Posteado por: Juan | enero 21, 2011

SU VERDADERO NOMBRE ES BELLEZA: EXPERIENCIA ESTÉTICA Y FE CRISTIANA

Cuando el creyente intenta expresar su experiencia de Dios, recurre a palabras como “amor”, “vida”, “verdad”, “bondad”. Y cuando los teólogos intentan depurar ese lenguaje le añaden adjetivos como amor “infinito”, vida “eterna”, verdad “absoluto”, “suma” bondad. Pero ¿por qué nos servimos tan poco de la belleza para expresar la experiencia de Dios? Y más generalmente, ¿qué relación existe entre la experiencia estética y la experiencia de fe cristiana? El autor del presente artículo no sólo se propone responder a estas preguntas, sino que precisa hasta qué punto la literatura y el arte constituyen un auténtico “locus theologicus”, una fuente a la que los teólogos pueden acudir en busca de un lenguaje que sea capaz de expresar hoy la experiencia de fe cristiana. His Very Name Is Beauty: Aesthetic experience and Christian Faith,  Louvain Studies, 20 (1995) 316-331.”Tranquilo, cerré los ojos. Un placer sosegado, misterioso, tomó posesión de mí  -como si todo este milagro verde a mi alrededor fuese el mismo paraíso, como si todo el frescor, el aire y el sereno éxtasis que estaba sintiendo fuese Dios. Dios cambia su apariencia cada segundo. Bendito el hombre que puede reconocerle en todos susdisfraces. En un momento es un vaso de agua fresca, instantes después es tu hijo, sentado sobre tus rodillas o una mujer encantadora o quizá no es más que un paseo matutino. Poco a poco, todo lo que me rodea, sin cambiar su forma, se convierte en un sueño. Yo era feliz. La tierra y el paraíso eran una misma cosa. La vida se me parecía como una flor en el campo, con una gran gota de néctar en su centro. Y mi alma, una abeja salvaje dispuesta a libar.”¿Apunta esta confesión de Nikos Kazantzakis en “Zorba, el griego” a una fe panteísta? No necesariamente. Puede implicar un significado cristiano para quien acepta  el concepto de Dios de Paul Tillich como el  ultimate concern (último punto de referencia) o para quien puede decir con Martín Lutero: “Aquél a quien tu corazón se adhiere, éste es tu Dios”. El fragmento relata una experiencia religiosa auténtica y viene a ser un ejemplo de misticismo natural, con reminiscencias de espiritualidad franciscana.

¿Quieres seguir leyendo este artículo de HERMAN-EMIEL MERTENS?

Está disponible en http://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol36/142/142_mertens.pdf

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