Posteado por: Juan | marzo 11, 2013

La Fe Evolucionista – Diarmuid O’Murchu

(La siguiente es una síntesis de algunos capítulos de “La Fe Evolucionista” Diarmuid O’Murchu, publicado por Orbis 2002)

Front Coverhttp://www.amazon.com/Evolutionary-Faith-Rediscovering-Great-Story/dp/1570754519

Evolución: La Narrativa Renovada (Una síntesis del Capítulo 1 de “La Fe Evolucionista”)

La evolución tiende a ser explicada en una de tres formas dominantes – la religiosa, la científica o la mitológica. Como popularmente se entiende, el mito pertenece al reino de la fantasía y la especulación. La verdad de los cuentos no reside en si podemos o no verificar los hechos; podemos acceder a sus verdades más a través de la intuición y la imaginación que a través del discurso racional y la argumentación lógica.

La evolución como narración

Yo adopto la narración como mi principal modo de interpretación y exploración. La historia de un evento o experiencia desenreda y expone el significado detrás o por debajo. El observador se convierte en un participante y somos cambiados por cada historia que nos capta. Las buenas historias nos dejan preguntas sin respuesta y nos invitan a la exploración del futuro. Cada historia se codea con el misterio. La evolución en sí es una historia por excelencia, el gran relato en el que cada historia se desarrolla, enganchando a los participantes en las cuestiones últimas de significado y propósito.

Es difícil concebir hoy la enorme influencia de la iglesia cristiana en nuestra comprensión de la evolución. Durante gran parte de los últimos 2.000 años el plan de la creación del libro de Génesis fue lo que principalmente ha influenciado a los científicos y teólogos. Las cosas empezaron a cambiar en el siglo XVI, cuando Nicolás Copérnico desafió la creencia largamente sostenida de que la Tierra estaba en el centro del universo. La idea encontró gran oposición, pero los descubrimientos de Johannes Kepler confirmaron las intuiciones de Copérnico. Finalmente Isaac Newton estableció las bases de la ciencia clásica, proponiendo que el universo trabaja de una manera similar al reloj, bajo la mano guiadora de Dios. Desde el comienzo del siglo XVII la evolución se convirtió en un tema de escrutinio considerable, culminando en el trabajo pionero de Charles Darwin publicado en 1859. Darwin no sabía cómo la variación de rasgos podría surgir en los seres vivos, pero pronto el genetista Gregor Mendel proporcionó las pistas que faltaban: los factores hereditarios, ahora conocidos como genes, pasan la información orgánica a la descendencia posterior.

Heliocentric Universe (Nicolaus Copernicus, 1543)

A los científicos les gusta la interpretación darwinista de las mutaciones y la supervivencia del más apto. Bergson propuso que la evolución es impulsada por una energía creativa que él llamó “élan vital“. Lamarck sugirió que la naturaleza estaba dotada de una tendencia hacia la complejidad y la perfección. De Chardin infiere que la materia es sagrada y que se caracteriza por un incesante proceso de convertirse en lo que él identificó en cinco etapas: geogénesis, biogénesis, psicogénesis, noogénesis y Cristogénesis (o cosmogénesis “el punto omega“). Lo que hoy llamamos la “nueva cosmología” centrada en la evolución intrigante de la vida cósmica y planetaria durante 14 mil millones de años ha alterado las percepciones y entendimientos. El panorama general, en lugar del enfoque en los detalles, es lo que involucra la imaginación contemporánea. Se trata de un cambio de paradigma del tipo señalado por Kuhn (1970) – una visión ampliada y una nueva metodología que facilita el intercambio de ideas a través de varias disciplinas. Estamos superando la relación sujeto-objeto y embarcando en una nueva intersubjetividad.

La Narrativa Renovada

En el mundo de hoy la búsqueda de claridad tiende a dejar al espíritu humano empobrecido, inquieto y sediento de un significado más profundo. Tenemos hambre de un panorama más amplio. Más que nada, somos un pueblo que cuenta historias, la infraestructura narrativa está indeleblemente impresa en nuestro ser interior. Es nuestro mayor recurso para encontrar el significado y el propósito. Es muy anterior a todas las escrituras religiosas y tratados dogmáticos. El relato es un recurso fundamental para la búsqueda humana de significado en la vida. Es la clave para entender el curso de la evolución misma en su desarrollo cósmico, planetario y humano.

Como especie creativo los seres humanos rara vez han faltado en la imaginación y la innovación. Robson (1987) afirma que nos comunicamos con nuestras manos mucho antes de que habláramos con nuestras lenguas. Del paisaje alrededor también hemos tallado objetos bellos y útiles. Nos hemos comunicado y relacionado a través de símbolos, gestos y una amplia gama de interacciones no verbales. Hemos tamboreado, cantado y bailado, meditado y rezado. Es cuando honramos los milagros de la creación que nos rodea que la historia toma un significado más profundo. Ya no estamos contando historias sobre la tierra y el cosmos, estamos participando en el cuento que es la evolución. Ahora, la capacidad de escuchar es tan importante como el deseo de hablar.

Teóricos como Lovelock (1979), Margulis y Sagan (1995) y Swimme & Berry (1992) iluminan esta narrativa nueva. Lo que parece radicalmente nuevo es en realidad una sabiduría muy antigua, conocida por los y las grandes místicos y sabios. Empiezan por reconocer que la tierra y el cosmos circundante de hecho viven. Y si están vivos, les deberíamos permitir contar su propia historia.

