Posteado por: Juan | febrero 1, 2012

NUESTRA VIDA OCULTA CON CRISTO EN EL CORAZÓN DEL COSMOS – Margaret Muldoon

(para las Hermanas Contemplativas de la Sagrada Familia de Burdeos en su capítulo)

Considerando el tema de este Capítulo, me di cuenta de que tenemos ante nosotras cuatro historias: la historia del Universo y de la Tierra, nuestra historia cristiana y la historia de nuestra familia, dentro de la que se encuentra la historia de vuestra vocación contemplativa. Las cuatro están interrelacionadas, nosotras vivimos en todas ellas y todo lo suyo es importante para nosotras. Naturalmente, hay una diferencia muy grande entre 14 miles de millones de años y 150 años. Sin embargo, esas historias forman parte de un contexto en el que vivimos. Nos revelan quienes somos, nos revelan el misterio de Dios. Están entretejidas en nosotras, son parte de nosotras, nos forman y nos moldean. Sin embargo, cada historia es diferente y puede considerarse independientemente sin perder de vista el hecho de que permanecen conectadas e interconectadas.

Nuestros antepasados ampliando la investigación a través de las formas de vida y en las estrellas, llegaron hasta los comienzos de la bola de fuego originaria. Este universo es una simple manifestación de la energía multiforme de la materia, el pensamiento, la inteligencia y la vida. (Brian Swimme)

Caroline Webb (El Místico Cósmico, caroline-webb.com) dice esto de otra manera: nuestros cuerpos expresan toda la historia dela vida en nuestro planeta. Y la historia es también la historia de cada montaña, de cada río, cada océano y cada charca. Y cada milímetro de roca y tierra, cada jirón de vapor de agua y cada aliento de la atmósfera está soplando sin cesar alrededor del globo. En nuestros cuerpos fluye el conocimiento de un planeta entero, un sistema solar completo y el universo ¡No hay nada más espectacular! ¡Qué motivo de celebración!

Lo que estamos aprendiendo actualmente sobre nuestro cosmos es asombroso y a menudo abrumador para nosotras. Sabemos ahora, gracias a los descubrimientos de la ciencia, que el cosmos tiene alrededor de 13.7 mil millones de años. En algún punto, y nadie sabe cómo ni cuándo, la historia del cosmos empezó en un determinado momento llamado a veces “el big bang”, cuando todo lo que había de formar parte de la vida estaba contenido en un simple acontecimiento. A partir de ese momento, todo lo demás empezó a evolucionar y a manifestarse… y continúa haciéndolo hasta ahora. Puede ayudar en este momento la imagen citada por Cletus Wessels en Jesús y la Nueva Historia del Universo “la semilla de todo”. Tú y yo, cada ser viviente, cada planta y animal, cada estrella y planeta, montaña y llanura, río y océano, roca y pedrusco, tienen su principio en la “semilla” de aquel primer momento. Estamos íntimamente conectados unos con otros y con toda la creación porque todos compartimos el punto de partida y todos estamos creados de la misma materia. Nuestra vida está arraigada en y conectada a toda vida, a todo lo que ha sido y a lo que será. Participamos en un único y continuo acto de creación.

Reconocemos que el cosmos, desde el principio, está empapado por la presencia amante de un Dios compasivo. Que el cosmos es aquello a través de lo cual Dios nos comunica por medios visibles algo del invisible. Camino hacia la eternidad. Una expresión de amor invisible.

Y nosotras afirmamos en nuestro Compromiso Colectivo que a la luz de la nueva visión cósmica que se abre ante nosotras, nos damos cuenta que entre todas las formas de vida del universo existe una total interdependencia y como un todo íntimamente relacionado del cual los seres humanos formamos parte. Así, realizamos que la comunión abarca no sólo a nuestros hermanos y hermanas de la humanidad, sino a toda la familia cósmica.

