Posteado por: Juan | abril 5, 2012

Interconexiones: Viendo el Mundo en una Nueva Dimensión – Elaine Prevallet, S.L.

(Una tarducción del artículo de la revista “Human Development” Spring 2012

disponible en http://www.humandevelopmentmag.org/articles/fa-spring12.pdf)

“Para nuestros tiempos, que hemos llegado a una consciencia de la evolución significa algo muy diferente y algo mucho más importante que cualquier otra cosa que hemos descubierto… Significa (como sucede con un niño cuando se adquiere el sentido de la perspectiva) que nos hemos nacido de nuevo a una nueva dimensión”.[1]

Esas palabras de Teilhard de Chardin me llamaron la atención: ¿nacido de nuevo a una nueva dimensión? El universo como lo conocemos ahora requiere que conectamos los 13.7 mil millones de años de desarrollo desde su origen en el Big Bang con la evolución de la vida en el planeta Tierra. La historia del cosmos y nuestra historia humana es una sola narración, nuestro planeta y sus diversas formas de vida han surgido de eones de desarrollo cósmico.[2]

Y, sin embargo, ¿por cuántos de nosotros la evolución es algo más que  un hecho o una hipótesis científica? ¿Hemos realmente considerado la diferencia que hace a nuestro entendimiento de quienes somos? ¿Ha cambiado nuestra perspectiva?, y si es así, ¿cómo nos ha cambiado? Hace un ratito (en el tiempo cósmico), los científicos fueron perseguidos por proponer que la Tierra no era el centro del universo. Ahora tomamos como hecho que la Tierra es un planeta muy pequeño en una galaxia entre miles de millones, dando vueltas alrededor de una estrella que llamamos el sol. Los científicos especulan que los seres humanos conocemos sólo el 4-6% de la extensión del universo, los agujeros negros aún desafían la exploración humana. Hace medio ratito (en el tiempo cósmico), no habríamos imaginado que haya una conexión entre las estrellas y el agua y los peces y los humanos. No sabíamos cómo conectar los puntos. Pero ahora estamos realizando todas estas observaciones con instrumentos terrestres, interpretado con nuestros ojos y orejas, el cerebro y la imaginación terrestre. Así veamos el universo. La conciencia histórica es ineludible. Los seres humanos estamos en el proceso de cambiar nuestra percepción dejando una visión del mundo en el que todo es sólido, estable y permanente. Estamos ajustando nuestra visión a un universo en constante cambio, siempre en expansión y siempre en el proceso de evolución. Visto a través de este nuevo lente el mundo se ve muy diferente. Las cosas que se percibían tan grandes ahora pueden parecer muy pequeñas, las cosas que importaban mucho ya no parecen tan importantes. Algunos nuevos temas y nuevas relaciones vienen al centro del escenario.

Podríamos sentirnos desorientados, porque cuando el marco de referencia cambia, todo cambia. No es solamente nuestra historia cósmica-terrestre-humano que está cambiando, nuestra fe también. Reconocemos que el Creador ha estado creando desde el principio, como la Fuente de este maravilla emergente en un inicio y después durante todo el proceso de desarrollo. Se habla de la Creación en tiempo presente: Dios no solamente ha creado “en el principio” sino está creando ahora. Ya que no existe el “allí afuera” para botar nuestra basura, tampoco existe el “cielo afuera” donde Dios habita en un esplendor solitario para castigar o premiarnos. El universo es un solo evento continuo ocurriendo mientras vivimos.

VÍNCULOS INEXTRICABLES

Las ciencias están redefiniendo lo humano. Ya no somos seres separados y autónomos como habíamos pensado. La física nos ha identificado como configuraciones densas de energía sin ninguna distancia entre nosotros, campos de energía que continuamente están afectando y siendo afectados por el mundo alrededor. Los biólogos usan la imagen de células separadas pero unidas en organismos multi-celulares, continuamente mutando, avanzando, organismos dentro de otros organismos creando comunidades de vida nuevas, originales, complejas, cada vez más conscientes, cada una conectada con una diversidad de otros organismos en un intercambio continuo. Cada uno de nosotros es una comunidad dentro de una comunidad.[3]