Las historias conectan con toda la psique, de hecho toda la personalidad. El propósito de cada historia es romper nuestros puntos de vista convencionales de la realidad y orientarnos hacia una realidad más grande, con una apertura más holística a la verdad. Toda buena historia nos abruma.

La simbiosis: cómo la narrativa se mantiene unida

Walter Brueggemann (1993) afirma que somos una especie envueltos en una amnesia cultural, atormentado por el deseo primordial de volver a casa. Hemos perdido el sentido de la narrativa en su sentido primordial. Y no es sólo una cuestión de reinventar la historia, sino que se trata de la adquisición de la apertura y la transparencia para envolvernos por la historia que nos ha inventado. Sahtouris (1998) dice que hay que aprender la danza de Gaia y seguir sus ritmos y armonías en nuestras propias vidas. Ahora somos participantes privilegiados en la historia tomando conciencia de su propio desarrollo. Somos la evolución desarrollando una nueva cualidad de auto-conciencia.

Por encima de todo, la nuestra es una identidad de pertenencia. Pertenecemos a una historia que se está desarrollando durante miles de millones de años. Nuestros cerebros llevan los restos de las antiguas estructuras mamíferas, el tejido de nuestro ser está relacionado con las bacterias antiguas, y nos conectamos con las supernovas iniciales que expulsaron carbón en los espacios abiertos. Hoy en día nos encontramos con el mismo carbón en la biodiversidad de la naturaleza. Nuestros antepasados incluyen las antiguas estrellas. En un universo simbiótico nada está solo, todo está interrelacionado. Margulis sugiere que la naturaleza funciona con una sutil pero poderosa empresa cooperativa que ella llama “simbiogénesis“.

Las personas somos seres relacionales cuya identidad brota del contexto de nuestras relaciones. La psicología moderna define la personalidad en términos de relaciones, somos la suma de nuestras relaciones, mis relaciones me formaron, me dieron existencia y me han permitido crecer. El “Reino” de Jesús es un modelo radical de una matriz relacional de creatividad e igualdad. ¿Podría ser que Jesús es un representante de la humanidad en un umbral evolutivo nuevo, afirmando el ser humano en lo que hemos logrado con el tiempo e incorporando en su propia vida pistas intuitivas para la siguiente etapa?

La lección más difícil de aprender para los participantes humanos es darse cuenta de que sin el panorama general e inclusivo de esta visión compleja, corremos el riesgo de no entender nuestro papel fundamental. Solos, ninguno de nosotros puede hacerlo. Nos aislamos y alienamos a nosotros mismos de un proceso vital a la que pertenecemos radical e íntimamente. No solamente nos ponemos en desacuerdo con el proceso de coevolución, ponemos en marcha un proceso de desintegración que nos convierte en víctimas primarias.

Nuestro alejamiento de la creación en general es una fijación cultural de nuestra propia elaboración. Al retirar nuestras proyecciones culturales – nuestra necesidad de dominar y controlar – llegamos a ser más transparentes y receptivos a la realidad mayor, de su significado y misterio. Comenzamos a apreciar al otro como otro, llegamos a ser más receptivos a la historia más grande, más a gusto en este lugar que ha sido nuestro hogar durante miles de millones de años. Comenzamos a entender nuestro planeta y nuestro universo como lo que son. Y a medida que comenzamos a integrar todo esto, probablemente vamos a descubrir un entendimiento bastante diferente de lo que es Dios y la divina fuerza vital. La particularidad de la creatividad de Dios en el mundo, de lo micro a lo macro, se vuelve más transparente y convincente cuando honramos la creatividad innata de la existencia.

Nuestro Dios no genera vida desde lejos, sino que es un poder para la relación desde el centro de la creación, Dios es un espíritu generativo. Todo a nuestro alrededor y dentro de nosotros está interconectado y siempre forjando nuevos vínculos. Esta capacidad de relacionarse pertenece a la historia de la evolución del planeta y del cosmos. Hemos heredado esta capacidad y estamos incompletos hasta que aprendamos la habilidad. La ecología nos puede ayudar a aprender a relacionarnos, conectarnos y promover la interdependencia.

El proceso manifiesta su propia magia y el significado interior innata. La estructura está ordenada, elegante y destinada hacia la auto-renovación (autopoiesis), sin embargo se nutre de la complejidad y frecuentemente desafía la racionalidad humana. El conjunto es mayor que la suma de las partes y al mismo tiempo el todo está contenido en cada parte en un sentido holográfico. Pertenecemos a un universo de sistemas que interactúan de forma creativa, una red gigante de posibilidades siempre atraídos por la novedad y la innovación. En la creación no hay objetos aislados, todo pertenece a sistemas creativos e interactivos. Nada es estático o estable, cada momento está lleno con el movimiento dinámico o la danza de un universo altamente creativo. Las redes y no las instituciones se establecen para guiarnos en el futuro. Una red es una matriz abierta, flexible, sin ninguna jerarquía evidente y con una mínima estructura que facilita nuevas relaciones.

