Posteado por: Juan | julio 25, 2012

A LA LUZ DE LA FOTOSÍNTESIS

En lo profundo de nuestra vida hay un proceso biológico que es responsable por todos los alimentos que comemos y cada molécula de oxígeno que respiramos. Se le llama fotosíntesis.   Para muchos de nosotros comer y respirar son simplemente dos cosas que hacemos para mantenernos con vida. No tenemos ni idea que están íntimamente conectadas, y menos aún sobre cómo nuestros cuerpos se conectan con toda la historia evolutiva de la vida en la Tierra. La evolución, para el ser humano, generalmente sólo se discute en términos de nuestra salida de un cierto orden de los animales – los primates. Pero es una visión demasiado limitada para realmente comprender nuestra identidad como seres humanos.

Las pistas se encuentran en la base de nuestra vida: la fotosíntesis. En este fenómeno se encuentra una vía única para descubrir cuán profundamente estamos conectados con el resto de la vida y con el cosmos. Dentro de su acción compleja, utilizando la luz solar para alimentar la producción de moléculas llenas de energía, hay un hilo que nos une con el principio de todo.

Nuestra vida no comienza con el desayuno, el almuerzo o la cena sino profundamente dentro del cuerpo gaseoso de luz brillante de hidrógeno que baila por el cielo todos los días. Ahí es donde nuestros músculos, nuestros corazones, nuestros cerebros obtienen su energía – de un lugar en lo profundo del interior del Sol, donde los átomos de hidrógeno se fusionan y se convierten en helio. Por la fusión en el caldero del Sol existe nuestro ser. A medida que los átomos de hidrógeno dan paso a la suerte inevitable de la fusión, liberan una pequeña porción de su masa. La masa de forma espontánea se convierte en energía radiante, volviendo a su estado original en el nacimiento del universo, cuando todo estaba demasiado caliente para la existencia de los átomos. Este lugar caliente y turbulento es donde nuestra vida cotidiana realmente comienza.

Escapando de su lugar de nacimiento, los fotones de luz salen al sistema solar y en sólo ocho minutos, una cantidad muy pequeña de ellos son capturados por una molécula en la Tierra llamado clorofila. Los fotones son detenidos en su avance por el poder de resonancia atómica de esta molécula. La clorofila se encuentra en exactamente  el matiz correcto para interactuar con los fotones de energías rojo y azul. En ese momento también, nuestras vidas comienzan. En un microsegundo la energía de la radiación se convierte en el movimiento de los electrones en un complejo especial de moléculas y membranas que se encuentra esperando por este momento dentro del cloroplasto.

El cloroplasto luego agarre el carbono de la atmósfera y hace una reserva de moléculas de glucosa a partir de la cual se deriva la energía para todos los otros procesos vitales del ser vivo. Con la comida nos aferramos al poder disponible desde el nacimiento del universo. La energía continúa, llevado dentro de un ser humano. Estamos vivos.

La Tierra y la Vida han viajado juntas

El orgánulo cloroplasto que puede realizar el arte de la fotosíntesis vegetal es el descendiente de una bacteria humilde de hace tal vez 3850 millones de años atrás.   A través de su conocimiento, que se expresa en una secuencia compleja de acciones, el planeta ha sido completamente transformado. La Tierra, el Sol y la vida han estado viajando juntos como un solo sistema integral desde los primeros días del sistema solar.
¿Cómo comenzó el proceso de fotosíntesis? Todavía estamos en la búsqueda de las respuestas, pero se cree que las primeras células inicialmente sacaron la energía de las moléculas en el medio ambiente, en un proceso llamado quimiosíntesis. Pero las moléculas fácilmente disponibles para la quimiosíntesis finalmente se agotaron. La vida se enfrentó a su primera crisis energética y las células bacterianas la resolvieron con la invención de la técnica de la fotosíntesis. Agarraron a una fuente de energía que podría durar diez mil millones de años.