Estamos comenzando a reconocernos como una familia humana y reconocer todas las especies anteriores en el planeta como nuestros antepasados. Este compósito de organismos que llamamos humanidad está mandando y recibiendo mensajes de todo alrededor – del aire, del sol, de la luna, la las mareas del océano – modificando nuestra temperatura, nuestro metabolismo, nuestros sentimientos, nuestras pensamientos. Los océanos, las montañas, los desiertos, las atmósferas – muchas más conexiones de lo que podemos imaginar y cuya funcionamiento ni podemos comenzar a entender. Y cada célula realiza su contribución individual en el proceso de vincularse. Todas tienen su lugar, sirviendo el bienestar y avanzando la vida del todo. Imaginas un organismo llamado humanidad, participando plenamente con el resto de la creación en una coherencia, una sinergia. Es la imagen del Cuerpo de Cristo, en un paradigma nuevo y enorme. “Por medio de él, Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra… Por medio de él, todo se mantiene en orden” (Colosenses 1:16-17).

La tecnología – las satélites, la televisión, el internet, los celulares – han dado luz al “cerebro global”, obligándonos a estar conscientes de los vínculos inextricables entre las comunidades de vida de la Tierra. Pensamos, por ejemplo, de la consciencia emergente del cambio climático, del movimiento “verde”, de las redes entre movimientos políticos como el “Movimiento ocupar” y la voz de la no-violencia. Tenemos que darnos cuenta que estamos recién comenzando a vivir dentro de este paradigma como la esperanza para nuestra supervivencia. El organismo “humanidad” está unido en redes globales. Y por más que la tecnología nos puede conectar, no nos puede unir. “Solamente el amor es capaz de unir los seres vivos en una manera que nos completa y nos  llena… porque solo el amor nos toma y nos une por lo más profundo de nuestro ser[4] Esta es la tarea. ¿Cómo vamos a unirnos en el nivel más profundo? ¿Podríamos ayudarnos mutuamente a desarrollar esta sensibilidad?

A TRAVÉS DE UN LENTE DISTINTO

A veces los mejores regalos vienen en paquetes sencillos. Al ver brotar peonías en el jardín de mi casa, me asusté ver las hormigas caminando por todos lados. Imagine que las hormigas iban a comer todas las flores antes de tener la oportunidad de florecer. Al compartir mi ansiedad con un amigo, se reía de mí. Las hormigas, me explicó, en este caso son esenciales para el éxito de las flores, comen la sustancia pegajosa que cubre los capullos y dejan a la flor abrirse. Lejos de ser destructivas, juegan un rol importantísimo en el ciclo de vida de las peonías. Para mí, el darme cuenta de esto fue un momento clave. Estuve observando un padrón fundamental de cooperación en la naturaleza, pero lo había interpretado por el filtro de la competencia – mi lente cultural estadounidense.

¡Los vínculos son claves para la sobrevivencia! Yo había leído sobre – y ahora empecé a prestar atención a – la relación generalmente armoniosa entre las criaturas de la Tierra y con su medio ambiente, cada una con su nicho ecológico, contribuyendo su propio talento, dependiendo de las contribuciones de los demás. Con tanta rapidez las aves carroñas llegan a comer después de la muerte en la naturaleza. Con tanta prisa los escarabajos aparecen a comer los desechos – comiendo bien ellos y enriqueciendo la tierra a la vez. Al observar mejor todavía, empecé a ver la cooperación por todas partes. Hay violencia, lucha y muerte además, pero la naturaleza parece haber preparado a cada criatura para cooperar en formas que dan vida a las otras especies y a su hábitat. Las hormigas y los peonías cambiaron mi punto de vista.

Parece que los seres humanos somos los únicos que no hemos encontrado nuestro nicho, nuestra forma de vivir en relación armoniosa con el resto de la creación. Estamos en trance, viendo la realidad con un lente de individualismo, dominación y competencia. En forma descuidada estamos molestando los patrones naturales de la cooperación. Pero visto en lo global, cada uno de nosotros es un participante muy pequeño en un proceso planetario enorme de mutualidad y compartir de vida. Cada integrante de la “cadena alimentaria” es el regalo de una especie viva. Somos una sola creación interconectada e interdependiente, una sola comunidad de vida. No somos los “dueños” de nuestras vidas; la vida es un proyecto compartido en que cada ser es un participante inevitable. Nada existe sin compartir su vida.