Mientras la historia se desarrolla

Tenemos que superar el reduccionismo antropocéntrico debilitante que centra la atención en nosotros. La historia evolutiva requiere que escuchemos con atención al proceso evolutivo ocurriendo durante miles de millones de años. Nuestra incapacidad de prestar atención a esta visión expansiva bien puede ser la principal causa de la alienación que a menudo experimentamos.

Cuanto más buscamos, paradójicamente, cuanto más nos damos cuenta de lo mucho que todavía tenemos que descubrir. Aprendemos a vivir con el misterio; desarrollamos la sabiduría para hacernos amigos de la paradoja. El proceso de la evolución nos proporciona evidencia duradera que la vida es alimentada y sostenida por la simbiosis, la cooperación y las energías que trabajan en conjunto.

Algo de esta nueva visión evolutiva se puede extraer de Margulis y Sagan (1995) cuando escriben: “La vida, como Dios y la música y el carbono y la energía, es un nexo remolino de crecimiento, unión y muerte. La vida es la materia vuelta salvaje, capaz de elegir su propio camino con el fin de prevenir frecuentemente el momento inevitable de equilibrio termodinámico – la muerte. La vida es también una cuestión que el universo presenta a sí mismo en forma de un ser humano. ”

Aunque el pasado indica de dónde venimos, es el futuro que inspira y motiva. Es el futuro que nos atrae hacia adelante, que nos impulsa a ser seres creativos y dinámicos. La evolución está inclinada hacia el futuro. Es tiempo de abrazar la grandeza, la complejidad y la paradoja de la evolución, una historia que continúa desarrollándose a pesar de nuestro deseo humano y religioso de tener resultados ordenados y predecibles.

1st photo Lunar Orbiter 1, August 23, 1966 380,000 km

La Teología Evolutiva: Sentido desde el Futuro (Una síntesis del Capítulo 2 de “La Fe Evolucionista”)

A diferencia de los modelos anteriores estáticos del mundo, la evolución nos invita a imaginar la naturaleza como el despliegue de una promesa, una promesa que ha sido interno en el universo desde sus inicios.                 John Haught

Contar historias inspiradas en la atracción del futuro es una estrategia antigua de sabios, filósofos y grandes líderes religiosos. Por desgracia, la prevalencia del pensamiento racional y el análisis cuantificable en los últimos siglos en gran parte ha subvertido el poder de las historias para inspirar un futuro alternativo. Todas las parábolas de Jesús, a pesar de describir hechos pasados ​​o contemporáneos, retan al oyente a la acción creativa debido al poder de un futuro alternativo que contemplan.

Tanto la ciencia como la teología cuentan la historia de la creación en términos de lo que ya ha pasado, los hechos que se puedan establecer y verificar. Contamos la historia desde nuestro punto de vista, y con frecuencia se asume que refleja el sentido último de todo lo demás. Es en esta coyuntura que el relato hecho por el hombre y la historia evolutiva comienzan a separarse.

Atraídos por el futuro

En nuestros términos humanos, el futuro tiene un aspecto sombrío e impredecible, pero vemos la realidad en lapsos de tiempo muy cortos. La cultura de control nos mueve sutilmente en una dirección que a menudo carece de confianza, imaginación y creatividad. Tenemos que pasar a una visión más amplia y más inclusiva. Tenemos que cultivar un sentido de confianza en el poder del proceso evolutivo. El patrón de la  evolución continuará a engendrar novedad radical en esos momentos creativos y críticos cuando el viejo ya no es útil

En la vista cuántica, la noción de un límite fijo y rígido ya no tiene sentido en ningún nivel. La realidad es porosa, fluida y abierta. No se centra en las fronteras, sino en los  horizontes sorprendentes que se extienden hacia un nuevo futuro. Vivimos en el futuro, el despertar de nuevas posibilidades. Si somos capaces de ser abiertos y receptivos en la quietud, estar presentes por el proceso de quietarnos, descubrir de nuevo el lugar del corazón, ser más transparentes y sensibles al desarrollo de la vida, más perspicaces y atentos, eso nos ayudará a tomar las decisiones dolorosas en términos del trabajo, las relaciones sanas, la política, etc. La visión interior no nos hace pasivos, sino sabios, imaginativos, subversivos, místicos, sensibles al cambio.

La vida siempre anhela una mayor creatividad y complejidad. Siempre hay nuevas posibilidades invitando a la exploración y ofreciendo esperanza. El futuro evoca emoción fresco y el deseo de tejer nuevas vías. El futuro nunca termina. El futuro está siempre más allá de nosotros, más grande que nuestros planes y promete más de lo que podemos imaginar en cada momento. Porque la ciencia y la religión dependen tanto de la evidencia obtenida a partir del pasado o del presente, son en gran medida incapaces de ofrecer un análisis significativo del futuro. Eso requiere un cuerpo diferente de sabiduría y la espiritualidad nos puede ofrecer la sabiduría necesaria para vivir en un futuro indefinido. La espiritualidad se refiere al poder del espíritu que inspira y anima a toda la creación, una fuerza vital acertadamente descrita en las escrituras cristianas como la energía que sopla donde quiere.