La historia del planeta Tierra empezó hace alrededor de 4,6 miles de millones de años, después de haberse formado y moldeado durante un prolongado proceso: El primer signo de vida empezó como una simple célula o bacteria. Retrocediendo a nuestros orígenes como seres humanos, podemos remontarnos hasta hace 1.9 miles de millones de años. En una época más reciente, con nuestra cortísima historia en la tierra y más corta todavía en el cosmos, pensábamos que éramos el centro de la tierra y que todo lo demás estaba a nuestro uso y beneficio. Ahora nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos y que tan cerca que habíamos venido a destruir un sistema que había vivido sin nosotros durante millones de años.

Hay muchos puntos importantes respecto a la tierra en la Carta de la Tierra del 2000.Aquí quiero sencillamente hacer alusión a algunos de ellos que afirman que la preocupación por el bien común es vital si queremos dar respuesta a la crisis creciente de la tierra. Está claro que debemos desarrollar un nuevo sentido de interdependencia global y compartir responsabilidades respecto al bienestar de la tierra, de todos los seres humanos y de la creación. Algunos de los valores subrayados son: colaboración, participación, relaciones mutuas y la no violencia. Respecto a los derechos humanos, los pobres, los vulnerables, los débiles están en el centro de esta Carta. En todo ello, vemos un reflejo de nuestro Carisma y espiritualidad, y nuestra propia comprensión de esta gran realidad. Nuestros Compromisos Colectivos de 1999, 2002 y 2008 manifiestan nuestra creciente comprensión y nuestras opciones a promover la vida, el desarrollo sostenible, las relaciones mutuas y la comunión con toda la Familia cósmica.

Por medio de nosotras, el universo permanece atento a su Fuente, misterio de Amor transformante, que nos invita a una comunión sagrada que unifica y sana el mundo. En nuestra manera de responder como especie humana o como comunidad de fe, hay una diferencia incalculable. El futuro del planeta tierra está en nuestras manos. Escoger la vida hoy nos abre a una nueva conciencia y a una nueva visión del mundo, y nos urge a un cambio de mentalidad, así como a comprender, a sentir y a situarnos en un nuevo modo de relacionarnos con Dios, con la humanidad, con la tierra y con toda la creación.

Nuestra historia Cristiana empezó hace 2000 años, aunque podamos encontrar rastros de sus raíces hace unos 4000 años, íntimamente unida a la historia de Israel. En un momento dado en el tiempo, Dios que había permanecido activo y creador en el mundo desde el primer momento, decidió identificarse más visiblemente con el mundo, por medio de Cristo. La encarnación lo hizo posible para que alcanzásemos niveles más altos de apreciación de cada cosa en cada lugar.

Así podemos decir que todo está relacionado con Cristo y que por lo tanto todo lo que hay en el mundo es precioso.

Él es el principio de todo […] y tiene la primacía sobre todas las cosas. Dios en efecto tuvo a bien hacer habitar en él la plenitud, y por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas. (Col 1, 19-20).

Al principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. […] Todo fue hecho por ella, y sin ella no se hizo nada de cuanto llegó a existir. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. (Juan 1, 1-4)

Padre, glorifícame con aquella gloria que ya compartía contigo antes de que el mundo existiera. (Juan 17, 5)

Por eso, la invitación hoy es a vivir con corazones contemplativos que reconozcan algo de Dios en cada cosa y en cada ser. Desde nuestra propia y limitada historia, quiero recordar las palabras que escuchó Milady Peychaud durante la Bendición milagrosa, palabras que también oyó Moisés cuando Dios se reveló a él como YO SOY EL QUE SOY. (Éxodo 3, 14)

Yo soy aquel que es… ¿No podemos decir que sea ésta una afirmación de que Dios está en todo y que todo está en Dios? ¿Que el concepto de Dios y de la existencia no son más que uno? ¿Que no pueden separarse, es decir, que todo es sagrado cuando se mira a través de la lente de un Dios que proclama:

“Yo soy el único que es”? Todo revela algo del misterio de Dios que es “YO SOY”, pero nos hace falta una mirada contemplativa, oídos y corazones que capten un indicio del infinito misterio de Dios, revelado en la diversidad y unidad, en complejidad y sencillez en lo pequeño y lo grande, en lo ordinario como en lo extraordinario, vulnerable y fuerte. Por eso, cuando vivimos desde una actitud contemplativa, podemos deleitarnos y maravillarnos de todo ese sin número de revelaciones del “Yo soy” de Dios.