Las criaturas más grandes que las bacterias no podrían haber emergido sin la fotosíntesis que fue perfeccionado por las especies que ahora llamamos las cianobacterias. Una nueva estructura molecular creado de algunas enzimas nuevas y poderosas, capaces de obtener del agua una fuente aparentemente ilimitada de átomos de hidrógeno. El hidrógeno es vital para el proceso. Pero se trata de romper la molécula de agua en sus átomos constituyentes: hidrógeno y oxígeno.
A partir de ese momento, el destino de la Tierra y la vida fue cargado de un potencial cada vez más profundo y novedoso. Las células lograron no solamente sobrevivir sino también desataron un elemento químico de importancia crítica para su posterior evolución propia. Porque no servía para el proceso de la fotosíntesis, el oxígeno – la otra parte de la molécula de agua – fue libertado en el medio ambiente planetario. Durante eones, captando la luz solar para perpetuar su propia vida, las células liberaron suficiente oxígeno en el entorno de la Tierra para cambiar el planeta y la vida radicalmente. La vida y la Tierra han viajado juntas. Compartimos un destino común.

Los efectos de la infusión del oxígeno han sido enormes. A través de sus reacciones químicas con los elementos originales de la Tierra, ahora tenemos un ambiente con 21% de oxígeno. También contamos con una capa de ozono muy fina pero suficiente para proteger las delicadas moléculas de ADN de los daños que pueden ser causados por la radiación ultravioleta solar. Estos dos aspectos de nuestra atmósfera se encuentran en renovación continua hoy en día y son de vital importancia para prácticamente todas las formas de vida. También contamos con nuestros océanos. Sin la acción de la fotosíntesis para liberar el oxígeno, que se combina con el hidrógeno una vez más para formar el agua, el agua original de la Tierra hubiera evaporado hace mucho. La Tierra sería como Marte.
El aumento constante de oxígeno en el medio ambiente planetario hizo más que mantener nuestros océanos. También evocó nuevas oportunidades para el desarrollo fisiológico, cada paso construido sobre el paso anterior. Con la ayuda del oxígeno para cosechar la energía en las moléculas de los alimentos, la vida se ha convertido en algo más grande que las células individuales, algo más vigorosa y mucho más diversa. Las innovaciones comenzaron cuando ciertas bacterias empezaron a prosperar en la oferta cada vez mayor de oxígeno, hace cerca de 2 mil millones de años. Empezaron a practicar lo que llamamos respiración – el uso de oxígeno para la etapa final en el procesamiento de la energía en los alimentos. Ahora tenemos adentro los descendientes de una bacteria particularmente exitosa que podría respira, viviendo como las mitocondrias el interior de casi todas nuestras células. Es en estos bacterias “inquilinos”, cuya existencia está perfectamente conectado a través de miles de millones de años de reproducción de las mitocondrias, que se digesta la energía de nuestros alimentos, se produce la energía que necesitamos para vivir.

Las Mitocondrias y la Respiración

En las células vegetales, tanto las mitocondrias y los cloroplastos se encuentran en gran cantidad. Su presencia oculta una historia planetaria en la que los átomos de carbono y el oxígeno han estado fluyendo desde la atmósfera a la célula, y viceversa, en un proceso complejo de cambio. La vida comenzó a “respirar” el oxígeno y consumir el carbono emitido por los organismos que respiran. Por último, en un triunfo de la cooperación celular y la especialización, los primeros animales y plantas emergieron. El cuerpo de la Tierra comenzó a florecer.

Para permitir la continuación de la vida de los seres bacterianos, un planeta lleno de diversidad y lde belleza extraordinaria se ha ido forjando.   Esto es lo asombroso. Durante miles de millones de años, los organismos fotosintéticos y los cloroplastos que forman parte de las células vegetales han esculpido la química del planeta y con ello las oportunidades creativas para la evolución de la vida. Desde un deseo incesante de vivir, el camino ha sido abierto al desarrollo de la novedad. Comenzamos a ver una imagen de nuestra historia natural emergente que es holística, integral y sutil. Cantando una canción cada vez más interesante y complejo, el tercer planeta desde el Sol y la vida que ha abrazado su superficie han viajado a través del tiempo en un solo viaje entrelazado.