Dios no comenzó la renovación espiritual de la creación con la introducción de las religiones y tampoco debemos hacerlo nosotros. Mucho antes de que la humanidad evolucionó y mucho antes de que la religión formal apareció (en el hinduismo hace unos 5.000 años), el futuro ya estaba atrayendo la evolución en la expansión de los horizontes de la complejidad, la creatividad y la posibilidad. Cada nuevo desarrollo – las estrellas, las galaxias, las bacterias – allanaron el camino para los demás. Muchos de las innovaciones originales vinieron como sorpresa total, casi como don gratuito. Aquí es donde la atracción del futuro está más transparente. La energía creativa divina ha estado trabajando desde el principio. Nosotros somos los beneficiarios de un cosmos creativo con un futuro radicalmente abierta.

La teología evolutiva no está tan preocupada por la “cuestión de Dios” en sí. Su principal preocupación es que nos involucramos de manera creativa con esas revelaciones varios de Dios (revelaciones) que encontramos a lo largo de la historia evolutiva. Si pudiéramos empezar a apreciar algo de esta co-creatividad divina e integrarlo en nuestra vida cotidiana, lo más probable es que llegáramos a un entendimiento más fácilmente y coherente de cómo es lo divino. En nuestra preocupación cerebral podríamos perder el encuentro real con el Dios vivo presente ante nuestros ojos, en medio de la creación. ¿No podría ser el reto comprometernos con nuestro universo en evolución en todo lo posible y, en ese proceso empezar a conocer vivencialmente lo que la promesa implica?

La promesa es de todos y para todos, es global y universal en su dinamismo. Debemos compartir en proporción a nuestra singularidad y talento, pero no tenemos ningún monopolio sobre ella. No pertenece a nosotros. Cuando tratamos de controlar y manipularla terminamos engañándonos a nosotros mismos y alienando todo el resto, incluyendo nuestro planeta y el cosmos. Llegamos a ser las primeras víctimas de la arrogancia antropocéntrica.

La Posibilidad Liberadora

John Macquarrie (1966) adopta la metáfora de “dejar ser” para describir como lo divino emerge en el centro de la creación. El proceso creativo que ocurre con una libertad radical, que aparece caótico para el ojo humano. Muchos de nuestros problemas son invenciones de los seres humanos que actúan por ignorancia ciega y una fascinación adictiva a la voluntad masculina al poder. Nuestra necesidad más urgente hoy es un nuevo sentido de lo que el universo significa. Eso es lo que nos puede liberar y sintonizarnos de nuevo con el vientre cósmico que nos engendró. La religión puede formar una parte importante del problema. O bien optamos por regresar a casa con el cosmos donde pertenecemos y con el planeta que nos sustenta y nos nutre o nuestro destino seguirá siendo uno de alienación y de autodestrucción.

Haught (1993) identifica tres elementos que caracterizan la evolución cósmica: la gratuidad, la extravagancia y la sorpresa. Tenemos que descubrir una forma más humilde y receptiva de estar en el mundo para aprender a apreciar que todo es don, algo sagrado para ser valorada, protegida y valorada. Esto exige una expansión de la mente y el corazón. Nuestra cultura adquisitiva nos deja sin saber que hacer frente a la extravagancia – nos hemos olvidado de cómo celebrar la abundancia que nos rodea y compartirlo con generosidad.

La Teología Evolutiva

El caos es inherente a la libertad radical de la vida, una condición necesaria para la posibilidad creativa. Para Dios el caos, la imprevisibilidad y el desorden no son un problema. La promesa rara vez se presenta en un paquete impecable. Tiende a ser la posibilidad de activar una complejidad nueva activando el potencial, mejorando, despertando una nueva esperanza. Tenemos que recordar lo que significan nuestras vidas. Tenemos que recuperar el contexto cósmico y planetario.

La teología evolutiva trabaja con una hipótesis principal: el Misterio Originario y Sosteniendo ha sido totalmente involucrado en el desarrollo del proceso de creación desde el principio. Según Haught (2000), la teología evolutiva trata de mostrar cómo nuestra nueva conciencia de la evolución cósmica y biológica puede mejorar y enriquecer las enseñanzas tradicionales sobre Dios y la manera de actuar de Dios en el mundo. Discierne en la evolución un contexto más iluminadora para nuestra forma de pensar sobre Dios hoy.

El proceso evolutivo siempre es uno de co-evolución en lo cual todo interconecta en la danza de la co-creación. Todos estamos invitados a participar, y para gran parte del tiempo nos hemos involucrado en una forma verdaderamente simbiótica. ¿Significa esto que todos somos teólogos? Sí, así es. Dios revela de manera indiscriminada y con generosidad prodigiosa. ¿Y qué significa la revelación en este contexto? En primer lugar, denota la creatividad exuberante de Dios en las galaxias, los planetas, el polvo de estrellas, las bacterias, las personas y las formas de vida que no ha sido creadas todavía. La creación es la principal fuente de la revelación.

01_InMyBlood

 

Un vacío que se Desborda – (Una síntesis del Capítulo 3 de “La Fe Evolucionista”) 

De todas las cosas increíbles en este mundo, ninguna es más desconcertante que el espacio que nos rodea. Se ve vacío y vacuo, pero está lleno de partículas subatómicas todos erizadas de energía. El vacío no es nada vacía. Al menos el 95% del universo es espacio vacío. Rutherford estableció que los átomos constan de más de un 90% de espacio vacío. Hay una creciente conciencia de que lo que llena el gran vacío es la misma “cosa” que se materializó como los planetas, las rocas, las bacterias y los seres humanos; es el semillero y fuente de toda forma y estructura en el universo, es una plenitud embarazada llamado a menudo el “vacío creativo” o “vacío cuántico”. Brian Swimme dice que tomando el aire entre las dos manos y sacando todas las moléculas y luego los fotones de luz, ocurre algo extraño: incluso donde no existen los átomos, ni las partículas elementales ni protones ni fotones, de golpe hay partículas elementales, de pronto surgen. Las partículas emergen del vacío. La existencia misma surge del “vacío fecundo”.