Quizás de nuevo, podemos oír a Jesús decirnos: “Yo soy el camino”, el camino al que nos invitamos mutuamente, es el camino en que le seguimos a él. Y con la comprensión que tenemos hoy, podemos decir que el camino que nos conduce a algún lugar de la creación es el camino que nos lleva a Cristo. Que para Cristo el Amor es la llave de nuestra manera de estar en el mundo, porque el Amor es Dios y por consiguiente es el AMOR quien lo es todo en la existencia.

Margaret Wheatley (Leadership and the New Science) dice: Lo que da energía al poder, positiva o negativa, es la calidad de la relación. Todo lo que se relacione a través de la coacción o de la indiferencia de otra persona, crea energía negativa. Quien está abierto a los demás y los ve en su plenitud crea energía positiva. El amor en las organizaciones, es entonces la fuente más potente de poder que tenemos disponible.

Así crecemos gradualmente en nuestra conciencia de que estamos identificados con Cristo en cualquier cosa que hagamos. A los ojos del cristiano, el mayor milagro que haya ocurrido ha sido la Encarnación en que Dios identificado personalmente con la creación, hace comprensible todo en términos de divinidad, y la divinidad comprensible en términos de todo en todas partes. El milagro inefable consiste en que, teniendo nuestros ojos abiertos para ver la creación, se siente animado por la grandeza de la expresión del amor, del perdón, de la promesa de vida eterna. Quien quiera que crea en estas cosas, está ya viviendo el milagro.

Y nosotras, que hemos respondido a la llamada a seguir a Jesús, estamos invitadas a vera Cristo en todas las cosas. O, con palabras nuestras: a amar, buscar y desear a Solo Dios en todas las cosas. En la verdadera comprensión cristiana, cada cosa comporta en sí la fidelidad a Cristo. Y Cristo nos comunica, por medio de cada una de ellas, una manera de su presencia permanente, su verdad, su amor, su compañía y disponibilidad, su misterio, su esperanza, su promesa. Cada criatura es comprensible a la luz de su carisma particular, en términos de que hace algo real. Ahí encontramos la presencia mística de Cristo, el Dios entre nosotros, que se puede discernir en las criaturas, dónde estén, sean lo que sean, es decir, expresiones externas de la vida interior de Dios.

Como la historia del Universo, la de la Tierra, o la historia cristiana, la nuestra es también una historia que desarrolla, a través de luchas y dificultades, alegrías y fallos. Es una historia que todas vosotras conocéis muy bien, y empieza con las tres jóvenes que se reunieron el día domingo de la Trinidad del 1820. Un momento significativo en esa historia fue la Bendición milagrosa del 3 de febrero de 1822, al que ya he aludido y que ha tenido un impacto especial en vuestra vocación contemplativa.

Sabemos que la Familia de Pedro Bienvenido Noailles creció paulatinamente y que una vocación tras otra fue encontrando su lugar en ella. Es interesante notar que muchas personas que estudian hoy la nueva cosmología afirman que si vamos avanzando hacia una nueva era de concienciación de lo que emerge, tenemos que desarrollar el arte de la contemplación, de la reflexión profunda y de la sabiduría. Nuestro Fundador, en otros tiempos, se dio cuenta también de que la Asociación que había fundado no estaría completa sin un grupo de hermanas que viviesen un estilo de vida contemplativo. Esta realidad de la contemplación era esencial, no sólo para aquellas que se sentían llamadas a esa vocación, sino para las demás vocaciones de la Familia. Simbolizaba así la importancia de la contemplación y de la acción que se enriquecen y apoyan mutuamente. Las Contemplativas o solitarias, como se las llamaba, estaban destinadas a ser el lazo de unión del corazón místico de toda la Asociación de la Sagrada Familia.