Viendo estos antecedentes, estamos obligados a entender que el lugar de nuestra propia especie se inserta dentro de una red de vida que no conoce el descanso en su historia, ni la separación de sus partes. La diferenciación y la individuación son verdades sólo hasta cierto punto. Si bien cada organismo y cada especie son únicos y responsables de su propia existencia, existir es algo enraizado en todas las etapas anteriores de la vida, todas las mutaciones anteriores, todos los saltos de la imaginación celular y la iniciativa de la comunidad. Esos momentos vivimos. En crisis o en la casualidad, en abundancia o en el estrés, la vida y el planeta Tierra han estado siempre en profunda interacción.

En los últimos setenta años hemos descubierto algo aún más importante que la naturaleza heliocéntrica de nuestro sistema solar deducida hace casi 500 años por Nicolás Copérnico. Hemos descubierto que vivimos en un universo en expansión. Es el descubrimiento primario. Desde este descubrimiento todo tipo de aprendizaje científico y todas las experiencias humanas tienen un contexto cósmico con una naturaleza específica. Nos dice que lo que somos, dónde estamos y cómo la naturaleza mantiene todo unido son partes de algo que es profundamente dinámico.

A través de nuestras observaciones y los trabajos teóricos de la física ahora entendemos que el universo comenzó a existir, dando a luz toda la materia que jamás hubiera existido, hace alrededor de 14 millones de años. Podemos seguir los pasos más importantes de la transformación por el cual se ha procedido. De la energía emergió la materia (átomos de hidrógeno y helio) a partir de la cual las galaxias de estrellas surgieron. Algunas estrellas gigantes murieron de forma explosiva, creando todos los átomos complejos en supernovas. Desde el material interestelar enriquecido una estrella con planetas surgió.

La fotosíntesis ha permitido que se produzca la vida compleja. Sus efectos químicos han modificado tanto las rocas y la atmósfera. Hoy en día, la sociedad industrializada desentierra los restos transformados de la vida antigua y conducimos en nuestros coches, chateamos en nuestras computadoras y mucho más como consecuencia de esta inyección de productos de la vida carbonífera en el cuerpo de la Tierra durante miles de años. Pero el efecto más notable ha sido en el delicado proceso molecular de la evolución por la liberación de un elemento dinámico en la atmósfera – el oxígeno. Las moléculas de ADN, en movimiento continuo, con su control sobre todas las otras moléculas del cuerpo, han sido especialmente sensibles a los cambios ambientales en la cantidad de oxígeno. Con esa sensibilidad han llegado muchos cambios.

La vida extendido sus poderes con la ayuda del oxígeno y obtuvo vitalidad y fuerza a través de cuales ha cubierto todas las partes del planeta. En cada etapa de la evolución de la vida los niveles de oxígeno (y la formación de una capa de ozono del oxígeno) han desempeñado un papel absolutamente crítico. Desde las eucariotas a los primeros animales y plantas a los seres vivos terrestres respirando en la atmósfera a través de los pulmones, a los mamíferos de sangre caliente aún más enérgicos y más expresivos emocionalmente, el oxígeno está profundamente implicado como un factor potente de cambio y de empoderamiento. Así, el proceso en espiral de la evolución está todo envuelto con la relación primordial de los organismos fotosintéticos y el sol.

En el ser humano la posibilidad de dar significado y propósito ha llegado a un enfoque especial. A través de nosotros el viaje que comenzó todos esos miles de millones de años atrás ahora se puede contar al mirar hacia atrás el proceso de su desarrollo.   La historia de la evolución ha generado su propio narrador.

La Tierra, la humanidad y Propósito

Nos encontramos hoy en día parados en posición vertical, seres curiosos, sensibles y socialmente intensos; detrás unos pocos millones de años de evolución de los homínidos; con enormes libertades y poderes de todo tipo. La libertad y el poder que encarnamos es la que pertenece tanto al planeta de la que hemos nacido y al cosmos a partir de la cual la Tierra ha nacido. De esa libertad tallamos nuestros propios destinos individuales y un destino colectivo.