La explosión maravillosa de elementos exóticos después del Big Bang – quarks, leptones y más tarde los elementos – hay que recordar, celebrar y honrar en una narración que inspirará a las generaciones futuras. Más importante aún, Eric Chaisson (2001) afirma que la energía es el tejido conjuntivo y la fuerza perdurable de todo el crecimiento y el cambio evolutivo. La luz es la fuente última de la vida, sin la luz solar no habría vida. La vida nace de polvo de estrellas, la luz y el calor. La energía es un factor común, subyacente en nuestra búsqueda de la unidad entre todos los seres materiales. Cuando prestamos atención a esta historia de la evolución, empezamos a intuir que el significado reside en las realidades que nos rodean.

La Energía Creativa y nuestra comprensión de Dios

En el desarrollo de la fe de nuestros antepasados hay poca evidencia de una figura paternal, gobernante, divino o humano. Esa imagen en gran parte pertenece a los últimos cinco o seis mil años. Antes de ese momento la imagen predominante es la de un fuerza vital espiritualmente activo. Elizabeth Johnson (1992) escribe que Dios es “el misterio que trasciende y envuelve todo lo que hay, como el horizonte y todavía más allá de todos los horizontes”. Dios como Espíritu es la comprensión más antigua y más profunda que los humanos tenemos de lo divino. Esta creencia perdurable evocaba la sensación de que la creación era esencialmente bendita. Hay una energía divina co-creativa trabajando en toda la amplitud de la creación e inspirador desde adentro. Esta energía se manifiesta en las conexiones y relaciones. La historia evolutiva es una de cosmogénesis.

Cosmogenesis afirma que la capacidad de crecer es universal y duradera. Nos hemos visto abrumados por la segunda ley de la termodinámica, que se centra en el agotamiento o la entropía de la vida. Ahora tenemos que crear un equilibrio, reclamar lo que afirma la evolución a través del tiempo: que a pesar de las fuerzas de destrucción, la vida sobrevive y de hecho prospera. Hay una tendencia en todo a crecer y desarrollarse.

El universo autoorganizado

Todas las formas de vida, ya sean orgánicas o inorgánicas, están dotados de una propensión innata a crecer y desarrollarse y llevar a buen término los potenciales internos hacia la creatividad y la posibilidad. En el dominio de los seres vivos es poco lo que es sólido o rígido. La célula biológica se ocupa principalmente de renovarse. Maturano y Varela (1973) llama a esta capacidad de auto-renovación “autopoiesis“, en referencia a la característica de los sistemas vivos a renovarse continuamente. Estamos abandonando la idea de un manipulador exterrno a favor de una fuerza que anima desde dentro. Cuando honramos y apropiado el panorama general de la historia evolutiva y empezar a apreciar y comprender su sentido de innovación y creatividad, empezaremos a ver y pensar de manera diferente. La creación que siempre está cambiando también nos cambia.

La fuerza vital divina

La energía abunda, explota la creatividad, la complejidad se  organiza, las relaciones se desarrollan y el caos derrumbe el orden pero extrañamente tiende a engendrar reorganización. Es difícil evitar la conclusión que todo está saturado en sentido o significado. Parece que estamos en un terreno más auténtico y creativo si honramos a la visión de lo divino como una inspiradora fuerza vital que habita todo la creación y al mismo tiempo lo trasciende. Tanto la intimidad de lo personal y la maravilla del misterio están salvaguardados.

La imagen de lo divino que más me atrae es el “Misterio Original y Sosteniendo” (“Originating and Sustaining Mystery”). Denota los aspectos de la creatividad abundante y prodigiosa, la originalidad, lo nutritivo. La extravagancia, la imaginación, desenfreno y lo salvaje caracterizan tantas secuencias en la vida. Necesitamos superar nuestro pequeño Dios. El Dios que supera todas nuestras construcciones y que incesantemente nos atrae hacia lugares radicalmente nuevos y nuevas formas de ser es el Dios de la gran historia evolutiva a la que pertenecemos íntimamente. Es tiempo de abrazar la apertura radical característica del universo, para abrazar la energía espumosa de la superficie del vacío cuántico con una innovación sin límites, posibilidades creativas y exuberancia divina.

El Lugar que le Corresponde a la Humanidad (Una síntesis del Capítulo 9 de “La Fe Evolucionista”)

Hemos perdido nuestro sentido de lo que es ser humano. Hemos perdido nuestro sentido de donde se ubican las raíces profundas de la humanidad y por lo tanto hemos perdido el contacto con la fuente de nuestra propia eficacia como agentes personales y morales.                                                    Danah Zahar

Nuestra principal tarea como seres humanos es vivir en el universo. En un sentido superficial, por supuesto, todo el mundo vive en el universo, porque todos estamos aquí físicamente. Pero en un sentido intelectual o espiritual o emocional, la mayoría de nosotros vivimos en otro lugar. Este es de hecho una situación extraña, pero es una deformación a la cual los seres humanos han sucumbido una y otra vez a lo largo de nuestra historia.                                                              Brian Swimme. 