Sencillamente, no veamos bien. O mejor dicho, veamos a través de filtros deceptivos de independencia, dominación y competencia – el instinto de sobrevivencia clásico – mientras nuestra humanidad ha evolucionado capacidades como la razón, la imaginación y la compasión que pueden transcender el instinto. Pero no hemos conectado dos puntos importantes: no hemos reconocido y honrado el vínculo obvio entre la Pascua de Jesús – su muerte y resurrección – y el ciclo continuo de muerte/nacimiento que caracteriza la creación entera, hasta las estrellas. El resto de la creación está participando continuamente en mi proceso de vida, manteniéndome vivo y sano, y yo ¿participo voluntariamente y conscientemente en la muerte/nacimiento que sostiene y mejora la vida continua? El misterio central del cristianismo – la muerte y la resurrección de  Jesús –  es la clave: si no estamos dispuestos a “perdernos”, a relacionarnos con la vida con humildad y sencillez, no vamos a sobrevivir. ¿Cómo puedo aprender a ver con una visión más global, con ojos nuevos? ¿Qué podría aprender de las hormigas?

FOMENTAR UN ESPACIO DE CORAZÓN PARA DIOS

En este momento de la historia nos encontramos con lo que considero el problema más grave para el cristianismo hoy, algo que los consejeros y directores espirituales deben enfrentar. Para muchas personas las palabras “Dios” o “la presencia de Dios” llevan significados inútiles y hasta equivocados. Hasta “Padre Nuestro que está en el cielo” no significa mucho para personas que entienden la creación – y la misma humanidad – en el contexto de un universo en expansión y evolución.[5] Las esquemas de referencia tradicionales son demasiado limitando; los formulas dogmáticas clásicas corren el riesgo de quedarse estancados.

Muchas personas se sienten confundidas, literalmente sin-ilusión, han perdido su norte. Los ritos y liturgias de la iglesia parecen distantes y faltan un sentido de realidad. La gente puede “dejar la iglesia” pero anhela una comunidad de ritual. Quieren rezar pero preguntan a quien están rezando. La “religión” parece pertenecer a un mundo que ya no existe. Y a la vez un sentido misterioso y oculto siga empujando. El misterio y la magnificencia del universo evocan un profundo sentido de maravilla. La gente busca algo que todavía hemos logrado nombrar en palabras adecuadas.

Nosotros cristianos creemos – o lo decimos por lo menos – en la encarnación como la medula de nuestra fe. En Jesucristo Dios se revela en forma humana. Aunque hemos aprendido de niño que “Dios está en todas partes”, teníamos poco sentido de lo que significa. Para nosotros todavía estamos dándonos cuenta: quizá comenzaremos a ver la encarnación en una forma nueva, una forma más amplia. Emanuel, Dios-con-nosotros, siempre ha estado presente, participando activamente en el proceso creativo en todo momento, en todos lados. Nuevas formas diferenciadas emergen cuando la lucha y la muerte ceden a la vida nueva. ¿Todavía tenemos que unir algunos puntos acá?

El rol del acompañante spiritual es muy importante al ayudar a las personas a encontrar nuevas formas de acercarse a lo Divino, formas de honrar la trascendencia divina mientras se reconoce la experiencia de la inminencia de Dios en el universo, creando aquí y ahora. El camino está abierto para una consciencia nueva de la experiencia de vivir en Dios y de la vida de Dios en nosotros, como Jesús enseñó. (Juan 14,20; 17,21ff.).

Nosotros mismos debemos estar muy atentas/os, conscientes de nuestro propio lenguaje, abriendo nuestros sentidos a la presencia del Misterio Santo acá entre nosotros/as. A la vez debemos prestar atención atentamente al escuchar a otros/as intentar articular su experiencia, buscando las palabras adecuadas para poder expresar algo que solamente se puede experimentar en un nivel interior profundo, sin alcanzar las palabras para articularla bien. Ninguna imagen puede contener a Dios, un acercamiento apophatico es inevitable. Necesitamos formas de meditación que honran la experiencia del silencio y del “no saber” frente al Misterio Santo.