Lo que nos queda ahora para avanzar la iluminación en la sociedad global es darnos cuenta que nuestro destino como seres humanos no está separado de la Tierra  en su totalidad. Nunca fue y nunca lo será. Estamos en un punto crítico de decisión y definición de nuestro propósito como seres humanos. Es un momento nuevo de la innovación en la naturaleza, un paso más en la evolución. También es una profundización de propósito del universo. El avance evolutivo hoy es el siguiente: solo, entre todos los otros organismos, estamos llamados a preocuparnos por las formas de vida distintas a la nuestra. Estamos llamados a romper el ensimismamiento propio en todas las especies. Como en otros momentos importantes de la evolución, hay una creciente presión para dar este paso. Nuestra salud depende de la salud de todo el resto de la naturaleza. El orden natural es integral. ‘Integral’ significa que todo está jugando una parte en el todo.

Estamos llamados por lo tanto para crear una relación de reciprocidad con la Tierra y para convertirnos en la fuerza nutritiva de la vida para el planeta como un todo. Este es el paso de la evolución cósmica que nos enfrentamos. Si no hacemos caso el mensaje sobre el orden natural podemos descubrir que el futuro será quitado de nosotros. No se puede esquivar las realidades sobre la vida.

Todo lo que necesitamos saber ya está, esperando ser escuchado y visto por nosotros, de manera receptiva, reverente y con disposición para aprender. La naturaleza es nuestro maestro y guía. Así hemos llegado a ser seres humanos. Nuestras mentes llegaron a florecer   porque   vivimos en una profunda intimidad con las flores vivas que nos rodean, con los árboles, los ríos, la tierra y las criaturas de todo tipo, mientras que por encima de nosotros las estrellas brillaban y la Luna vagaba. Las religiones de nuestro mundo emergieron de esa primitiva sensibilidad. De las religiones y las sensibilidades espirituales de diversa índole, una síntesis creativa con nuestras ciencias puede brotar. Ya está sucediendo.

Conclusión

La fotosíntesis se inventó cuando el primer suministro de energía se agotó. En ese momento el sistema solar y el universo fueron tocados por el poder de la transformación y una nueva creatividad. Hoy en día la Tierra se enfrenta a un momento equivalente, pero hay algo mucho más tierno en juego. Es la llama del significado en el universo, llevado a una posición especial a través de nuestra presencia, iluminada por los poderes de nuestra conciencia. Esa conciencia tiene sus orígenes en los primeros días y formas de vida, y ahora está revelada por nuestras diversas ciencias. Por lo tanto, una visión está emergiendo, podemos vernos a nosotros mismos como la Tierra misma en forma humana. Y puesto que la Tierra sólo vive por medio del Sol que flota serenamente en medio de la galaxia espiral de la Vía Láctea, también somos, de alguna manera más sutil, el cosmos en forma humana.

Mientras luchamos con los frutos difíciles de nuestra propia historia y enfrentamos los desafíos de crear un mundo sostenible podemos recordar la historia de la fotosíntesis, con su infusión de oxígeno que mejoró la vida, y su prestación fiel cotidiana de cada bocado de energía para vivir. Nuestros regalos han llegado con amor desde el cosmos dinámico y dramático en su misterio, su belleza. Ahora es el momento de devolver ese amor y para infundirlo en nuestras propias sociedades humanas y en las aguas, los suelos y la atmósfera de nuestro amado planeta. Es el momento para encender nuestros propios poderes de transformación, una nueva articulación de ese proceso primordial de la fotosíntesis por el bien de la vida sagrada que vive en nosotros y en todo lo que nos rodea. ¿Qué propósito más grandioso podemos encontrar?

Una versión editada del artículo de Caroline Webb en http://www.caroline-webb.com/Writings_Purpose.htm


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