Si la historia del universo se condensa en un libro de mil páginas, la humanidad aparece por primera vez en la página 994. En cuanto a la comunidad de la tierra, somos visitantes muy recientes, y por desgracia, no nos ha ido muy bien la integración con las otras criaturas que estaban aquí antes que nosotros y que ahora comparten los recursos del planeta con nosotros.

Cosmológicamente, científicamente y teológicamente con razón se puede afirmar que en los humanos la creación se vuelve consciente de sí misma. Nuestra facilitación de este proceso es única y parece más sofisticada que las demás criaturas son capaces de lograr, pero parece que estamos en gran parte inconsciente – de hecho claramente ignorantes – de la tarea cosmológica o evolutivo que estamos destinados a realizar. Parece que tenemos poca comprensión de lo que implica y un sentido terriblemente inadecuado de las relaciones de interdependencia que hacen que todo sea posible.

En términos cosmológicos somos una especie muy joven, que todavía está buscando su camino en el universo, todavía aprendiendo el lenguaje de la historia que estamos llamados a narrar. Elisabet Sahtouris sugiere que, en términos evolutivos, todavía estamos en la fase de la adolescencia. Estamos experimentando una interrupción importante de transición entre la adolescencia despreocupada y la creciente conciencia de que estamos siendo llamados a una forma más adulta, responsable y creativa de estar en el mundo.

Nuestros comienzos

Volver a casa, para nosotros y nuestra verdadera identidad, es uno de los grandes retos evolutivos y espirituales de nuestro tiempo.

En la actualidad las fechas más antiguas para una criatura que se cree auténticamente humano, aunque externamente se asemeja a nuestros ancestros primates de varias maneras, es de 4,4 millones de años. Ese antepasado ha sido nombrado por White, Suwa y Asfaw (1994) como Ardipithecus ramidus. Estamos describiendo criaturas simiescas, posiblemente caminaban erguidos, prosperando en un entorno tropical abierto del este y sur de África, después de haber abandonado los bosques, y en el proceso evolutivo de desarrollar cerebros más grandes. Richard Leakey cree que desde el momento en que nuestros antepasados adoptaron la locomoción bípeda, eran efectivamente humanos en el pleno sentido de la palabra.

Nuestro próximo paso evolutivo importante es el de Homo erectus, alrededor de hace dos millones de años, que se caracteriza más que nada por el uso de herramientas sofisticadas y las adaptaciones creativas realizadas a través del uso innovador de la mano y la mente. La creatividad forma parte de nuestro propio ser, una pista vital no sólo para nuestra supervivencia, sino también en la búsqueda de sentido que hemos perseguido durante al menos dos millones de años.

Homo sapiens evolucionó por primera vez hace unos 200.000 años en África. Lo que realmente nos convierte en una criatura racional según Tattersall (1998) es la capacidad de vivir en convivencia con el resto de la creación en una alianza subconsciente de interacción. Con el tiempo hemos perdido esta relación simbiótica.

La nuestra es una historia no sólo de supervivencia. Hemos prosperado en condiciones en las que la supervivencia es precaria. Siempre hemos ajustado a los patrones cambiantes del clima, la dislocación social, los entornos amenazantes y la exploración de nuevas experiencias.

Human Evolution

La creatividad y la evolución del lenguaje

Nuestra historia muestra una creatividad increíble. Más profundo que la voluntad de vivir es la voluntad de sentido que se caracteriza por la innovación y la creatividad. El desarrollo del lenguaje hablado hace unos 100.000 años es sólo uno de los varios avances creativos en nuestra historia humana. En el pasado, algunos estudiosos etaban de la opinión de que los seres humanos que no hablaban tampoco tenían imaginación ni creatividad. Mucho antes de que el lenguaje evolucionó en su forma contemporánea, los seres humanos se comunicaban entre sí, con nuestro universo y con la fuerza de la vida de una manera no-verbal que tuvo su propio sentido profundo de conexión. Darwin afirma que el lenguaje surgió por primera vez como el canto y luego como discurso.

Donald (1991) escribe que cada nuevo sistema sucesivo de representación se ha mantenido intacto en nuestra arquitectura mental actual, por lo que la mente moderna es una estructura mosaica de vestigios cognitivas desde las primeras etapas de la emergencia humana.

Abram (1996) sostiene que durante millones de años el universo ha estado emitiendo un repertorio de sonidos: el susurro del flujo del viento, los resonancias en el follaje, el eco de las olas del mar, el murmullo de los ríos y arroyos, la explosión de los truenos, el ronroneo de los animales, el canto de los pájaros. Como especie hemos asimilado esos sonidos hasta que finalmente llegamos a un umbral crítico y nos exhalada sonidos únicos, en un primer momento varios intentos de protolenguaje y con el tiempo el hablar verbal en sí. El papel de la respiración fue reemplazado por la invención de las vocales, pero en un principio nuestra capacidad de comunicarnos surgió como una relación simbiótica con nuestra capacidad de respirar. Nuestro discurso necesitaba el oxígeno del universo.