Oficialmente, el grupo contemplativo nació en Martillac el 1 de junio de 1859. Según la Madre Foucault, este proyecto estaba en el pensamiento y en el corazón del Fundador desde hacía mucho tiempo, durante el cual, oró y reflexionó mucho sobre esa idea. Algunas hermanas habían expresado su deseo de seguir ese camino de vida. Él estaba convencido de que una obra dedicada solamente a la contemplación sería el remate y la corona de la Sagrada Familia. Y por eso, en el momento oportuno, el Padre Noailles reunió a las cinco hermanas que serían las primeras integrantes de esta vocación.

Al escribir la vida del Fundador, la Madre Foucault dice: De manera muy sencilla y humilde empezó la obra de la oración, acción de gracias y adoración que el Fundador quería añadir como una joya a su sociedad. La Soledad se hizo “casa de retiro” abierta a todos los miembros de la Sagrada Familia. Cuando el Fundador envió al Arzobispo de Burdeos, Monseñor Donnet, las reglas que había escrito, decía en la carta que acompañaba el envío: La obra de las Solitarias es la última realización de la Sagrada Familia, que reclamaba su organización desde hacía mucho tiempo. En la Asociación tenemos solamente tres obras dedicadas a la vida activa y hay otra obra que desde hace mucho tiempo habían pedido todas y de todas partes para dedicarse en la paz a una vida de oración. Para responder a esa vocación, tan necesaria como las demás y que completa el plan de nuestra Asociación, he decidido escribir las reglas de esta nueva y última rama.

A lo largo de un tiempo de dificultades, de búsqueda y reflexión, habéis alcanzado el lugar donde podéis celebrar vuestra historia con confianza y gratitud. Así como llegamos a marcar un momento particular en vuestra historia, la de 150 años de fidelidad, de vuestra búsqueda y testimonio del deseo de Dios para con vosotras, celebramos con una comprensión nueva que todas nuestras historias, están entretejidas y hasta unidas en la gran historia del Cosmos. Ahora, entramos en el proceso de este Capítulo poniendo nuestro mirada en discernir la llamada que Dios os hace hoy. Os invito a permanecer en conexión con las grandes historias del Cosmos, de la Tierra, de Jesús y nuestra pequeña historia de Familia. Vuestra historia va avanzando y el cambio hacia lo nuevo es inevitable porque es un camino de vida.

Al reflexionar juntas, podréis recordar una vez más que la historia del Universo y la de Jesús –  y Dios en esta historia – nos enseñan que toda vida avanza por medio de un proceso de adaptación, de cambio, de crecimiento, de muerte o desprendimiento, para que lo nuevo pueda nacer. Esto nos recuerda que en lo que se refiere a la verdadera y profunda escucha del deseo de Dios sobre nosotras, tenemos que ser capaces de “desprendernos” de nuestras agendas personales y mantener la atención centrada en un horizonte más amplio. Si de verdad queremos estar atentas a los signos de los tiempos y verdaderamente discernir, necesitamos mantener la totalidad ante nosotras. Para vosotras, esto significa, permanecer atentas siempre a lo que el Señor os pide ahora como Vicariato.

Los signos de los tiempos apuntan hacia el futuro. Lo importante es permitir que nos desafíen. O, para expresarlo en términos de fe, dejarnos interpelar por Dios a través de la lectura de los signos… Qué tenemos que evitar como imposición de nuestras ideas preconcebidas sobre la realidad actual. Nuestro objetivo debe hacer frente a la verdad de lo que está sucediendo actualmente, que nos guste o no. (Albert Nolan, Jesús Hoy)

Todo nuestro actuar debería tener la profunda finalidad de ordenar nuestras energías en un proceso de dar/ recibir, morir/ resucitar, que va evolucionando en todo el universo. Este es el camino que nos abre hacia la fuente de toda vida, que abre un cauce de amor en nosotros; es el camino de comunión con Dios a través de toda la creación.

Vivir nuestra vida consagrada para la misión desde esta visión cósmica es pasar por el camino pascual de desprendimiento y acogida de muerte que abre a una vida en abundancia.  Empecemos este Capítulo con los corazones abiertos a dar y recibir. Seguras de la presencia del Espíritu en medio de nosotras, confiando en la inspiración de Jesús, María y José, sigamos adelante con fe, esperanza, amor y gratitud.

Original en http://es.scribd.com/doc/10247337/Apert-Sp-Cap09-Corrected


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