3) la fuerza nuclear fuerte, que mantiene unidos los protones y neutrones, es responsable de las reacciones tales como la fisión o la fusión nucleares; 4) la fuerza nuclear débil, que responde por la desintegración radiactiva del núcleo, cuando hay emisión de partículas alfa y beta. A esto se agrega que el componente básico de la materia no son partículas sino cuerdas diminutas y unidimensionales, millones de veces menores que un núcleo atómico y que a menudo adoptan la forma de una cuerda.

TEILHARD DE CHARDIN (1881 -1955) UNA EXPLICACIÓN CATÓLICA DEL EVOLUCIONISMO

“Somos polvo de las estrellas convertido en personas”.      (A. Peacocke).

Aunque el pensamiento de Teilhard sea una respuesta directa a Darwin, desde el punto de vista de un científico católico, él asume también los logros científicos de Einstein para mostrar que el pensamiento católico puede avenirse muy bien con los resultados de la ciencia. La obra del P. Teilhard tiene dos dimensiones fundamentales. Una puramente técnico científica que gira en torno al Fenómeno Humano, y otra de carácter más puramente cristiano: el Medio Divino. Como lo expresa el P. De Lubac, “así como El Fenómeno humano asume, para trastornarla de arriba abajo, en beneficio del hombre, la idea de la evolución universal, igualmente puede decirse que el Medio divino asume la idea de evolución universal, continuada en el Hombre… pero transformándola también de arriba abajo en beneficio de la agregación del Hombre a Dios solo” Es por eso que .en la Energía Humana expresa este pensamiento que compendia todo lo que hemos estado considerando en este estudio: “el sentido cósmico debe por tanto confluir en el sentido cristiano”, el cual consiste en que “la Persona de Cristo es principio y alma de la evolución”

En resumen, “su programa consiste en tres palabras: “cristificar la Evolución” y también evangelizar “el mundo moderno de la ciencia”. En su renombrada fórmula E=mc2, Einstein demostró que la energía y la materia son transformables la una en la otra. Teilhard, por su parte, ha formulado la ley de la “complejidad-conciencia”, según la cual la materia es fuente de siquismo y conciencia. De lo que se concluye que la energía física no es la única realidad, sino que coexistente con la realidad material encontramos la energía síquica, que escapa a los instrumentos científicos. El principio de incertidumbre de Heisenberg, por su parte, ha señalado que en los constituyentes últimos de la materia hay espontaneidad: “No son electrones definidos los que gravitan alrededor de los núcleos atómicos, sino nubes de probabilidades”. Esas probabilidades o espontaneidades elementales van constituyendo siquismos cada vez más consistentes. “A su manera, la materia obedece, desde el origen, a la gran ley biológica de complejificación”, dice Teilhard. Acogiendo la hipótesis del huevo cósmico o núcleo inicial del sacerdote católico belga, G. E. Lemaitre (m. 1966), expuesta según la idea del Big Bang por el físico ruso-norteamericano George Gamow (m. 1968) y desarrollada por Hawking, según la cual toda la materia del universo estuvo comprimida y luego explotó para iniciar la expansión del universo, por un proceso cósmico de disminución del calor original, se fueron produciendo los elementos materiales, los planetas, el sol y la tierra, la teoría de la evolución de Teilhard explica la evolución. La tierra, a su vez, originalmente era un gran laboratorio que producía, por constantes mutaciones, nuevos elementos. El vapor del agua se condensó, y la tierra se llenó de agua, surgieron así los mares y los océanos. Fue así como en las aguas los rayos ultravioletas originaron nuevas síntesis de los primeros compuestos orgánicos y se van originando asociaciones moleculares cada vez más complejas. Se produce luego la célula y se inicia la biosfera: “Deus creat uniendo”. Como quien dice, el mundo viviente se fraguó en los mares. En las aguas poco profundas aparecen los anfibios y los grandes reptiles. Esto ocurrió en la era secundaria (o mesozoica), hace 135 millones de años. La era primaria (o paleozoica) fue hace 360 millones de años. En la era terciaria (o cenozoica), hace 54 millones de años, se desarrolla plenamente la biosfera. Es cuando surgen los mamíferos y aparecen los primates, a través de los cuales se continúa la evolución de la vida. En la era cuaternaria, hace un millón de años, aparece el hombre. Como se ve, el hombre está hecho con el limo de la tierra. Se suceden varias ramas de antropoides: el pitecantropo, el sinántropo, el eurantropo y el hombre de Neanderthal, para culminar todo en el homo sapiens, en el que aparecen la religión y la socialización.

Termina aquí la evolución somática y se inicia la evolución síquica. Hasta ahora, la génesis del hombre estaba a cargo del cosmos, en adelante el cosmos mismo va a depender el hombre, que tiene ahora en sus manos la suerte del universo. En otras palabras, en el hombre culmina el anhelo cósmico de ser-más. Por ello, el hombre es la clave de comprensión del universo, y al mismo tiempo es el “centro de construcción del Universo” El hombre es, pues, “en primer término un fenómeno cósmico”, es “el más grande acontecimiento telúrico y biológico de nuestro planeta”.

Hasta ahora, el hombre ha estado dependiente de un proceso cósmico-evolutivo, pero ha entrado ya en el proceso social-histórico para realizarse en la comunidad, mediante el trabajo y la técnica. De esta manera, “le corresponde al Hombre prolongar en cierto modo la creación, entrar en los puntos de vista del Creador, presentándole su concurso voluntario a la obra empezada sin él y para él”. Gracias a la técnica una mayor cantidad de energía humana está quedando libre para el pensamiento, la investigación y la ciencia. Hemos entrado en la Noosfera que no será una máquina de hacer cosas, sino una “inmensa máquina de pensar”. Pero no termina aquí el proceso evolutivo y científico. Teilhard ve un punto de maduración del universo, un punto que él llamó Omega, punto que corona a “la ciencia de la evolución”.

Omega es el nombre científico de la culminación de la evolución, pero en el lenguaje de la teología cristiana es el Cristo cósmico. La ciencia por sí misma es incapaz de descubrirlo, y ésta es una de sus limitaciones.

Tomado del artículo muy bueno:

LOS DESAFÍOS DE LA CIENCIA: QUEHACER NUEVO  DE LA TEOLOGÍA de ADOLFO GALEANO A. OFM

http://revistas.upb.edu.co/index.php/cuestiones/article/viewFile/610/562

Teología Cuestiones Teológicas, Vol. 37, No. 87 p. 11 – 50, Medellín – Colombia. Enero – Junio de 2010, ISSN 0120-131X


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