La transición a las palabras escritas siguió un patrón similar al de los ricos símbolos de la naturaleza, llena de elegancia fractal, con el tiempo evocando en el espíritu del ser humano el deseo y la necesidad de dibujar, pintar y con el tiempo escribir a las cosas. Deacon (1997) postula que tal sistema simbólico altamente sofisticado sólo puede ser desarrollado por una especie con un sentido ya profundamente simbólico. Antes del lenguaje habíamos sido, desde hace miles de años, una especie transparente al misterio y capaces de una sensibilidad simbólica y espiritual.

Una Especie Espiritualizada

La capacidad de relacionarse con la vida en un nivel simbólico abre las ventanas de la percepción y la sensación, cambiándonos al territorio trascendente. Empezamos a pensar y hablar sobre cuestiones de significado. La religión formal tal como la conocemos hoy en día tiene unos 5.000 años. La espiritualidad, por el contrario, tiene raíces muy antiguas en nuestra historia evolutiva.

Cuando nuestros antepasados ​​se reunieron alrededor del fuego mas o menos 600.000 años atrás ya estaban participando en conducta espiritual. El fuego simboliza la luz, la energía y el calor. Forjó conexiones con la energía que caracterizaba la creación a su alrededor. Provocó preguntas. La formación circular alrededor del fuego probablemente ha dado lugar a movimientos de danza. Se cree que la danza es la forma más antigua del ritual religioso. Hemos bailado nuestra oración por miles de años en nuestro pasado profundo. Hace unos 70.000 años enterrábamos a nuestros fallecidos con lo que parece haber sido un conjunto consciente y deliberado de costumbres y rituales.

Otro salto cuántico en la maduración espiritual acompañó la gran explosión artística de la era Paleolítica hace 40.000 años. Los eruditos están divididos sobre la manera de interpretar estos dibujos rupestres. La sugerencia de que los seres humanos adoraban a una diosa ha generado un debate más acalorado. Está claro sin embargo que se trataba de una época en la que los humanos vivían en armonía con su entorno y que la conexión con la naturaleza contribuyó a la creciente madurez espiritual. La creatividad abundaba y se manifestó en varios artefactos innovadores.

Los humanos llegaron a una nueva apreciación de la fecundidad de la tierra y de la fertilidad, lo que lleva al nacimiento de la revolución agrícola y el cultivo de la tierra hace 10.000 años. Mithen (1996) atribuye la revolución agrícola a dos factores: el cambio climático repentino y una intensidad de población que requería nuevas fuentes de alimentos. Como parte del proceso la supremacía masculina pasó a primer plano, asumiendo un modelo de poder y control.

Parece que una casta nueva de varones agresivamente ha explotado el potencial productivo de la tierra, lo que produce la adquisición y el control, las rivalidades tribales y las luchas de poder. La tierra se convirtió en un objeto de uso humano y tema de divisiones y limítrofes codiciosas. Los héroes conquistadores invocaban a los dioses de lo alto para bendecir sus esfuerzos por ordenar el mundo y rescatar la creación salvaje de las energías eróticas peligrosas del poder femenino. Así, la religión oficial llegó a existir. La espiritualidad ha sido subvertida pero no erosionada. El poder de la diosa había sido sometido, pero no eliminado.

Cuando honramos la historia evolutiva, nos encontramos con el Misterio grande en el centro de todo, pero también el Misterio radicalmente cercana, íntima, energizante, amistosa, potenciándonos y afirmándonos en cada etapa.

El Triunfo y la Tragedia de la Civilización

La agricultura spuso las bases para una nueva relación con la creación. El poder de conquistar y controlar se convirtió en el valor supremo. La construcción de las primeras ciudades en el Valle del Tigres-Éufrates dio a la humanidad un sentido de control, que posteriormente se proclamó como el amanecer de la civilización. Con esa declaración se rechazó e incluso se demonizó todo lo que había antes. La elegancia de nuestro surgimiento africana, la delicadeza de la mano de Homo ergaster, el descubrimiento del fuego y el despertar espiritual en Homo sapiens, el auge artístico paleolítico, todos fue denunciado como primitivo, salvaje, incivilizado y pagano.

Nos hemos instalado como los que podían conquistar y controlar la creación y en ese proceso se rompió la matriz de la cual proviene toda vida. Como era de esperar, hemos tratado de subvertir todo vinculado con la adoración de la diosa. Las consecuencias se nos atormentan hoy. Nuestro mundo ha desarrollado varias salidas para expresar nuestra ira, miedo y la sensación de extrañamiento: el marketing, el consumismo, el deporte competitivo, la educación competitiva, las drogas, la pornografía y la religiosidad evangélica. Ellos nos ayudan a mantenernos sanos en nuestra locura. Típicamente calman el dolor interior y exterior de nuestra alienación, pero nunca nos ayudará a identificar y resolver el problema fundamental.

Nuestra angustia no se trata fundamentalmente de nuestra humanidad, se trata de la privación que se produce cuando nos separamos de las entrañas de la vida universal. Estamos tan anestesiados de nuestra historia profunda y antigua que ya no sabemos quienes somos o lo que estamos destinados a ser en el mundo.

La relación simbiótica profunda impreso en nuestros genes y en la psique individual y colectiva nos empuja constantemente hacia la interrelación con el mundo que nos rodea. Esa ha sido la experiencia primordial para la mayoría de nuestro tiempo en la tierra.