Al mismo tiempo la belleza espléndida, el detalle, la inmensidad del universo requieren expresión y necesiten formas de oración que celebran alegremente la Presencia Divina inmersa en la creación. Siempre necesitamos llevarnos mutuamente hacia la participación generosa y plena en el misterio pascual realizándose en todas las creaturas grandes y pequeñas.

Quizá estemos aprendiendo. La ciencia nos presenta un universo que es más misterioso, inmenso y elegante de lo que podríamos haber imaginado; y también es un tejido inextricable. Hay una invitación a maravillarse en todo momento. Pero no podemos quedarnos con la boca abierta, esperando que Dios escuche “el grito de los pobres”. Nosotros/as mismos, Dios-en-nosotros/as, debemos encarnar la responsabilidad. Dios espera operar en y a través de nosotros/as, a través de nuestras capacidades de imaginación, compasión y acción. Sabemos de memoria la lista de necesidades trágicas y urgentes de nuestra especie y nuestro planeta. Sentimos profundamente el dolor de las creaturas, humanos y otros, cuyos hábitats y formas de vida, cuyas agua y fuentes de nutrición hoy se han quedado contaminados con basura toxica. Es un desafío para nuestros mentes y corazones llegar a ser lo que solamente nosotros/as podríamos ser. Somos los agentes conscientes, sanadores y unificadores que el proceso cósmico de la Vida ha desarrollado para servir la Tierra.

Ahora sabemos cómo unir los puntos. Tenemos que internalizar el hecho que nuestras vidas no son nuestras. Cada vida está participando en un “proyecto” mucho más grande de lo que habíamos imaginado – el proyecto de la continuidad de la Vida Abundante en su proceso de evolución. Nuestra respuesta cristiana al llamado de Jesús a ser testigos con nuestras vidas al “reino de Dios” ahora se traslada a un contexto amplio. Nuestra especie está en peligro, pero además la continuidad del proceso de la vida está arriesgada. Nuestra participación en el reino debe de incluir la humanidad y todas las especies, el planeta y hasta el cosmos. Deben de expandirse nuestros corazones con una visión amplia. El reino de Dios será – tiene que ser – nuestro futuro evolucionario.

Nos enfrenta un desafío enorme: ayudarnos mutuamente a pasar a un marco de referencia mucho más grande, encontrar las palabras para expresar nuestra nueva consciencia de la presencia creadora de Dios en todo el universo. Tradicionalmente el Espíritu Santo era el encargado de realizar los vínculos. Y por la Tierra la Santa Sabiduría está de hecho empujando en formas maravillosas, forzando las puertas para llevarnos a una comunión profunda amorosa que es lo mejor de nuestras capacidades humanas. Sentimos el empuje cuando las personas comienzan a experimentar una nueva visión de la unión de toda la creación. Al final todo se mantiene unido en el Único Gran Amor. Todos/as pertenecemos juntos/as. Al comenzar a realmente sentir la conexión en nuestros  huesos y nuestra piel, tenemos nueva esperanza. Podríamos llegar a ser una creación nueva – una creación con lazos reales de amor, cuidado y compasión inclusivas. Hemos comenzado el camino. Todo – nuestras mentes y corazones y manera de vivir – tiene que cambiar. Es una experiencia maravillosa ver lo el Espíritu Santo está haciendo, trayendo una nueva visión, nueva esperanza, empujándonos hacia la unión de una nueva creación.


[1] Pierre Teilhard de Chardin, La ciencia y Cristo, trans. Rene Hague (New York: Harper & Row, 1968), p. 193.

[2] En una película reciente, “Journey of the Universe”, Brian Swimme, Mary Evelyn Tucker y John Grim han capatado en imagines maravillosas el profundo misterio de la expansion y la evolución del cosmos y la vida en la Tierra. Ver JourneyoftheUniverse.org.

[3] Bruce H. Lipton y Steve Bhaerman, Spontaneous Evolution: Our Positive Future and How to Get There from Here (New York), 2009.

[4] Pierre Teilhard de Chardin, The Phenomenon of Man, trans. Bernard Wall (New York: Harper Torchbook, Harper & Row, 1959), p.265.

[5] “El peligro es que la deidad resulta más pequeña que el universo mismo. El “tamaño” de Dios resulta demasiado mediocre para recibir la respuesta de una verdadera devoción” John Haught, Deeper than Darwin (Boulder, CO: Westview Press, 2003), p. 33.


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