Los Seres Humanos y la Evolución de la Conciencia

Nuestra historia evolutiva como especie humana necesita ser contada de nuevo. Un error fundamental está engendrado por la forma en que nos entendemos encima y aparte del resto de la creación. Tenemos mucho que recuperar, recordar y tejer de nuevo. Los enlaces desconectados nos empobrecen en nuestra ser terrestre, en nuestro sentido de corporalidad y en nuestra capacidad de relacionarnos. Lo más grave de todo, socavan nuestras conexiones psíquicos con la sabiduría que infunde vitalidad en la creación. En la conciencia emergente de nuestro tiempo esta sabiduría es a menudo descrito como “la conciencia” (consciousness).

Es hora de abrazar nuestra historia evolutiva completa de más de cuatro millones de años y tomar en serio la creatividad paradójica de lo divino en cada momento de ese proceso. Somos una especie interdependiente dentro de un universo interdependiente, dotados de auto-conciencia durante todo el proceso creativo.

lamadretierra1

Nuestro próximo salto evolutivo (Una síntesis del Capítulo 13 de “La Fe Evolucionista”)

La teoría evolutiva entiende la vida como un proceso bastante sencillo de replicación, mutación y selección. Después de Darwin han surgido otras percepciones, centrándose en la vida como un proceso abierto y creativo. La realidad es vista como una danza, un proceso donde el movimiento es fundamental. Sabemos que a nivel universal la energía fluye mejor en un sistema en desequilibrio.

Honrando lo Universal  

La energía se caracteriza por el movimiento, la inestabilidad y la imprevisibilidad. Es a la vez auto-organizativa y creativa, prefiere la complejidad y tiene un final abierto. El universo sabe de qué se trata, aunque a veces no tenga sentido para nosotros. Superando nuestra fragmentación dualista, sólo estamos empezando a comprender la naturaleza del desarrollo del universo, sólo empezando a comprender vagamente que íntimamente pertenecemos al útero cósmico, comenzando a volver a confiar en nuestra intuición e imaginación y aprendiendo de nuevo la sabiduría de la no-violencia. Nuestras vidas están cada día calentadas y alimentadas por la luz solar. Rodeado por simbiogénesis, estamos conscientes siempre que la vida significa cooperación y no competencia. El universo es una gran matriz relacional mantenida por el vacío cósmico. La potencialidad y la posibilidad se tejen en el tapiz de la vida.

Acercándonos a la Tierra

Estamos llegando a una profunda conciencia de que todo dentro y alrededor de nosotros está vivo. Vivimos en un organismo vivo de donde sacamos vida en todo momento. La tierra es un organismo vivo, la madre que nos trajo a la existencia, nos sostiene a través de la vida y nos recibe de nuevo al final de la vida en su propia fecundidad. La muerte es una dimensión natural de la vida reciclando sus recursos, en un proceso espiral moviéndose hacia nuevas posibilidades. Se nos invita al diálogo y a la participación. No nos involucramos con la vida sobre la tierra, sino nos estamos dando cuenta que la vida es la tierra.

Redefiniendo el Humano

Estamos aprendiendo que el problema fundamental es nosotros, no el universo. Hemos estado tratando de usurpar el poder y la sabiduría que se encuentra en la realidad mayor. El acondicionamiento de los últimos siglos nos ha privado de una gran parte de lo que constituye la esencia de nuestra humanidad – lo intuitivo, la sabiduría reflexiva, la sabiduría profundamente contemplativa que hay en la creación. Ahora tenemos que llegar a ser una vez más juguetón, creativo, imaginativo, cooperativo y alerto espiritualmente. Con o sin nosotros la evolución va a continuar. Tenemos que aprender a movilizar nuestra conciencia y facilitar un camino coherente hacia adelante.

El erotismo es fundamentalmente energía hacia la relación, es el tejido conectivo psíquico, la energía de la creatividad tierna. Debemos tratar de honrar el poder creativo relacional de lo divino que se manifiesta en el prodigioso desarrollo de la vida y recuperar los auténticos esfuerzos para responder a esta invitación divina mucho antes de la religión formal. Si tomamos en serio el espíritu creativo en el centro del proceso evolutivo, entonces debemos esforzarnos para sintonizarnos con la naturaleza del Espíritu, la energía erótica que sacude y perturba nuestras teorías más sofisticadas y nos obliga a reexaminar nuestras ideas fundamentales. El espíritu creativo está haciendo algo increíblemente original en nosotros.

El Futuro

Ha durado miles de millones de años el proceso de la vida y hay por delante eones de exploraciones más, salvajes y maravillosas. Si somos capaces de conectarnos con la matriz de pertenencia cósmica y ver nuestra vida como microcosmos de la vida cósmica, podemos dar el siguiente paso con humildad y con gentileza. Nosotros pertenecemos en forma hermosa e íntima a la red cósmica de la vida. El misterio está radicalmente transparente para aquellos que tienen ojos para ver. La divinidad abunda en nosotros y a nuestro alrededor. Tenemos que pasar de la especulación a la confianza, de la necesidad compulsiva de la certeza a la esperanza. La historia cósmica es el santuario donde la paradoja y la posibilidad saben vivir juntos.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: